Y ahora, ¿qué sigue? #5

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Extra N° 10

 

     

 

—¿Quién eres y que has hecho con mi mejor amiga? —cuestionó Penny tras abrir la puerta y encontrarse con Allyson.

—Soy un monstruo con una vejiga pequeña, dolor de espalda y tres bebés en el interior que va a golpearte si no me dejas pasar rápido, Penélope.

Penny sonrió, tal vez estuviera cometiendo el grave error de considerar graciosa la amenaza de Allyson, pero Jess no lo consideraba prudente, así que decidió intervenir.

—Ya déjala entrar, Penny —gritó, desde su cómodo lugar en el sillón.

—Tal vez creas que no va a golpearte en serio, pero a mí me lanzó un zapato a la cabeza hace un rato porque no quise darle una Coca-Cola —indicó Dave, entrando en el salón tras su hinchada esposa y dedicándole un breve saludo a todos.

Jessica intentó contener la risa y lanzó una mirada de complicidad a Brett que se encontraba a pocos metros de ella tirando sobre la alfombra mientras Bree intentaba pintarle las uñas y Jocelynne lo golpeaba en la pierna con su osito. Ambos compartieron una sonrisa silenciosa.

Era imposible no burlarse un poco, sobre todo cuando la situación de Dave y Allyson era tan graciosa y ellos parecían no notarlo.

—No crean que no los vi riéndose de mí, ustedes dos —los señaló achicando los ojos—, ya conocerán mi furia cuando vuelva de hacer pipí —les amenazó antes de perderse en el pasillo.

Los cinco pares de ojos adultos en aquella habitación se quedaron fijos en la figura redonda que recorría el pasillo del departamento caminando como pingüino furioso y en su interior Jess esperó que ese no fuera su caso. Llegada a ese punto de su embarazo, la pobre Allyson a duras penas podía caminar en línea recta sin balancearse de un lado a otro.

—Ustedes no tienen idea de la suerte que tienen —susurró Dave a Penny y Jason cuando Allyson al fin desapareció dentro del cuarto de baño.

—¡Es lo que yo digo! —corroboró Jess, lanzándole una mirada a su abdomen abultado y a sus pies hinchados sobre el sofá de su hermano, se acarició la panza y luego miró a su sobrina jugando con Brett en el suelo— Fue como hacer trampa, como poder conducir sin licencia o algo así.

Como siempre que alguien hacía un comentario al respecto, Jason y Penny se limitaron a reír, ya estaban más que acostumbrados al bullying colectivo, sobre todo de Dave, dadas las circunstancias ya nadie podía culparlo.

—¿Día difícil? —cuestionó Penny, aunque todos allí sabían la respuesta a esa pregunta.

La vida con una Allyson embarazada de trillizos a punto de dar a luz no era fácil para nadie que estuviera a su alrededor más tiempo de lo necesario. Y por necesario se refería a cuatro o cinco minutos.

Y eso ya era arriesgarse.

—¿Difícil? Me está volviendo loco.

—Te escuché, David —advirtió la susodicha, volviendo por el mismo pasillo por el que se había marchado.

—Loco de amor, quería decir.

—Recuerda que siempre puedes denunciarla por violencia intrafamiliar, Dave, no te quedes callado —se burló Jess.

Como siempre que estaban juntos desde que Allyson y Jessica habían comenzado el tercer trimestre, Penny se quedó mirando a su amiga. Tal vez solo lo hacía con la intención de molestarla, no tenía idea, pero igual no dejaba de ser divertido. El estilo de Allyson había entrado en una decadencia progresiva que fue a parar en ella usando pantalones de chándal y las camisetas de Dave todo el tiempo.

Todos parecían haberse acostumbrado a ello, menos Penny que no podía evitar soltar algún comentario molesto cada vez que la veía.

—Ese pantalón te queda horrible, Ally —señaló.

—¿Y qué? Estoy embarazada de ocho meses, Penny, quiero estar cómoda, no bonita —replicó, poniendo los ojos en blanco y sentándose con cuidado junto a su esposo en uno de los sofás— Jess, tu vestido floreado y tus sandalias son muy bonitos, ¿Tienes mucho calor? ¿Qué tanto te duelen los pies? ¿Cuántas veces has pensado en suicidarte hoy?

De hecho, Jessica estaba muy a gusto con su ropa, pero decidió seguirle la corriente, porque en los últimos días Allyson realmente se había convertido en un monstruo gruñón y pasaba mucho tiempo para que bromeara, nadie sabía cuándo volvería a suceder.

—Hasta el momento tres, pero cuando estoy a punto de ejecutar mi suicidio recuerdo que la última vez que dejé a Brett y a Bree solos él le puso una falda escocesa con un top de lunares y me digo que mi hija no merece ser torturada de esa forma —se burló—. Esperaré a que Bree desarrolle el sentido de la moda y tal vez después de eso al fin acabe con mi vida.



Chris Urbano

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En el texto hay: romance, yaqh, extras

Editado: 19.07.2019

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