¿y si lo intentamos?

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Cena

Septiembre

-¿Se han dado cuenta que solo quedan tres meses para acabar con todo esto?.- dijo Samantha alzando sus brazos para englobar todo el casino.

-Luego de eso seremos lanzadas al cruel mundo animal.- dijo con un tono bajonado.

-Oh vamos chicas.- dije dejando los cubiertos sobre el plato y hablando con entusiasmo.- Con mayor razón esto último hay que aprovecharlo. Aún quedan un par de meses, la graduación, el baile, el viaje de estudios. Aún nos queda mucho.

Mis amigas me sonrieron con un tanto de tristeza. El hecho de que hubiera una posibilidad de quedar en universidades separadas era alta, con Samantha había estado desde primaria y con Alice solo unos cuatro años, sin embargo, con ambas tenía un lazo muy fuerte. Sería difícil acostumbrarse a no verlas todos los días.

-Okey, demasiada tristeza.- dijo Alice dando unos leves golpes en sus mejillas.- Hablemos de los vestidos que debemos comprar. Yo recuerdo que-

Alice se interrumpió a sí misma y abrió la boca con asombro cuando miro a la puerta del casino. Fruncí el ceño y dirigí la mirada hacia donde la tenía puesta ella.

Leo venía caminando con unos alumnos de último año, supuse que ya los conocía pues él había estudiado unos años de secundaria aquí y los demás años en otro colegio. Iba vestido con unos jeans grises y una polera negra que se ajustaba a su cuerpo. Se veía bastante guapo.

-¿Qué esperas? ¡Anda a saludarlo!- dijo Samantha dándome un leve empujón en el hombro.

-¿Qué?.- dije negando con la cabeza.- Está con sus amigos.

-Oh ya no.- dijo Alice sonriéndome. Vi que Leo venía hacia nuestra mesa con su sonrisa siempre tan encantadora.

-Hey.- dijo acercándose a mí para darme un beso en la mejilla a modo de saludo. Saludo a las chicas con un gesto de mano que respondieron con una sonrisa amplia.- ¿Cómo están?.

-Excelente. Oh, Dios se me olvido pasarle la tarea al profesor de Biología.- dijo Alice con un tono falso de sorpresa del que yo me di cuenta. Entorne los ojos mirándola y me dio una mirada picara sin que Leo se diera cuenta.- Vamos Samantha acompáñame.

Negué con la cabeza aguantando una sonrisa y Leo se sentó a mi lado.

-¿Que estás haciendo aquí?.- dije tomando jugo de la botella.

-Una profesora me pidió si podía venir a ayudarla con una charla a los chicos de primer año de secundaria.

-¿Charla de qué?.

-De las ilegalidades que no deberían cometer a su edad.

Asentí con la cabeza sonriendo y el observó el casino.

-Hace mucho no estaba acá, me abre ido hace unos ¿dos, tres años?.- dijo apoyando su mentón sobre la palma de su mano.- ¿Vamos a comer algo después de tus clases?.

Lo pensé un momento y asentí con la cabeza.

-¿Adónde me llevaras?.- le dije doblando mi cabeza hacia un lado. Hizo un gesto de estar pensando y entorno los ojos con sus labios fruncidos.

-Puede ser a mi apartamento, esta como a quince minutos de acá.

Alcé las cejas y asentí con la cabeza. Seguro Alice y Samantha me harían un interrogatorio después de eso.

-¿Tu cocinaras?.- dije elevando una ceja.

-¿Por qué no?.- dijo dándome una sonrisa un tanto coqueta que amenazo con colorear mis mejillas.

Bajé la mirada para evitar el momento incómodo y asentí con la cabeza.

-En tu casa será entonces.

-Te espero a la salida.- dijo parándose del asiento.- Me tengo que ir.

-Adiós nos vemos. - dio un apretón en mi hombro y se fue alejando hacia la salida del casino.

Me quedé pensando y sonreí para mis adentros. No podía decir aún que Leo me gustaba, pero si me gustaba estar con él, era un tipo amoroso y atento. No me sorprendería que terminara atrayéndome.

Me quedé sola en la mesa y busqué a Alice y Sam con la mirada para ver si ya habían llegado y se habían sentado en otra mesa, pero no. Al contrario, me encontré con una mirada gris que me miraba fijamente ignorando el alboroto que estaban haciendo sus amigos alrededor. Le mantuve la mirada fija un momento y luego volví a mi plato con unas extrañas ansias de que se acabara luego el día de clases.

Salí del salón hecha una bala, deje mis cosas en el casillero y me encamine a la salida. Estaba a punto de salir del portón cuando escuche por detrás.

-¡Jones!.- escuche mi apellido y me di la vuelta para ver quien me llamaba.

Javier venía a trote hacia mí y se estampo frente a mi persona. Ningún jadeo salía de su boca.

-¿No puedes juntarte hoy para avanzar con el trabajo?.

Lo miré y le hice una mueca de sonrisa negando lentamente.

-Oh vamos no hemos hecho nada y Brooke nos tiene mucha fe.- dijo con sus manos sobre sus caderas.

-Hey, tengo un compromiso. - dije jugando con el collar en mi cuello.- ¿Puede ser mañana?.

-No, tengo entrenamiento.

-¡Oh vamos! ¡No necesitas entrenamiento! Estas en perfecto estado.

Puso una sonrisa egocéntrica y rodé los ojos.

-Lo dije para que no fueras mañana.- corregí. Me miro con cara de pocos amigos.- Vamos Javier. Yo sé que ahora solo te quieres ir a casa.



María Vergara

#7212 en Novela romántica

En el texto hay: amigos, amor, primer amor

Editado: 16.04.2019

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