Witchcraft

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El Bosque de Kami

La abrasadora calidez hace que me relaje, me hace olvidar lo trágico que han sido estos días.

A punto de entrar al bosque, uno de los soldados habla.

—Mi nombre es Rudol. Estaré comandando esta misión. A su lado derecho hay canastas con suficientes provisiones para 2 meses, cada uno llevara una canasta, cuando nos ataquen dejaremos las canastas en el piso y haremos un circulo alrededor de ellas, así tendremos todos los flancos cubiertos y las provisiones a salvo. ¡Vamos! ¡No tenemos tiempo que perder!— dice con una voz gruesa y algo atemorizante, su aspecto también es atemorizante, un cuerpo grande, barbilla cuadrada, pelo corto de color negro y tiene una cicatriz en forma de diagonal que va desde la frente hasta la boca. Tiene algo en la mirada que da miedo.

Recojo una canasta, son pesadas, al menos lo suficiente para entorpecer tu movimiento.

Dijeron que éramos 30 y hay 30 canastas, pero hay 31 personas. Entre todas las personas yo soy el que contrasto, pero también alguien más. Hay una persona de capucha blanca, parece que tiene un cuerpo delgado... ¿podría ser una mujer? Pero, ¿qué haría una mujer aquí? Eso no importa ahora.

—Ya que están todos listos, adelante— dice Rudol.

Avanzamos hacia el bosque formados en tres líneas, pero dejando un hueco en medio para poner las canastas.

El bosque es un poco oscuro. La tensión asecha.

—Iremos hacia el norte rodeando el bosque, lo que buscamos no debe estar muy lejos de las orillas del bosque. Eviten hacer mucho ruido, eso podría atraer a los minotauros— dice Rudol.

Tenemos que rodear el bosque y el bosque tiene un tamaño semejante al de Usuru, solo que tenemos que ir con cuidado y despacio para evitar a los minotauros ver si hay algún rastro de quien buscamos.

Ya han pasado como 6 horas, y ya casi inicia el atardecer y aún no llegamos a la parte noreste del bosque, ya veo porque tanta comida.

La luz se oculta entre los árboles.

—Aquí pasaremos la noche. Necesito a cuatro hombres para colocar trampas— dice Rudol.

Cuatro hombres se ofrecen y colocan cuerdas en los alrededores muy tensadas, si algo toca las cuerdas estas se moverán. Utilizando las espadas afilaron ramas y las ocultaron en los arbustos cerca de donde pasaremos la noche. Colaron ramas secas alrededores y prendieron fuego, solo para tener visión así que no prendieron mucho y no lo pusieron cerca de donde estaremos.

Al llegar la noche teníamos visión de nuestro alrededor y podíamos ver las cuerdas. Si pisaban las ramas gritaran y despertaran a todos, aunque las cuerdas no serán un problema para pasar para los minotauros.

—Habrá cuatro guardias y cambiaran de turno cada dos horas. Yo repartiré los turnos, ese turno es que tendrán siempre al menos que alguno de ustedes muera. Ustedes dos, el chico enviado por el rey y — se queda pensativo — ... el de la capucha— dice Rudol.

Esta casi todo oscuro, de no ser por colocar el fuego no tendríamos visión, aunque dudo que duré mucho.

A mi lado derecho esta esa persona de capucha ¿Quién será? Tendré que acercarme para saberlo.

Tartamudeo un poco, pero al final logro decir —Hola, tu no vienes vestidos como ellos. Dijeron que éramos 30 y contigo somos 31. Sé que no nos conocemos, pero ¿quién eres? ¿qué haces aquí?

No dice absolutamente nada, ni siquiera se mueve.

Aún no hemos comido, podría traer un pan para él, tal vez así hable.

Voy hacia las canastas y tomo dos panes, uno para mí y otro para él. Voy hacia él y digo —No hemos comido nada desde que nos marchamos de Usuru ¿no quieres?

Nuevamente no dice nada.

—Sé que puedes estar nervioso de hablar con alguien que no conoces, pero la gente recibe lo que otros le ofrecen.

Voltea y toma el pan, está tan oscuro que no logró ver su rostro.

Parece que nunca hablara.

Ya falta poco para terminar mi guardia. Aún no consigo hablar con él, ni siquiera se mueve.

Una rama se escucha romperse, puede ser algún otro animal.

Algo apaga el fuego y parece como si hubiera algo en los alrededores asechando, no creo que sea un minotauro, ellos atacan directamente, pero no hay animales hostiles en el bosque o eso se supone.

Todas las ramas encendidas se apagan. Despertamos a los demás con patadas suaves. Todos miran que estamos a oscuras, en realidad no miran nada, no se logra ver nada.

—¿Pasa algo? — murmura Rudol.

—Algo nos está asechando apago las ramas— dice uno de los soldados.

—Todos, traten de buscar algo con que encender fuego y prender las linternas.

Logran prender una linterna con un pedernal y el acero de la espada. Con algo de iluminación buscan el resto de linternas, encienden otras 3 linternas e iluminan el norte, este, oeste y el sur del campamento.

No se logra ver nada muy lejos, en ocasiones se ve una silueta como de un perro. Se escucha una serpiente, pero no puede ser lo que nos está asechando.

Algo se ve al este del campamento, parece un león ... o es una cabra. Se acerca más, es una monstruosidad, tiene dos cabezas una de león y la otra de una cabra, también tiene una cola de serpiente mucho más grande que una normal, así que por eso se escuchaba la serpiente, el resto de su cuerpo tiene un color negro sin pelaje, su cuerpo es más voluminoso y grande que el de un león. El león ruge y fuego es lanzado de su boca, dos soldados caen al piso por el fuego, ya deben de estar muertos, otros se protegieron con escudos y detrás de los que tienen escudos, me mantengo detrás de un soldado con escudo.



Oscar Godinez

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#689 en Magia

En el texto hay: magia, sobrenatural, un mundo nuevo

Editado: 30.10.2019

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