Zafiro

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Capitulo XLII

Señuelo ideal

—Buenas noches. —digo al momento que su mirada agotada se cruza con la mía.

—Te estábamos esperando. —Abre la puerta complementa mente y me da un espacio, un tanto reducido, para poder entrar al interior de su apartamento.  Al hacerlo, el calor de su cuerpo, choca contra el mío, y no pude evitar aguantar la respiración para así ahogar un gemido que quería escapar de mi interior.

Andrea fue a la primera que vi ya que ella me da la espalda mientras teclea a gran velocidad en su laptop, me acerco un poco mas y diviso a la derecha de ella a Penz junto a Simone, que al darse cuenta de mi presencia me sonríe en forma de saludo y vuelve su atención a los papeles que están regados encima de la mesa de estar  de Adam. Penz hace lo mismo, me saluda, pero sin mirarme, tan solo eleva el lapicero y lo agita de un lado a otro. Corto, de dos pasos, la distancia entre Andrea y yo, y toco su hombro para que se percate de mi presencia.

—¡Dios! Me has dado un susto. —exclama mirándome con aquellas cejas negras hacia arriba y juntas.

—No quise hacerlo, perdón. —Me disculpo sentándome en el  asiento que queda disponible. Miro los papeles esparcidos por doquier y mi interrogación al respecto <<¿de qué es todo esto?>> No se hizo esperar mucho.

—Te vas a quedar con el ojo cuadrado cuando te enteres... —susurra Andrea como si no quisiera que los presentes en la amplia habitación se enterase. — ¡Ya tenemos  pruebas en contra de Carola! —exclama, esta vez, con algarabía.

—¿Qué? —pregunto, atónita y un tanto desconfiada.

—Vez, te dije que te ibas a quedar con el ojo cuadrado.

Miro los papeles y luego a Adam que se ha sentado a mi lado con semblante cansado, su mirada azulada se cruza con la mía y me asiente con la cabeza para confirmar mis sospechas.

—Pe...Pe...Pero, ¿cómo?, ¿en qué momento?, ¿quién? —En verdad no sé si era eso lo que quiera saber, la sorpresa y la conmoción aún era abrumadoras.

¿Un golpe de suerte? No, no lo creo. Mi suerte nunca ha sido buena, y las pocas veces que la he tenido en mis manos, se ha escurrido como arena entre los dedos. Con los dedos de una manos puedo contar las veces que corrido con un grato golpe de esos que dicen tener suerte, y me sombra dedos.

¿Una trampa? Sí, eso debe ser. No me fio ni un pelo de este "golpe de suerte" algo más hay, y no es nada bueno.

Aquí es donde todo se complica y la confusión se hace más presente y notaria.

¿Qué pasaría?

¿Qué cambiaría sus planes?

¿Carola, ahora representa un peligro o ya no le era útil?

Me voy por la segunda opción, << ya no le es útil>> Pienso, mientras que a la vez hato unos cabos sueltos en esta historia que me parece poco realista. No, no estoy convencida ni segura de este golpe de suerte. No. No creo que  lo sea. Es un cambio drástico y brusco en los planes... En sus planes. Esto es un golpe, si, pero de mala suerte.

Carola aún no ha encontrado aquello que entre ella y Diego robaron por un tiempo, esa vieja mujer no solo estaba obsesionada con Diego Baermann, también lo está con la fortuna que entre ambos recolectaron por años. Los amantes clandestinos, así se dieron a conocer por un par de meces a ambos, pero solo fue por eso, por un mísero tiempo que ni años llego. Ambos eran perfectos; inteligente, hábiles, vanidosos y  ambiciosos. Se movían por tener el poder y el respeto, aunque este último nunca existió, más bien era temor hacia ellos.

Diego, a pesar de imponer por la máscara que siempre lo cubría, tenía un diminuto lado bueno y compasivo; y digo diminuto porque sus manos no están del todo limpias. No, no mato con ellas, pero sí con su boca. En cambio Carola, esa mujer es despiadada y sanguinaria, ella no conoce la palabra tener miedo. Es el mismo diablo personificado. Sus manos están manchadas con sangre de mujeres que cometieron el delito de poner sus ojos en un hombre que estaba marcado por la bestia.  Todo su ser contamina. Ella, Carola, es la ama del disfraz, la desnudas y no ves más que maldad en ella.

Aquellas pobres mujeres firmaron su sentencia a no volver la luz cuando accedieron  declararse culpable entre los brazos de Diego, una de ellas, mi madre. Aun siento opresión en mi pecho, nunca se ira. No tengo recuerdo alguno de ella, tan solo una fotografía, anécdotas que me contó Diego antes morir y fantasías que nunca cumpliré por culpa de la locura de una mujer que no sabe recibir un <<NO>> como respuesta final.

El no ser amada, querida y respetada por un hombre, sacó de Carola el demonio que llevaba dormido. Su padre, un hombre estricto y poco afectivo, nunca le mostró a Carola lo que era sentirse de aquella manera, más bien, la humilló siempre e hizo de su hija mayor la sombra de su hermana menor, Amalia. Con ella el trato era duro, pero no tanto como con el de Carola. A Amalia le demostró un poco más de compasión y afecto. Bueno, no del todo, ya que prácticamente Diego compró a Amalia por la suma de la liquidación de todas las deudas que el viejo Muller contrajo año tras años.  Y eso fue otra gota en el vaso casi rebosándote de Carola para que el odio hacia su hermana fuera en ascendencia.



KatheHerrera__

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En el texto hay: traicion, suspenso y romance, misterio y suspenso

Editado: 01.07.2019

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