Volviendo a amar

Tamaño de fuente: - +

Me hablaron de ti. Preguntaste por mi trasero

Estoy lavando mi cabello cuando escucho que suena el timbre de la casa. Le pido a mi amiga que se encargue de la situación en lo que termino de salir de la bañera, a lo que ella acepta gustosa. Su semblante cambió desde que salimos de la escuela, sospecho que pasó algo antes de que llegara al Instituto, así que pienso preguntárselo en cuanto estemos solas nuevamente.

En cuanto a Karen, ni siquiera pudimos hablar bien con ella en referencia a su situación, al parecer ella es de intercambio, solo que no pudo explicar más del tema debido a que ya no nos quedó tiempo para hablar,

Salgo de la ducha, poniendo una toalla en mi cuerpo y otra en mi cabello, cubriéndome. En la habitación encuentro la portátil abierta con la pestaña del correo electrónico de la misma forma.

—¡No sabes! —Pego un respingo en mi lugar al escuchar que Cris entra en la habitación, asustándome. Me giro, mirándola con reproche.

—¿Qué cosa? —Pregunto.

—¡Que hoy es tu cita! —Vocifera y me echo a reír —. Ah no, no era eso –se mofa y hace como que está pensando —, ya recordé. Es que acaba de llegar a tu puerta una caja de chocolates junto a unas orquídeas preciosas –enuncia, sacando sus manos de detrás de la espalda. Una caja de bombones cubre una de sus manos mientras que la otra sostiene una pequeña maceta con plantas de orquídeas adornándola.

—¿Y quién se supone que envió eso? —Demando, acercándome para tomarlo, a lo que ella se aleja de mí.

—No lo sé, pero no me agradan las orquídeas —declara, pasándome la maceta mientras abraza la caja de dulces.

—¿Y eso por qué? —Sonríe,

—Mi sistema las repudia, a decir verdad —confiesa —. Gracias a Dios tengo el chocolate de repuesto, no sé qué haría en un momento como este, cuando tengo que ver a mi amiga en una situación amorosa mientras que a mí me rompieron el corazón —me echo a reír ante lo que ha expresado.

Entonces mi mejor amiga está celosa.

—¿Eso significa que no me vas a dar bombones? —Asiente.

—Solo si me invitas a tu cita —refuta, encogiéndose de hombros. La miro boquiabierta.

—Pero eso es para dos —me quejo.

—Y los chocolates para mí –sentencia, sacándome la lengua.

Termino de vestirme colocándome los zapatos de tacón que mi amiga insistió para que me pusiera. Llevo un vestido de color rosáceo con estampados de pequeños círculos blancos que llegan hasta la parte de los pechos. Las mangas tienen poca tela, así que lo acompaño de una chaqueta azul, todo aquello combinando con los tacones que acabo de ponerme.

Lo siguiente que hace es cubrir mi rostro con un poco de maquillaje sin hacerlo ver de forma exagerada.

—Creo que estás lista —murmura, a lo que sonrío mirando mi reflejo en el espejo.

Ahora solo debo esperar a recibir la respuesta, la cual ha tardado más de lo que he deseado.  Si soy sincera conmigo misma, tengo miedo de que todo esto sea una broma o un fracaso contundente del cual creo una ilusión que sé que se va a romper cuando menos me lo espere.

Al final, Cristián termina compartiendo su obsequio conmigo; me hago una idea de quién se encargó de mandarle aquello y lo que más risa me da es saber que Cris fue su novia mucho tiempo, pero él nunca supo que odia las orquídeas porque es alérgica a ellas.

Estamos recostadas en la cama con la mirada fija en el techo, esperando que llegue una respuesta, mientras miles de cuestionamientos llegan a mi cabeza. Quiero preguntarle a la chica a mi lado el por qué actuó de esa forma cuando estábamos en el laboratorio; sé que no se puso peor porque ese tipo no fue a la clase, pero si tan solo hubiese puesto un pie en el umbral, su actitud habría cambiado para peor.

Aún así, creo que no es mi deber inmiscuirme en su pasado, si es que tiene alguno. En la vida hay cosas que por más que no queramos, terminan marcándonos, por lo que preferimos pasar eso por alto el tiempo que lo requiera la situación.

El reloj de la computadora marcan las cuatro de la tarde, así que termino resignándome y apagando la computadora, a la vez que me saco los zapatos de tacón que me están matando. Me siento en la cama, colocándome unos tenis más cómodos, a lo que tanteo a mi amiga que parece estar peleando para no dormirse en mi colchón.

—Salgamos a otro sitio —murmuro —. No me voy a quedar esperando que alguien desconocido conteste un correo que no le parece importante —tomo un bolso pequeño, colocando mi teléfono allí.

—Zara, no tienes por qué desesperarte. Quizás ocurrió algo o... —Se detiene cuando escucha el sonido de mi celular marcando la entrada de una notificación —. ¿Ves? Puede ser él —hago una mueca no muy convencida por lo que está diciendo, pero me arriesgo a revisar lo que ha llegado. Efectivamente es un correo; la respuesta a mi correo.

Cristián me mira expectante mientras que mis nervios se disparan en un dos por tres. ¡Me estaba contestando! Y ahora no tenía idea de cómo actuar ante la situación.



Sarah Brito

Editado: 24.10.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar