Volviendo a amar

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Mereces cosas mejores

“¿Conocen la niñatada de ir rompiendo pétalos de rosa, diciendo: me quiere, no me quiere? Bueno, mereces cosas mejores que esas” –SNBrito


Enero termina, dejándome noqueada por los exámenes de final de mes que solo me hicieron pedir una y otra vez, tener al menos cuatro horas completas de receso. Como es mi último año, las cosas están más difíciles que al comienzo de la secundaria; aun así, he sobrellevado la situación y mi salud se ha mantenido al margen.

Claro, obviando unos que otros sucesos que me han dado mucho qué pensar sobre mi bienestar.

Por otro lado, mi amistad con Cristián parece ir de bien a mejor, si es que eso es posible y siendo sincera, todavía no logro comprender cómo alguien puede encajar tan fácilmente contigo. Es decir, cuando estaba con Greena nuestra amistad parecía siempre algo de competencia, creo que por eso se aprovechó de la situación en la que Mario y yo estábamos y decidió quedarse con él, cosa que en estos momentos no me molesta para nada. Además de eso, logró abrirme los ojos, permitiéndome darle oportunidades a otras personas para que cambiaran la forma errónea que tenía sobre lo que es tener una amistad con alguien.

Cuando Cristián me pidió que fuera su amiga, dudé mucho ante la propuesta. Creí que ella iba a traicionarme de alguna manera, hasta que con el paso del tiempo eché esa idea a un lado, tomándome la libertad de disfrutar cada momento con ella, pasara lo que pasara con el pasar del tiempo.

Recojo mis cosas al término de la clase y me dirijo a mi casillero. Los chicos se mueven entre la multitud, intentando pasar o pisotear a quien sea. Me escabullo lo más rápido que puedo y abro el locker cuando ya todo se ha dispersado. Escojo los cuadernos de la próxima clase y tomo uno de los libros, antes de entrar los que llevo en mis manos, cerrando al terminar mi labor.

Me giro para ir al salón que me corresponde, sin embargo, detengo mis pasos al chocar de lleno contra el cuerpo de alguien. Sin pensarlo dos veces, levanto la vista avergonzada, hasta que veo a Daniel obstruyendo mi camino y mi mueca de disculpas desaparece.

—¿Qué sucede? Mi clase está a punto de comenzar —murmuro, tratando de pasar a su lado, aunque en cada intento, él me lo impide.

—¿Cuál es la palabra clave para dejarte ir? —Pregunta. Sonrío apenas

—¿Sofía? ¿Rebecca? No lo sé —mascullo, mirándolo con molestia. A él no parece agradarle mi respuesta, así que detiene sus movimientos y me deja el camino libre —. Hasta luego, hermano —digo, guiñándole el ojo, antes de correr al aula de clases.

★★★

La jornada de clase acaba y el timbre resuena, haciéndome sentir molesta. Recojo todas mis cosas del pupitre, saliendo de último pues la mayoría parecen cualquier cosa no decente, queriendo salir rápidamente de este lugar. Al ver que no ha quedado nadie el el pasillo o al menos, el flujo de personas es mínimo, me dirijo a buscar los cuadernos con las tareas para resolver en la casa.

Como si no fuera suficiente con el día tan incómodo que he tenido hoy, mi vista recae en el papel que me dio aquel desconocido en la calle al salir de esa cafetería. No me he atrevido a leerlo, quizás porque en realidad no es para mí o tal vez porque no quiero saber qué dice dentro. Dudo un momento y al final, cierro el casillero dejando el objeto dentro de él, antes de ordenar los cuadernos en la mochila para irme de aquí.

Mientras camino por el largo pasillo, siento pisadas, sin embargo, no les presto importancia pues muchos transitan para ir a sus respectivos lugares. Cuando estoy a nada de salir de toda esta estructura que abarca el instituto, suelto tremendo Froto al sentir la voz de alguien mucho más cerca de lo que quisiera en toda mi vida.

El grito ha sido tan estruendoso, que he llamado la atención de algunas personas y también he logrado que alguien se sienta bien al humillarte de esta manera. Aprieto los puños, Volviéndome a la persona causante de ello y mi vista cae en los tres fornidos cuerpos frente a mí.

—Por Dios, si la vida real fuera una caricatura, tú estarías botando humo por todas las partes del cuerpo, con la cara como un tomate y los cabellos de punta. Épico. —Daniel sigue riendo, aunque la situación no me hace nada de gracia.

Sí, soy una amargada, ¿y qué?

—Sabía que eras el causante de esto —gruño.

—Hermanita, ¿por qué tan amargada? —Pregunta con una sonrisa de oreja a oreja.

—No soy amargada, sólo no me gustan las bromas. Detesto que me asusten, lo sabes —señalo, volviendo a caminar a pesar de saber que están detrás de mí.

Como si no fuera suficiente, uno de los chicos, creo que se llama Ryan, decide quitarme  la mochila que llevo en mis hombros y a pesar de que forcejeo para que no me lo quite, me doy por vencida, dejando que la lleve. Carlos, uno de los más fortachones, aprovecha la situación, inclinándose para ponerse de cuclillas, logrando así evitar que continúe caminando.



Sarah Brito

Editado: 24.10.2019

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