¿y si lo intentamos?

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Encuentros

-No te lo puedo creer.- dije tocando mi panza para alivianar el dolor que me había dado tanto reírme.

-Yo tampoco lo podía creer en ese instante.- dijo Leo partiéndose de la risa.

El día de hoy habíamos venido a almorzar juntos ya que me habían atrasado las clases de la tarde repentinamente por un acto que haría la escuela más tarde. así que llamé a Leo para ver si podía ser mi compañía hoy a lo que aceptó.

-Que cosas.- dije tranquilizando mi risa al igual que Leo.- Esa es una buena historia.

-Me encanta contarla.- dijo sorbiendo el ultimo sorbo de su jugo.- Me avergüenza un montón pero creo que vale la pena para reírse un rato.

Asentí con la cabeza sintiendo la amenazante risa aparecer de nuevo.

Los platos estaban vacíos y nuestros estómagos llenos. Leo había pedido un plato con pollo a las brasas y papas fritas mientras que yo solo había pedido una ensalada liviana pues a veces mi estómago se revolvía y no quería que estuviera tan pesado por si vomitaba nuevamente.

Leo vio su celular y frunció el ceño levemente pegando un bufido.

-¿Qué pasó?.- pregunté tomando de mi jugo.

-Tengo que ir a buscar un libro a la universidad para un trabajo. - dijo guardando su celular.- Los profesores siempre avisan todo a último momento.

-Te acompaño. - le dije entusiasmada.

-¿En serio?.- dijo entrecerrando sus ojos.- ¿Alcanzas a llegar a clases?.

-Si yo creo que sí, así conozco la universidad, nunca he ido para allá.

Leo sonrió y levantó la mano para que nos dieran la cuenta, mientras yo sacaba el dinero para pagar lo que había comido. Ambos salimos del local para tomar el autobús que nos dejaría frente a la universidad de Leo.

Al llegar observé maravillada la fachada del gran establecimiento que se extendía infinitamente pues está universidad era una de las más grandes del país. Antes sí había pasado por acá pero nunca había entrado.

Por todo el camino Leo me iba indicando donde estaba el casino, las salas donde él tenía clases, los centros de pago, los negocios y los baños.

-Oye esto es gigante. - dije observando la gran explanada que se abría a mi paso.- Si llegas atrasado tienes que hacer carrera olímpica hacia la sala.

Leo asintió con la cabeza riendo y dándome la razón pues estaba segura que le había pasado más de una vez.

-Y allá está la biblioteca. - dijo apuntando un gran edificio color café miel. Abrí la boca por lo grande que se veía y supuse que la biblioteca de mi escuela era tan solo la octava parte de un piso de esta cosa que tenía unos cuatro pisos.

-Es enorme, ¿cuánto te demoras en buscar un libro?.

-Mucho.- dijo riendo.- Pero siempre hay personas amables dispuestas a ayudar, además los libros están divididos en los pisos y de acuerdo a la temática.

Asentí con la cabeza mientras entrabamos por la gran puerta transparente.

-Este es el piso de estudios, pero aquí si puedes hablar. Es el último piso donde el silencio es absoluto para las personas que no pueden concentrarse con ruido.

Nuevamente asentí con la cabeza.

-El tercero tiene todo lo que es computación y el segundo también tiene más mesas y más libros, ah y tiene sillones.

-¿Para dormir?.

-Para lo que quieras. - dijo mirándome de manera pícara haciéndome soltar una carcajada, Leo siguió mi risa y me indicó que me sentara mientras él iba a buscar el libro.

Me quedé viendo cómo se dirigía al mesón de la bibliotecaria para que luego ella se dirigiera a los libreros en busca del libro que Leo había pedido, jugué un momento con mis dedos y al levantar nuevamente la mirada vi a la chica que había conocido en la feria, Amelia, dirigirse hacia mí.

-Hola.- me dijo en tono amable.- ¿Emma?.

-Sí. - sonreí.- Hola Amelia.

Asintió con la cabeza sonriendo y apuntó el asiento que estaba a mi lado y yo asentí indicándole que podía sentarse.

-¿Que te trae por acá? ¿Tour de escuela?.- dijo sacando un cuaderno y su estuche.

-No, vine a acompañar a Leo a buscar un libro.

Al escuchar su nombre la chica me miró inmediatamente con los labios entreabiertos para luego sacudir la cabeza como si alejara algún pensamiento de su mente.

-¿Está acá?.- preguntó y pude ver un brillo especial en sus ojos.

-Sí, está en el mesón. - le dije medio sospechando algo.

-Oh.- dijo asintiendo.

Nos quedamos un momento en silencio mientras yo observaba como Amelia buscaba algo con su mirada. Mejor dicho, alguien.

-¿Son amigos hace mucho?.- pregunté para quebrar el silencio.

Amelia me miró y una sonrisa rebelde escapó de sus labios haciéndome sonreír a mi también pues la chica era adorable.

-Hace poco tiempo.- dijo como si calculara.- Yo lo ubicaba desde antes, pero él no a mí.- dijo con un poco de pesar a lo que fruncí el ceño levemente.

-Es un buen chico.- agregó.- Es súper inteligente, que no te diga lo contrario.- dijo riendo.



María Vergara

#7207 en Novela romántica

En el texto hay: amigos, amor, primer amor

Editado: 16.04.2019

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