Zafiro

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Capítulo XXXIX

(La sombra)

Amiga incondicional.

 

Oscuridad, amiga incondicional.

Siempre lista y dispuesta amiga.

Nunca me fallas.

Cómplice de mis ideas.

Así ambas lo quisimos.

Ambas, nos elegimos.

Tú necesitas a alguien para que te contemple siempre, ya que para cuando decides aparecer, los ojos de los demás descansan. Para así ofrecerle su vitalidad y energía que tienen gracias a ti, a un nuevo amanecer que no es grato ni digno de mi amistad y devoción.

Así como yo veo y contemplo lo maravillosa que eres tú, con tu majestuosa oscuridad me acoges y me abrigas para protegerme de los ingratos que merecen por siempre sus ojos cerrar. ¡No se merecen nada! No te merecen a ti a amiga oscuridad.

Bendita seas y gracias por las oportunidades que me brindas al aparecer cada día mejor amiga.

Que desde hace años, fuiste, junto conmigo, testigo de cómo la vida poco a poco se iba de mi cuerpo.

Siempre conmigo, desde aquel día, donde aquello que la gente cotidiana llama alma y condura abandonaron mi cuerpo para irse a un paseo largo y duradero. Fueron años los que tuvieron que pasar para que ellas volvieran de nuevo, y justo tu, amiga oscuridad, fuiste testigo de mi vuelta a la vida. Ambas, mi cordura y alma, regresaron sedientas de su viaje, del mismo en que todos aquellos ojos pensaban que no había vuelta atrás. Llegaron sedientas y hambrientas, si, pero de sangre... de su sangre.

Sé que cuando llegue el fin tú ya no serás mi cómplice y testigo como lo has venido haciendo y también sé que los rayos de la claridad por fin alumbraran mis días como en mi niñez hacían. Pero no te preocupes amiga mía, no lo hagas, yo siempre saldré a tu encuentro como lo hemos venido haciendo día tras día. No puedo ni quiero defraudarte, mucho menos cuando tú, si tú oscuridad a la que muchos temen, me protegiste con tus alas negras de la muerte que me estaba acechando, algo que la claridad no pudo hacer con ella, al contrario, ¡me hizo testigo de todo! De todo... de su muerte y de la mía poco a poco.

Pero gracias a ti respiro en esta vida, porque vivir...lo deje de hacer el día en que ella , mi centro y guía, se fue de este infierno que la gente común llama vida.

No, no te preocupes amiga mía.

¡No!, tampoco quiero ser ingrata.

Si hoy estoy aquí es por ti, porque me cuidaste y protegiste de sus manos.

Cuando vuelva a vivir y a respirar a la vez, cuando mi alma y mi cordura sean distintas tú serás la primera en apreciarlo. Si, tu amiga mía. ¿Como yo voy a impedir aquello? No cuando tú me diste fuerza, no cuando tú me has ayudado, no cuando tu…

¡Y todo gracias a ti amiga mía!.

Le sonrío y elevo mi copa en señal de brindis.

—Otra noche más amiga. —tomo de mi copa, y sin perder el intento de sonrisa en mi rostro le sigo hablando a ella. —Solo tú y yo, unidas. —susurro para que el viento fresco de la noche le lleve mi mensaje a lo alto.

—Aquí estás. — escucho su voz en un susurro calmo, suave y cariñoso, hablarme desde atrás.

—Sabes que cuando cae la noche, yo estoy ahí, recibiendola para que no se sienta sola nunca más. —le digo sin voltear a verle, mis ojos están fijos en la única claridad que proyecta el cielo oscurecido.

—¿Hablas por ella o por ti?. —me pregunta y yo solo puedo responderle con una sonrisa un tanto amarga que no ve y una negación.

—Estoy hablando por las dos. —me atrevo a confesarle.

—No quiero que te sigas sintiendo más así, —siento su mano un tanto áspera dejarse caer en mi hombro no cubierto para la tela del vestido. — Estoy aquí... Yo estoy aquí para ti. Nunca más, escúchame bien, jamás te dejaré sola. —ahora sus brazos me rodean un cálido abrazo, en uno lleno de verdad y promesa, como solía hacer cuando el miedo me invadía, como hizo cuando mi alma y mi cordura me abandonaron por un tiempo.

Sé que sintió y siente culpa aun por no haber estado ahí, por no habernos salvados a ambas. Pero, ¿qué podía hacer él? Era solo un niño de 7 años, que siempre actuaba como uno de más edad. Si querer, yo lo culpe con mi silencio cuando la lucidez volvió a mí.

Su abrazo calienta un poco lo frió de mi piel, la sensación es grata y quisiera descansar como dejarme llevar por lo que su abrazo me transmite, pero no puedo, sencillamente se me es difícil demostrar algo de tal magnitud. Hasta esto, algo cotidiano, se me es difícil.

Aparto la atadura que tiene sobre  mi cuerpo con delicadeza, me giro y me encuentro con mi pasado antes de la muerte de ella, abofeteándome fuertemente en el rostro. Todo era felicidad. Solo que tuvo que llegar ese maldito hombre a nuestras vidas, y joder todo lo bueno en ella. Le dio cabida a esa maldita bestia, que ahora me toca ser su esclava para unos fines que ella cree que se culminaran.

—Se que no estoy complementa mente sola en este mundo Bingham...—sonríe al escuchar que pronuncio su nombre, aunque hay algo de dureza en mi voz al decirlo, cierta felicidad le veo irradiar.



KatheHerrera__

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En el texto hay: traicion, suspenso y romance, misterio y suspenso

Editado: 01.07.2019

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