Yo... Te Voy A Juzgar

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Capítulo 2

Samantha.*

Aún continuo en shock, mire a mi lado a una chica quien lloraba y negaba.

— Solo me engañó una vez. — Dijo con desesperación.

Mis ojos se abrieron y un escalofrío me recorrió por completo, no sé que pensar sobre toda esta locura.
Los profesores llegaron, nos calmaron y nos adentraron a la escuela.

— Lo más seguro es que nos manden a casa. — Murmuró Johana.

Hice una mueca sin saber que decir ante eso.

— Maldito bastardo, voy a matarlo. — Dijo un chico enfadado.

De inmediato se acercaron a él tapándole la boca y mirando a los lados.

— Silencio, nadie puede hacerlo y si te escucha... Te matará. — Dijeron sus amigas con miedo.

¿De verdad viven así?, ¿Siempre?, Con miedo de que pueda suceder sin saber si vivan al siguiente día o si lo que hagan sea tan malo como para que un tipo encapuchado con máscara venga a matarte, es solo una estupidez.

— Chicos debido a la situación tenderán que ir a casa. — Avisó la profesora.

Hice una mueca, no me levanté temprano para esto, si estuviera en la ciudad nada de esto estaría sucediendo.
Salí de ahí enfadada hasta que las chicas me alcanzaron.

— Oye tranquila, ¿Qué tal si vamos por un café? — Preguntó Johana.

Les di una afirmación y suspiré, en realidad me molesto porque no quiero ir a casa, ese lugar es un verdadero tormento.
Llegamos a una cafetería, es linda, entramos, tomamos una de las mesas y se sentamos. Una mujer se acercó, se observa muy feliz.

— ¿Qué les sirvo chicas? — Preguntó con una libreta en sus manos.

Johana nos miró a todas y asentí.

— Un capuchino para cada una. — Dijo amable.

La mujer le dió una afirmación y se fue a preparar la orden.
Observé el lugar, es lindo, rústico. Mis ojos se detuvieron en una mesa dónde había una foto enmarcada, alcé una ceja sin poder evitarlo me levanté.
Fijé mi vista en la fotografía, mis manos temblaron al verlo... Llevaba una capucha, una máscara y su mano sujeta un cuchillo ensangrentado. Esta de perfíl, creo que no sabe que le han tomado la foto.
Me sobresalté al sentir que tocaban mi hombro, observé a Johana quien me dió una pequeña sonrisa.

Hizo que volviera con ella a la mesa, las chicas también miraban ese pequeño altar que le tenían... Es tan raro.

— Para unos es malo... Pero para otros es lo mejor que pudo haber pasado. — Dijo Cecilia.

No comprendo, sigo sin entender porque un asesino es bueno.

— Este lugar fue asaltado hace un par de años, la dueña tuvo muchos problemas por eso... Sin mencionar que su esposo era un patán, borracho mujeriego. — Explicó Johana.

— ¿Era? — Murmuré.

— El juez lo asesino, al igual que a Harry le colgó un letrero. — Dijo Cecilia mirando a los lados.

¿Y porque su esposa tiene un altar donde la foto de su asesino está?

— El letrero decía: Golpeo a mi esposa, meto el pene donde puedo... Incluso donde no puedo. — Susurró Johana.

— Le cortó las manos, el miembro y le abrió el pecho, también le cortó la lengua. — Dijo Amanda por primera vez de estar callada por bastante tiempo, más bien gran parte de él.

No hubo palabras para todo aquello que le hizo. Me sorprendí cuando un auto de policía se detuvo frente al local.
Justo iban a entrar cuando la mujer apareció.

— Quienes están en su contra no merecen entrar, es un ángel, uno vengador. — Dijo firme.

La mujer policía alzó una ceja por eso.

— Déjenos pasar o pensaremos que quien cómete todo eso ha sido usted. — Le advirtió.

La mujer se quedó en silencio y los dejo entrar, la mujer solo soltó un suspiro y se acercó a nosotras.

— Chicas buen día. Estoy buscando información. — Dijo tomando una silla e integrandose.

Me quedé en silencio, no sé nada de este pueblo, solo que el día de hoy vivo aquí.

— No sabemos nada. — Dijo Amanda con cierta molestia.

No puede evitar quedarme mirándole, hace poco mi hablaba y ahora lo hacía frente a una mujer policía que solo busca ayudar y desaparecer al loco del pueblo.

— ¿Conocieron al chico que fue asesinando? — Preguntó mirándonos a todas.

Las chicas asintieron, a excepción, no me dió tiempo ni de ver si de verdad era un patán.

— Nick era un chico popular, iba a fiestas, no muy bueno en las clases y eso, pero no merecía morir así y ser expuesto frente a todos. — Dijo Johana.

La detective asintió y se mantuvo un momento en silencio, se fijó en mí.

— ¿Eres nueva verdad?, Es una lastima que tengas que ver esto recién llegando. Pero lo voy a capturar. — Dijo segura.

— Lleva cinco años diciendo eso. Muchas personas han muerto, denle gracias a que en cierto modo lo merecían. — Murmuró con la cabeza agachada.

La mujer no le dió más atención y solo se marchó. La encargada llegó con nuestro pedido, lo probé dándome cuenta que tiene un sabor increíble.

— ¿Porqué han venido aquí? — Cecilia preguntó de repente.

— Solo trabajo. — Dije sin darle importancia.

Me dieron una afirmación, nos quedamos en silencio a lo que observé a un lado, por el callejón.
Fruncí el ceño al ver al verdugo, las chicas no se mostraron sorprendidas.

— Tranquila no es él, son idiotas queriendo tomar su fama. — Explicó Amanda.

— ¿Has visto al verdadero alguna vez? — Dije sin poder evitarlo.

Me dió una pequeña sonrisa y asintió, su mirada se quedó agachada un momento, Johana colocó su mano en su hombro y Cecilia de igual manera.

— En mi casa... Papá le dió una golpiza a mamá, luego fue a mi habitación, intentó tocarme... Pero él apareció entre la oscuridad, le cortó el cuello... Aún recuerdo la sangre de mi padre cubriendome, fue horrible, temía por mi vida, pero no me hizo daño, solo despacio entre las sombras. — Explicó soltando un sollozo.

Prácticamente le salvó, pero aún así, era su padre a quien asesinaron frente a ella.
El juez no tiene ningún punto bueno, mancha sus manos con una justicia que solo da repulsión, se atreve a ensuciar la verdadera ley...



Margarita Barraza

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En el texto hay: misterio, asesinatos, suspenso

Editado: 02.08.2019

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