Yo... Te Voy A Juzgar

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Capítulo 1

Samantha.*

Escucho los toques en la puerta lo que hace que frunza el ceño.

— Levántate. — Dijo la voz de mi hermano.

Hice una mueca, mire al techo sin saber que es lo que sucede... De un momento a otro las cosas han cambiado, es fácil de ver, nos mudamos, la ciudad era agradable y ahora estamos en un pueblo donde la entrada está llena de fotografías de un tipo encapuchado con una recompensa grande y como las demás personas se ven asustadas.
No quería venir aquí, nunca lo pedí, pero hay cosas que uno debe soportar por el bien de los demás.

Me puse de pie, fui al baño y me retiré la ropa y me adentré a la ducha de inmediato. Estuve bajo el agua por unos minutos, salí y tomé un cambio casual, cepille mi cabello y tomé mi mochila, el hecho de tener que asistir a la preparatoria solo hace que me den escalofríos, sobretodo porque de ahí se origina la famosa leyenda del juez, si como no.
Salí de la habitación, recorrí el pasillo hasta llegar a la cocina. Mamá está sentada con la cabeza agachada, mi padrastro toma su café como si nada... Muchos quieren a sus padres juntos pero yo prefiero que estén separados, así mamá no tendría que sufrir los abusos de ese viejo, aparte ni siquiera es mi padre, no comprendo porque lo soporta.

— ¿Qué me ves mocosa?, Desayuna y lárgate. — Dijo enfadado.

No le preste atención, solo me di la vuelta caminé a paso rápido a la puerta principal y salí, yendo a la escuela.
Soy joven, cumpliré a penas los dieciocho en unos meses, quiero ir a la universidad pero conociendo a las personas de mi casa eso no va a suceder. Mi hermano... Él no se preocupa mucho por mí, solo busca el hecho de satisfacer sus necesidades, podría irse sin siquiera decirnos a dónde.

Las calles se hacían cada vez más largas y las personas no dejaban de mirarme. Todo tiene adornos, la fiesta de halloween llegará cuando menos lo pensemos. 
Fruncí el ceño al ver a un par de niños perseguirse entre ellos. Uno lleva una capucha negra, un hacha y una máscara extraña cubre su rostro.

— Voy a juzgarte. — Dijo señalando a sus amigos.

Sigo sin comprender por los padres no hacen nada al respecto, lo toman como un juego cuando en realidad la policía intenta saber quién a cometido tantos delitos.
Sin darme cuenta había llegado, los estudiantes se me quedaron mirando, no pude evitar sentir incomodidad, no recordaba ésto.
Una chida de cabello negro y las puntas azules se colocó frente a mí mientras sus amigas estaban detrás de ella... El típico grupito, no hay problema, me dirán que no me meta con ellas y listo.

— Chica nueva. — Murmuró.

Sus amigas rieron en lo que yo espero a que terminen y me dejen en paz de una vez.

— El verdugo va a castigarte si no le das a su novia lo que ella quiere. — Dijo haciéndo pucheros.

¿Qué demonios?, Hasta donde yo sé ese tipo no tiene nada, solo es un solitario asesino.

— ¿Creí que inventarias otra cosa? — Dije soltando un suspiro.

Mostró una cara indignada y se acercó más a mí.

— Yo lo he visto, creí que iba a matarme pero se detuvo, desde ese momento se que le gustó... No me asesinó como a todos. — Presumió con ego.

Le di una sonrisa que demuestra que me importa poco y solo pase por su lado ignorandola.
En lo que caminaba no podía dejar de mirar cómo los chicos que siempre son marginados están en paz sin que nadie les diga nada.
Entré a la cafetería, tengo clase hasta las nueve. Observé lugar, camine con pena hasta una de las meses vacías, me senté ahí y saqué mi celular contestando los mensajes de mis amigos.

Se sentaron a mi lado lo que me hizo levantar la vista de inmediato, las chicas a mi alrededor me sonrieron un poco.

— Lo siento, es nuestra mesa... Pero tampoco nos molesta que estés aquí. Mi nombre es: Johanna. — Se presentó sonriendo.

— Amanda. — Dijo la chica castaña frente a mí.

— Cecilia. — Se presentó la de cabello negro sin darme atención.

— Samantha. — Dije dándoles una débil sonrisa.

— ¿Nueva en el pueblo? — Pregunto Johana.

Le di una afirmación, sus amigas se miraron entre si, se acercaron un poco.

— Ya sabes de...

— La leyenda, si es una tontería, solo es un desquiciado. — Dije encogiéndome en los hombros.

— ¿Te han contado la historia? — Cecilia.

Ahora que lo recuerdo, no, solo he escuchado tanto de eso se ya me tienen cansada. Negué con la cabeza, se miraron entre sí y Johana soltó el aire que había acumulado.

— ¿Quieres escuchar? — Preguntó con seriedad.

Le di una afirmación, aunque no muy segura, aún así hay curiosidad en mi sobre eso.

— Hace cinco años este era un pueblo ordinario, tranquilo, la escuela era cruel para los raros como nosotros.
La leyenda dice que había una chica linda, que leía mucho, era inteligente, vivía con su hermano. Las otras chicas sentían envidia de ella, ya que era amable, buena, sin mencionar que llamaba la atención. Un día la secuestraron, la torturaron y nunca se encontró el cuerpo.
Su hermano la busco día y noche por cada rincón y no la encontró... Se suicidó, se dió un tiro en la boca que le atravesó el cráneo de lado a lado... Todos dicen que el verdugo es el espíritu de ese chico, las chicas que le habían hecho eso a su hermana murieron de forma horrible, ahora su alma está en el pueblo, siendo juez de todos. — Redactó con seriedad.

— ¿Dices que un fantasma hace todo eso?, Por favor, seguro solo es un maniático que inventó la historia. — Dije negando.

— Es verdad... Él se mató porque su hermana era lo único que tenía, sus padres habían muerto, estaba solo, nunca volvió a ver a la persona que amaba, creo que tenía sus razones. — Dijo Cecilia con la cabeza agachada.

Justo iba a pedirles que dejaran de decidir tonterías cuando un chico entró de inmediato.

— Vengan a ver esto. — Gritó asustado.

Todos se pusieron de pie yendo junto a él, las chicas lo hicieron y yo de igual manera. Salimos al patio trasero y levantemos la vista a una de las bardas... Me quedé rígida mientras algunas chicas lloraban o gritaban.
El cuerpo de ese chico fue destripado, está lleno de sangre y pegado a la pared. Tiene un letrero colocando de su cuello.



Margarita Barraza

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En el texto hay: misterio, asesinatos, suspenso

Editado: 02.08.2019

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