¿yo, soy tu Mate?

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PRÓLOGO


Observaba a mi padre empacar desesperadamente mi ropa en una mochila; yo sin saber que es lo ocurre permanecí sentado en mi cama.

Desde que recibió esa llamada hace un rato se encuentra de ésta forma.  

Cuando finalmente termino se me acerco. Se arrodillo para estar a mi altura   —Escucha campeón, iremos a visitar al abuelo, okey—

—Si papi—    

Se levanta y me ofrece su mano. La tomo sin dudar.

Me coloco la mochila y salimos del cuarto prácticamente corriendo.

Por alguna razón mi padre tenía prisa de dejar nuestro hogar. Seré niño, pero por la prisa que lleva logro comprender que algo malo sucede.  

—Papi, ¿qué pasa?—   Pregunto.

Al momento que iba a responderme suena su celular. Mete la mano en su bolsillo sacando el móvil y llevándolo a la oreja, luego de contestar.

—Sí, ubico el lugar. Voy en camino—   Guarda el aparato. Me toma en brazos y sale corriendo en dirección al bosque.

—¡¡¡En el bosque!!!—    Oigo, que alguien grita; y eso solo hace que mi padre aumente aún más su velocidad.

Dos hombres aparecen en mi campo de visión, llevan en sus manos una cuerda con dagas en ambos extremo.  

—¡¡¡Por aquí!!!—   Grita uno, mientras el otro lanza la daga en nuestra dirección.

Se introduce en la espalda de mi padre; y el hombre tira de ella, causando que mi padre caiga con migo.

Al levantarse se quita la daga, para luego preguntarme si estoy bien. Le digo que no me paso nada y al corroborarlo se voltea; suelta un rugido, lanzándose sobre los hombres.

Mi padre fácilmente los mata, atravesando con sus garras el pecho de uno y estrangulando al otro con su propia cuerda. 


Nuevamente me toma en brazos, me mete dentro de una especie de cueva pequeña que se encuentra oculta tras unos arbustos.

—Escucha, pase lo que pase no salgas hasta que los sujetos se marchen y no hagas nada de ruido, de acuerdo. En cuanto estés seguro de que se fueron, ve hacia el lago. Mi amigo te está esperando—

Yo sólo asiento con la cabeza; por el miedo que tengo, no soy capaz de soltar palabras.

Al notar que mi padre se marcha, dejándome; salgo corriendo y me sujeto de su pierna.

—Papi, no me dejes—

—Mi príncipe, vuelve al escondite por favor—   Me dice, tratando que lo suelte. Pero al igual que él, soy fuerte.

—No, por favor quiero ir contigo—   Ruego, entre llantos.

— ¡Maldita sea hijo, hazme caso!—   Me regaña, alterado.

Asustado por su reacción lo suelto.

Se voltea y se acuclilla; coloca ambas manos en mis hombros.  —Escucha, trato de protegerte. No lo hagas difícil…mi príncipe, ¿tú me quieres?—  

—Sí, papi te quiero—   Respondo inmediatamente abrazándolo y él, hace lo mismo.

—Entonces demuéstramelo haciéndome caso. Si algo te pasa me muero. Si me quieres como dices, no permitas que sufra, si algo te pasa—

Me separo de él; lo observo a los ojos y acepto separarme, me da un beso en la frente y me dirige a la pequeña cueva, acomodando los arbustos para que no me vean.  

Se aleja, pero aun puedo verlo a pesar de estar lejos.

De repente aparece un hombre; le dice algo a mi padre y él le responde. Parece que hablan, pero por la distancia no sé de qué.

Mi padre se voltea en mi dirección; me observa unos segundos.

El hombre detrás de él, rápidamente coloca una mano sobre su boca y con la otra, sujetando una daga, le corta el cuello.

En cuanto mi padre cae al suelo, otros hombres aparecen y al ver el cuerpo de mi padre en el suelo, lo felicitan.

Uno, que sujeta una espada; se coloca cerca de mi padre. Levanta, la espada sobre su cabeza tomando impulso y luego  corta la cabeza de mi padre.

Otro le pasa un costal y el de la espada, toma la cabeza; se la enseña a sus compañeros, rompiendo en risas. Pero el que lo mato, permanece serio. 
Colocan su cabeza en el costal y se marchan.

Yo, en todo momento solté lágrimas; pero sin hacer sonido alguno. En cuanto estoy seguro de que se marcharon, salgo de la cueva.

Corro hacia el cuerpo de mi padre, arrodillándome, finalmente sollozo libremente, soltando chillidos.

Un terrible dolor hace presión en mi pecho y la garganta me arde. 
Memorizo los rasgos de los culpables, en mi mente; me levanto despidiéndome de mi padre.

Al menos ahora se encuentra junto a mi madre. 
Ambos, están juntos.

Y a paso firme voy hacía el lago; al encuentro del amigo de mi padre.

Con la luna de testigo; en ésta noche, juro que los culpables pagaran. 
Los hare sufrir por lo que hicieron y nada, nada lo impedirá.

 

 


 



Rosa Negra del Desierto

Editado: 07.11.2019

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