Y ahora ¿qué hago? #1

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39*** No quiero que te vayas.

Brett POV

—¿Por qué estás jodiéndome de esta forma? —preguntó Brett cerrando la puerta tras él sin preocuparse del escándalo.

—¿Perdón? ¿Jodiéndote? 
levantó la vista de la pantalla del ordenador y lo muró serio —. Lo siento, pero no tengo tiempo de estar Jodiéndote, tal vez tampoco tenga tiempo para esta conversación.

Él se cruzó de brazos mientras miraba a su hermano. No debería sorprenderle que lo hubiera hecho, después de todo, Dave siempre estaba buscando algo con que molestarlo.

—Sabes de que te estoy hablando, Dave, acabo de encontrar esto sobre mi escritorio —bramó tirando el papel doblado sobre el escritorio de su hermano quien solo reaccionó mirando su reloj.

—¿Estás llegando justo ahora? Porque mandé esto a primera hora en la mañana — preguntó torciendo el gesto.

—¿Qué diablos importa a la hora que llegué? ¿Vas a decirme por qué vas a despedir a Jessica?

Dave no tenía una maldita idea de cómo le enfurecía que hiciera aquello, o tal vez si lo sabía y por eso intentaba explotar.

—Brett, vamos por puntos —dijo abandonando por completo el ordenador e indicándole que se sentara, claro que él no lo hizo— ¡Como quieras! Lo primero es que sabes por qué la despido, ustedes dos están violando una regla de no relaciones amorosas entre empleados. Es una norma muy vieja así que me niego a creer que no pensaste en ello.

¡Maldición! Si era una regla muy vieja, una que estaba ahí desde que uno de los grandes jefes de departamento, casado, se había acostado con una empleada y ambos habían ocasionado un escándalo que le había salido muy caro a la empresa. Recordaba la historia porque su padre se la había contado alguna vez, pero en aquella ocasión no lo había tenido pendiente.

—Segundo, no necesito notificarle cuando voy a despedir a un empleado, pero como eres familia y Jessica es tu novia, decidí hacerte esa concesión, pero es evidente que tal vez solo debí enviarle su carta de despido en lugar de dejarlo en tus manos, porque yo soy el jefe.

—Yo también soy un Henderson.

—Y estoy seguro de que das gracias s Dios por ello cada día.

Brett ignoró el tono venenoso en sus palabras, sin duda alguna otro intento de hacerlo explotar.

—No voy a despedirla —objetó frustrado.

—Entonces yo lo haré —sentenció Dave —Es solo una secretaria. Ya la tienes en casa, ¿Para qué quieres tenerla también aquí?

—¡Cierra la boca, Dave! —rugió furioso—No quiero a Paige en mi oficina.

—Brett, no hay quien te entienda ¿No es una secretaria lo que quieres? Te estoy dando una y es Paige...

—No la quiero en mi oficina —puntualizó.

—Mira como son las cosas. Estoy haciéndole un favor a su hermano, el puesto de Jessica es la única vacante, así que Paige va a ser tu secretaria —informó tan sereno como siempre, parecía como si amargarle la vida fuera su hobbie—. Ahora bien, si dejas de patalear comí niño de preescolar sin paleta, puedo buscar la manera de reubicar a Jessica en cualquier otro lugar ¿Te parece?

—¿Por qué no puedes dejar a Jessica donde está y poner a Paige en cualquier otro puesto?

—Porque no —alegó— Tú elige.

—En serio a veces me pregunto si en tu tiempo libre te sientas a idear maneras de fastidiarme.

—Tengo cosas que hacer, Brett. En serio me gustaría que te quedaras para contarme sobre las teorías que tienes de como gasto todo mi tiempo libre conspirando contra ti, pero no puedo. Ya nos veremos.

—¡Vete a la mierda! —rugió saliendo de la oficina, dando un portazo.

Hacía mucho tiempo que no discutía con Dave. Ellos nunca habían tenido una buena relación, pero últimamente había comenzado a tolerarse. Eso era pasado, ahora volvían a llevarse tan mal como lo habían hecho uno o dos años atrás.

Sandra Wilmore se quedó mirándolo cuando salía de la oficina, no le importaba si lo había escuchado, no le importaba si Paige también lo había hecho, prefería que supiera desde el principio que no le apetecía tenerla cerca.

Si en la oficina de su hermano le molestaba no quería imaginar cuando estuviera en la suya.

Encontró a Jess sentado detrás de su escritorio, ajena al completo desastre que era su cabeza en ese momento. Se sentía frustrado y furioso porque una vez más Dave había logrado joderlo y se había salido con la suya.

No quería pensar en cuando entrara allí y en lugar de encontrar a Jessica se encontrara con Paige.

—Necesito hablarte, Jessica —suspiró— ven a mi oficina.

Ella lo miró confundida, tal vez debería aprender cómo no ser tan brusco, pero no en ese momento. Le hizo un gesto con la mano para que lo siguiera y ella así lo hizo.

—Cierra la puerta, por favor —le dijo cuando entró tras él.

—¿Pasa algo? —preguntó.



Chris Urbano

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En el texto hay: adolescente, jefa y empleado, embarazo

Editado: 02.05.2019

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