Y ahora ¿qué digo? #2

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14*** Rompiendo algunos records

—¡Oh, por todos los cielos! ¿Qué hora es?

Penny dio un salto y casi cae de la cama, provocando que Jason, que estaba junto a ella, también saltara. Bien... Penny no pensaba alarmarse por el hecho de que, muy evidentemente, había "dormido" con él. Tal vez más tarde, en aquel momento solo podía pensar en que ya era de día.

Los ojos de Jason editaban fijos en los suyos, medió divertidos, medió sorprendidos.

—No puedo recordar dónde dejé mi teléfono ¿Sabes qué hora es? —volvió a preguntar, intentando cubrirse con las sabanas e ignorar el rubor que había en sus mejillas, mientras miraba entre el desastre de cajas y cosas en busca de su móvil.

Una parte de ella le decía que no era el momento para sentirse avergonzada, pero había otra parte que no podía evitarlo.

Él miró su reloj de pulsera y luego le lanzó una mirada cautelosa.

—Son las 8:15... —habló en ese tono que uno utilizaba cuando no sabía si lo que había dicho estaba bien o mal y no tenías idea de que esperar.

La reacción de Penny fue digna de toda su cautela.

—¡Tienes que estar bromeando! —chilló, llegando hasta él en dos zancadas y tomando su brazo para comprobar que lo que decía era cierto—¡Ay Dios! Tengo un examen en media hora y ni siquiera sé dónde están mis bragas.

—¿Por qué no respiras un poco y me esperas aquí? Iré por tu ropa. —dijo Jason saliendo de la habitación. Penny lo vio sonreír con disimulo y quiso lanzarle algo a la cabeza, pero primero lo dejaría buscar su ropa, que había quedado tirada en algún lugar de la casa.

Para ganar algo de tiempo, entró al cuarto de baño. Parecía como si nadie viviera allí, pero al menos había agua en el grifo, Penny de echó un poco de agua en el rostro y cómo pudo recogió su cabello.

Cuando salió del baño Jason estaba entrando en la habitación con su ropa en las manos y cubierto solo por unos calzoncillos. Sin poder evitarlo sus ojos viajaron hasta allí sin la menor muestra de decoro, solo cuando lo escuchó reír por lo bajo, se obligó a levantar la vista hasta su rostro.

—¿Qué? ¿Estás quemando tu etapa de exhibicionista? —preguntó, ignorando por completo el rubor que sabía que le cubría las mejillas, aunque no pudo evitar la pequeña sonrisa en sus labios.

—Es que sabía que te sonrojarías.

—Y yo que pensaba que para este momento el rubor en mi rostro perdería la gracia...

—No perderá la gracia nunca —sonrió él, sacando algo de ropa de una maleta en un rincón —. Vamos, vístete y te llevaré a casa, no creo que puedas aparecer en ese examen con la ropa arrugada y toda despeinada —se burlo.

Venciendo su vergüenza, Penny le dio la espalda y comenzó a vestirse, intentado ignorar el ambiente de intimidad que se creaba al estar vistiéndose juntos, aunque no estuvieran viéndose a la cara. Mucho más que el haber tenido sexo hacía poco.

—¿No deberías estar trabajando? —cuestionó mientras terminaba de colocar su blusa.

—Si, pero no hay nada que no pueda resolver con una llamada en el siglo XXI.

—¿Te refieres a mentir? —cuestionó, sonriendo de lado.

—Cuando lo pones así, suena vil, así que no. No es a lo que me refiero. ¿Nos vamos?

Penny asintió sonriendo mientas lo acompañaba al exterior de la casa. En el día el lugar parecía mucho más bonito. Jason también, pero prefirió no pensar en eso, por el momento. Entró al auto junto a él sin disimular su prisa, pero por algunos segundos volvió a quedarse perdida en esa forma tan sexy que tenía de sonreír. ¿Cuándo se le pasaría aquel embobamiento adolescente? ¿Sucedería alguna vez?

—¿Cuánto nos falta para ese examen? —preguntó él, sacándola de su ensoñación.

Penny observó su celular y sintió su estómago encogerse.

—Veinte minutos —contestó.

—Bien, lo lograremos —afirmó. Penny quizo decirle que, en realidad, llegar a su casa y de ahí a la universidad en 20 minutos era casi imposible, pero mejor cerró la boca.

Su hubiese algún representante de Guinness con ellos, seguro que hubiesen roto algunos récords. Jason muy probablemente había ido más rápido que cualquier otra persona por aquellas calles, o había roto la mayor cantidad de leyes de tránsito en siete minutos. Penny también había hecho sus propias marcas, por ejemplo, mayor cantidad de plegarias y oraciones en esos momentos que las que había hecho en toda su vida. Ya no sabía si iba rumbo a su casa o en una escena de rápidos y furiosos.

—¡Oye, quiero llegar a tomar ese examen, pero quiero hacer en cuerpo, no en espíritu! —chilló ciñendo sus dedos alrededor del cinturón de seguridad.

Él solo sonrió en respuesta, como si hubiera algo divertido en temer por su vida.



Chris Urbano

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Editado: 23.04.2018

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