Y ahora, ¿qué sigue? #5

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Extra N° 2

Extra #2 —Brettsica.

 

Jess abrió los ojos de mala gana cuando el sonido de la alarma acabó con la dulce paz de su sueño. Enterró la cara en el montón de almohadas a su lado y gruñó por lo bajo, cualquiera pensaría que después de tanto tiempo despertando temprano se acostumbraría a ello, pero no; seguía quejándose como adolescente siempre que escucha el infernal sonido que le anunciaba que ya no podría quedarse más en la cama. Sabía que Brett ya no estaría allí, tal vez ni siquiera estuviera en la habitación, a él si parecía dársele bien lo de madrugar. Ella, al parecer, seguiría luchando contra eso por mucho tiempo.

El molesto sonido del aparato volvió a taladrarle la cabeza y Jess se resignó a abrir los ojos, aunque los cerró casi de inmediato, cuando la luz de las ventas la cegó. Una vez más Brett, en su infinito y mal administrado sentido del humor, había corrido las cortinas. Eso no era lo único que había hecho, el muy canalla, porque cuando Jessica extendió la mano para pagar la alarma y poner fin a su calvario, se dio cuenta de que el aparato no estaba junto a ella, en la mesilla de noche, como debía estar. Tardó tan solo medio segundo en notarlo al otro lado de la habitación, en el suelo junto a la puerta, como el ruin intento de Brett de que no se volviera a quedar dormida luego de desactivarla.

En otras circunstancias habría reído, en ese momento solo pudo pensar en distintas formas de ahorcarlo. Se puso de pie y recorrió los pocos metros que la separaban de la puerta en unos pocos pasos, su mente volvió a un estado de normalidad cuando el sonido cesó y se prometió que buscaría la forma de deshacerse de la alarma ese mismo día, aunque se viera en la obligación de conseguir una nueva antes de la noche. No se molestó en cerrar las cortinas, puesto que ya había perdido mucho tiempo regodeándose en la miseria de tener que levantarse de la cama cuando lo único que quería era dormir unas cuantas horas más.

Cruzó el pasillo hacia la habitación de Bree y abrió la puerta lentamente. A diferencia del resto del lugar, allí había bastante oscuridad como para que el sueño fuera placentero y Jessica necesitó basta fuerza de voluntad para no sucumbir a las ganas de meterse a la cama con su hija y fingir que no tenía cosas que hacer. En cambio se acercó hasta la cama y acarició su pelo corto unos segundos, antes de por fin decidirse a despertarla. La pequeña, digna hija de su madre, se quejó al menos cuatro veces, aunque Jess no pudo entender una sola de las palabras que decía.

—Vamos Bree, se nos hace tarde. A levantarse.

Escuchó un débil “no quiero” antes de que su hija, aun acostada, dejara caer los pies de cama, o más bien dejarlos colgando. Sonrió y volvió a intentarlo.

—Te dejaré ponerle miel extra a tus tostadas —aquellas palabras parecieron ser suficientes. Bree se irguió, frotó sus ojos y luego, sin más ceremonia, salió de la cama.

—Estoy despierta —musitó.

Quince minutos después Jess abandonó la habitación mientras Bree intentaba encontrar a la sonriente Rose para llevarla con ella al jardín. La sonriente Rose había sido el último regalo de su hermano en el intento de obtener la simpatía de la niña, que seguía ignorándolo casi todo el tiempo. La muñeca se había convertido en el juguete favorito de su hija, pero Jason estaba muy lejos de obtener amor a cambio de sus regalos, lo que a Jess le parecía bastante gracioso.

Bajó las escaleras de dos en dos, si tenía suerte y perdía poco tiempo, tendría tiempo de preparar el desayuno antes de que Bree encontrara su muñeca. Brett ya estaba allí; listo, arreglado y con un vaso de zumo entre las manos. Le dedicó una sonrisa de falsa inocencia y Jess se arrepintió de no tener a mano nada que lanzarle.

—Hice café —anunció unos segundos después.

—Gracias.

— ¿Cómo amaneciste? —cuestionó.

—Bien —replicó, calmada y sonriente. Sabía perfectamente que él solo intentaba molestarla, tal vez hacerla explotar tras su broma de las cortinas y el despertador.

—Luces… iluminada hoy.

Jess le dio las gracias y se encaminó hacia la cafetera, fingiendo que no era consciente de la provocación. Dentro de algunas horas, cuando estuviera a solas, tal vez se riera a carcajadas.

—También preparé el desayuno —agregó él, mientras Jess se servía una enorme taza de café y se encargaba de llenarla de azúcar.

—Gracias, podré ducharme sin prisa, al menos —sonrió, acercándose hasta encontrarse a pocos centímetros de él.



Chris Urbano

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En el texto hay: romance, yaqh, extras

Editado: 19.07.2019

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