Y ahora ¿qué más? #3

Tamaño de fuente: - +

5*** Mejoras con el tiempo.

Después de que todos se marcharan y la casa se sumiera en un profundo silencio, Jess volvió a pensar en Penny y Jason. ¿Qué podían estarle ocultando esos dos? Odiaba la sensación de no saber, era desesperante. 

Para mantenerse ocupada dio algunas vueltas por la casa buscando que hacer, pero obviamente no encontró nada porque su madre se había encargado de todo antes de marcharse. Pasó frente a la habitación de Bree sólo para comprobar que continuaba dormida. faltaba tan sólo una hora para que Brett volviera casa, así que aprovecho aquel momento para darse una ducha y adecentar su aspecto, sino corría el riesgo de que Brett al verla saliera corriendo y no volviera más. 

Se metió al baño y se dio una larga y reconfortante ducha y se lavó el pelo, al cabo de unos minutos oliendo humano y con ropas limpias salió de la habitación. Bree había despertado, pero permanecía tan quieta que Jess no la había escuchado por el monitor, permanecía mirando a la nada mientras se chupaba su puño de una forma tan dulce que Jessica tardo minutos mirándola. 

Recordó aquellos tiempos en que deseaba que aquella prueba de embarazo con resultado positivo fuera una pesadilla o una broma de mal gusto. Por semanas había deseado que alguien saliera de detrás de su cama y le gritara: "¡sonríe a la cámara! Estás en televisión" pero eso no había sucedido y en aquel momento daba gracias a Dios por eso. En aquel el momento podía ver que Bree y todo lo que había sucedido a raíz de su concepción habían sido las mejores cosas de su vida. 

Se acercó hasta la cuna y acarició una de las mejillas de la niña con la punta de sus dedos. 

—Hola hermosa... Mami ha venido por ti —susurró mientras la tomaba en brazos. 

Bajo las escaleras y fue hasta la cocina para darle los últimos toques a la cena, su madre por lo general la dejaba lista en el horno y todo lo que Jess debía hacer era poner la mesa y servir nada muy difícil. 

Coloco a Bree la pequeña cunita que su madre insistía en tenerle en la cocina para ocasiones como aquella y se puso manos a la obra. Quedaban aproximadamente 15 minutos, tal vez menos, para que Brett volviera a casa. 

Sacó la cena que su madre había dejado preparada en el horno, no tenía ni idea de que era pero de seguro estaría delicioso. Mientras dejaba que se enfriara un poco se dedicó a poner la mesa. 

Tal vez los días de cautiverio en aquella casa estaba surtiendo efecto en ella, porque podían jurar que, de todos los autos del mundo podía reconocer al de Brett con sólo escucharlo, seguro sólo era que no había muchos autos que se estacionaran frente a su casa todos los días a la misma hora como en este momento lo hacía él. Sabía que era Brett. 

—¿Escuchas eso, princesa? Papá está aquí. —dijo a Bree quien la miró con los ojos muy abiertos mientras movía los brazos de un lado a otro. —Si, yo también estoy emocionada por eso. 

La puerta de la sala se abrió y, unos segundos después Brett entro en la cocina. Jess lo miro unos segundos y le sonrió mientras terminaba de poner los platos en la mesa. 

—Hola, hola —la saludó, acercándose y haciéndola girarse para luego depositar un casto beso en los labios. 

—¿Te sucede algo? —preguntó Jess enarcando una ceja —Pareces de muy buen humor, de hecho, todos parecen de buen humor hoy. ¿Algún Herderson se ganó la lotería y yo aún no lo sé? 

—¿No puedo estar de buen humor? —replicó. 

—Bueno... De poder, puedes. Pero no es común que suceda, así que yo tengo todo el derecho del mundo a preguntar. 

Él caminó hacia donde estaba Bree que, aparentemente intentaba tragarse su puño y la tomó en sus brazos. 

—Eres testigo de que he sido ofendido, Bree. 

Jessica sonrío por lo bajo mientras lo veía dar vueltas por la casa con Bree en brazos susurrándole cosas que ella no podía escuchar. 

—Huele delicioso. —gritó desde el salón. 

—Hmm... Ya sabes, son los dotes culinarios de mi mamá —respondió. 

—Tal vez debería ser ella con quien me case—bromeó, volviendo a entrar en la cocina. 

—¿Intentas herirme? Aquí te va esta: primero; no le agradas a mi mamá, segundo; ya está casada y tercero: espero que no te hayas acostumbrado porque de ahora en adelante vendrá cada vez menos, eso significa que es muy probable que comas cosas que yo sí sé cocinar como descongelados y... Palomitas de maíz. 

—Has destrozado cada parte de mi corazón con tus palabras —indicó con una mano sobre su pecho, en un gesto teatral. 

Una vez la mesa estuvo lista y la cena servida, Jess tomó a la pequeña de sus brazos y la devolvió al mismo lugar de donde Brett la había sacado. 

—Estuve hablando con Penny hoy —dijo mientras se sentaba junto a él y lanzaba una breve mirada su hija. 



Chris Urbano

#552 en Novela romántica
#153 en Chick lit
#182 en Otros
#52 en Humor

En el texto hay: peligro, bebe, madre

Editado: 24.04.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar