Zafiro

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Capitulo XLI

Soldado caído, por fin.

La palabra vida es sinónimo de complicación, en definitiva. Sin duda alguna, si no existe un poco de dificultad en ella, las personas no estamos viviendo a plenitud, ni como debe ser. Es eso... o sencillamente de eso se trata vivir.

En ningún momento aparto la mirada de los ojos de Christopher, los cuales trata de esquivarme sin éxito alguno. No pretendo darle ningún tipo de tregua y creo que él lo sabe, ya que después de esquivarme y poner sus ojos almendrados adornados por muchas pestañas un tanto claras en el paisaje al otro lado del cristal y un resoplo acompañado de un: — Mañana, lo prometo —. Se cansa de jugar al juego que él mismo creó hace unos minutos mientras caminábamos en silencio uno al lado del otro hacia el interior del solitario restaurant.

Satisfecha, pero no convencida. Dejo de martillarlo con mi mirar, no es el lugar para ello.

El silencio pasa a un segundo plano de golpe, ganándose de paso nuestra absoluta atención. Unos pasos; firmes, calculados, duros, comienzan a inundar con su sonido la paz calma del lugar. Levanto un poco mi rostro y a unos cortos pasos de nuestra mesa, un hombre de apariencia poco intimidante nos sonríe de forma amistosa y fresca como agua en tiempo de calor. No puede evitar arrugar mi frente, elevar mi ceja y voltear solo un poco la mirada para preguntarle con ella a Christopher, ¡¿qué, quién diablos ese hombre?! Sus labios se mueve sin emitir ruido con su voz, y me hace saber que él, en efecto, es la razón de que mi único miedo se haga realidad.

El hombre nos observa desde su posición con una sonrisa afable, esto parece más un reencuentro de amigos que hace años no se ven y no esperan más el momento para ponerse al corriente de lo que ha sido su vida en todo este tiempo, que un encuentro para poner las cosas en su respectivo lugar.

Su voz es menos que intimidante o inquietante, pero que no lo sea, no le resta lo amenazante que es su persona. Si, es verdad, no habla del todo, solo lleva su dedo índice hasta sus labios finos y un: — ¡Chissst! ¡Chsss! — emite a través de ellos, frunciéndolos hacia adelante y dibujando una corta sonrisa a la vez. El sonido que sale por ellos, hace un eco enorme por todo la planta baja del lugar, llegando tan lejos, que siento que un baño de agua sucia me cayó encima.

No muestro nada en mi rostro, toda sensación me la trago con la saliva que acaba de pasar.

Es estúpido lo que hace o trata de hacer, así que, me acomodo mejor en mi asiento para después, yo misma, servirme un poco de chardonnay . Lo sirvo en mi copa con la más genuinas de las calmas, pues, a pesar de la poca distancia que nos separa, aquel hombre entrado en edad madura, dura para llegar a nosotros el tiempo que yo tardo en servir mi copa, la de Christopher y la de él.

—La desesperación es parte del fracaso señorita Baermann —dice con calma al hablar. Tanto su voz como su aparecía, son iguales: serenidad y tranquilidad.

—Se equivoca señor…

—John —completa por mí. Asiento.

—Como le decía señor John, —tomo su copa y se le acerco más para que tome de ella. —Se equivoca en eso de la desesperación, no lo estoy. Pero si es cierto que soy una mujer muy ocupada, demasiado para la desgracia de algunos. —hago mención con un deje de ironía coloreando lo último. —Y no me gusta perder el tiempo... Mucho menos cuando me amenazan.

—¿Talón de Aquiles señorita Baermann? —siento que aquello fue más una afirmación que pregunta, pero la disfrazo para que no se sintiera así. Sonrío.

—Como todo el mundo señor John. —mis palabras tienen doble sentido y fue evidente que él lo captó; inclino un poco el rostro, sonrío y elevo ambas cejas negras, todo a la vez.

—Digna de llevar el apellido Baermann, me gusta.

—No estoy aquí para gustarle, —le hago saber y su sonrisa se ensancha un poco más en su rostro con arrugas apenas perceptibles en el. — Estoy aquí para poner algunos asuntos en orden... Por las buenas. —amenazo con delicadeza.

—Y por las malas, ¿cómo sería? —cuestiona con picardía.

—Soy aun mas buena señor John. —sonrió como si acabara de recibir un cumplido.

—Que cosas señorita Baermann —acomoda su espalda en el espaldar de su silla. —Yo quería por las buenas, pero ahora que la veo y habla con usted, sin intermediarios —después de analizarme mira a Christopher que nos observa en silencio desde su lugar, me había olvidado de él. —De por medio. No se... Como que me apetece hacerlo por las malas, para así ver y comprobar que tan buena es usted.

Este hombre quiero jugar con fuego, lo que no sabe es que yo no solo quemo a mi paso, también destruyo y me llevo hasta la cenizas sin me provocan más de la cuenta. Y resulta que mi vaso ya está lleno, si otra gota cae y se desborda arrasaré con todo a mi paso, sin importar qué o quién.



KatheHerrera__

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En el texto hay: traicion, suspenso y romance, misterio y suspenso

Editado: 01.07.2019

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