Zafiro

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Capítulo XLIII (PARTE I)

El número no me cuadra.

(PARTE I)

 

¡Oficialmente! La joven ex-modelo Deborah Baermann y el cineasta Zelig Glücksmann, son marido y mujer.

La nieta del fallecido joyero alemán Diego Baermann, Deborah Baermann, contraje nupcias en la Catedral de Santa Eduvigis con el cineasta Zelig Glücksmann, en una boda íntima y calmada, muy al estilo de los recién casados.

La relación entre el cineasta de moda y la ex-modelo se hizo pública en Abril de 2016, y un año después de hacer público su noviazgo, ambos, a través de una sesión de fotos y un comunicado, hicieron público su nuevo status como pareja: comprometidos.

Leo lo demás con calma y viendo si todo lo que pidió Deborah se cumplió al pie de la letra. Y si, efectivamente, todo salió tal como ella y su pareja deseaba: en la más absoluta descripción. Sonrío a medida que leo, pero aún más cuando veo algunas de las fotos que se hicieron públicas por que esas eran para acallar un poco la ansiedad de la prensa rosa después de días tratando de obtener algún dato sobre la boda que pasó de estar en el foco central a la más resguardada de un día para otro.

La sencillez y el amor reinó durante todo ese día, y otra vez, en mucho tiempo, me volví a sentir en familia. Por esas horas, la realidad no tomo el primer plano, se quedó de lado y pude disfrutar y vivir un momento de sinceridad, amor y felicidad.

Un momento, solo eso.

Pero fue suficiente para recargar las energías que con el paso de los días se van agotando, fue como dormir una buena horas en la noche, para despertar al día siguiente con la realidad de que esto... esto está por acabar.

Deslizo mi mirada por el escritorio hasta mi cuaderno y luego hacia el lapicero rojo, lo tomo entre mis dedos y lo llevo hasta mis dientes, mordisqueándolo solo un poco. Pienso por unos segundos en la intimidad de mi soledad para luego comenzar a tachar con la punta nombres de la hoja. Cada día mi lista se va reduciendo, poco a poco. Nombres van y vienen, pero solo uno sigue escrito con aquella tinta roja espesa, el cual, ni con el mejor de los borradores se podrá borrar. Lo escribí con mi puño y letra, y soy yo misma quien lo tachara para terminar este lista de sospechosos y culpables.

Al lado de Carola una flecha sale de su nombre, vinculandola con otra mujer, la cual me sorprendió confirmar que tiene relación con una de las mujeres asesinadas, Ela Funck. Pero me sorprendió aun mas saber que ella esta aliada con el monstruo de Carola, a pesar de lo que le hizo a su madre. —¿Acaso sabrá ella que Carola mató a su mamá? —No, no debe saberlo o...¿sí? A estas alturas mejor no duda nada y desconfío de todo y todos.

Si es el caso, no entiendo porque quiere hacerme daño a mí, entiendo el odio de Carola hacia mi... Pero el de ella, el de ella hacia mí sí que no lo entiendo.

Otra pregunta sin respuesta se formula en mi cabeza y la anoto al lado del nombre de Marie.

—¿Puedes venir? —La voz de Penz me sobresalta, con la mirada se disculpa y termina de asomar aún más su cabeza entre la puerta, me mira y al ver que capto mi atención, con expresión neutra entra caminando hacia mí. —Quiero mostrarte algo... interesante. —lo miró con interrogación, tratando de buscar una respuesta de aquello que me quiere mostrar, pero su rostro está neutro. Dejo de lado el bolígrafo rojo que estaba utilizando para escribir algunos apuntes, cierro mi laptop y accedo a ir con él.

Cierro la puerta tras nosotros y camino junto a Penz por el largo pasillo blanco con aquellas paredes que están tan pulcras, al doblar, la paz y armonía de las paredes se ven interrumpidas por unas rayas azules, un tanto gruesas para mi gusto. Caminamos en silencio, él no dice nada y yo lo imito; él tan solo se inmuta a tener aquella cara sería, más de lo habitual. Doblamos a mano izquierda, directo hacia aquella habitación que está prohibida para casi todo el personal de la agencia, solo un pequeño, un minucioso grupo, puede entrar allí. Lo miro nuevamente de reojo, buscando alguna respuesta en su rostro, pero nada, es como buscar una aguja en un pajar.

El frío comienza a colarse por mi cuerpo y, mis brazos y piernas comienzan a ponerse como piel de gallina debido a la temperatura tan fría de aquel lugar. Maldije por lo bajo a causa de la sensación friolenta, no debí ponerme aquel vestido. Pero, ¿qué podía hacer? Aquella mañana había despertado en casa de Adam y cuando vi la hora en mi celular casi me caigo de boca.

A pesar de los avances que hemos tenido no puedo darme el lujo de descuidar a la empresa que también depende de mí totalmente.

Aunque me moleste en un principio, después, me comencé a sentir agradecida por aquellos minutos de más en la comodidad de su habitación. Hacia tantas noches que no dormía tan cómoda y confrontarte. Hacía tanto tiempo que unos brazos, que una piel, que una cama me hacía sentir tan jovial y fresca.



KatheHerrera__

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En el texto hay: traicion, suspenso y romance, misterio y suspenso

Editado: 01.07.2019

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