Zafiro

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Capitulo XLVI

Nota: No me hago responsable de lo que pueda pasar después de aquí. Este capítulo esta que quema y mata de paso, así que...

No es una ternura. 

La sombra:

Estoy tan sumergida en mis oscuros y solitarios pensamientos que no soy netamente consciente de lo que a mí alrededor pasa, y para lo que me importa. Claro, siempre y cuando no perjudique mis planes no me importa lo que le pase al resto de mundo. Total, el resto del mundo no le importa lo que a mí me pasa, porque razón tengo yo que hacer excepciones y detenerme a ver lo que le pase. Por mi... por mi que exploten. Total, hay muchas personas en este mundo.

Llevo la punta del lápiz hasta mis labios y mastico mientras me pierdo en mi refugio clandestino, mi mente. De vez en cuando sonrío, me es inevitable hacerlo. Y más cuando evoco todo lo que he hecho e idealizo lo que estoy por hacer.

Personas pasan de aquí para allá, inmersos en su ensoñación de lo que en verdad quieren pero no puede tener. Yo, de vez en cuando me permito aterrizar en la realidad, en mi realidad nada grata ni placentera; pero solo por segundos. Porque después mis ensoñaciones se apodera de mi cabeza y me es imposible no dar rienda suelta a mi imaginación.

Vuelvo y sonrío en regocijo emocionante.

¿Qué estará pasando por sus mentes en estos momentos? Me atrevo a preguntarme a mí misma. Claro está, una cosa es lo que yo pienso por lo que proyecta cada quien, pero a veces eso no es más que una fachada deteriorada, que con el más mínimo soplo se cae a pedazo. Son máscaras, mentiras. Si sabré yo de lo que es una personas doble clara, ¡no! No te hablo de esas que te sonríen pro delante y destruyes pal voltearte. Esos son hipócritas. Yo hablo de la falsedad, de la maldita pero grata falsedad que todos, sí, todos tenemos. Ella te sonríe por delante y por detrás, y así mismo te apuñala por delante y por detrás. Todos las tenemos, solo que muy pocas personas logran sacar eso de ti, pues ella se esconde muy bien, habita en ti como la voz de tu consciencia, haciendo creer que es buena, que sabe lo que hace, pero no es así. No te confíes de esa, ella falsa y traicionera. Te acompaña y desaparece con lo misma facilidad en como llegó la muy maldita.

Miro a una mujer de mediana edad pasar, absorta de todo, concentrada en una carpeta y miro su cabeza como si pudiera leerla. Su rostro es tan expresivo como sus actitudes y eso me permite, de algún modo, saber lo que piensa; está molesta, las cosas no le han salido como quiere y creo que tiene ganas de mandar todo a la mierda. Mis ojos se van con ella, hasta que dobla y la pierdo completamente.

Vuelve a soñar despierta, mientras hago trazos sobre la hoja en blanco, en ese momento el sonido de un celular inunda mi preciado silencio, busco entre mi bolso y me sorprendo al ver el nombre de él parpadeando en la pantalla, antes de contestar, deslizo con sutileza los estúpidos lentes sobre el puente de mi nariz, miro con disimulo a ambos lados y paso mi pulgar sobre la pantalla del celular una vez confirmando que estoy sola en mi puesto.

Al momento que mi oído hace contacto con el celular, la gruesa y penetrante voz de Schmidt inunda rápidamente mi odio, provocando con todo lo que me cuenta, rabia inmediata.

—¡¿Me hablas en serio?! —pregunto, alterada, apretando el teléfono entre mis dedos.

—Muy en serio —deja escapar un suspiro, para después seguir hablando—. Te dije desde el principio que era una mala idea involucrarla a ella, ¿qué estabas pensando? Ella está fuera de sí.

—¡A mí no me cuestiones! —aconsejo, tajante. Vuelvo a mirar a mi alrededor y le correspondo con asentamiento y una sonrisa a unos trabajadores que pasan—. Necesitábamos un conejillo de indias, y ella encajaba bien para ese puesto. Ahora bien, sabía que le faltaban un par de tornillos a eso que tiene por cerebro, pero no para tanto. Además...

Unas personas pasan por el frente de mi escritorio y yo me acomodo profesionalmente, ellos me miran y yo le sonrío abiertamente en respuesta, mientras que con el lápiz escribo sobre la hoja de antes, simulando que estoy tomando notas de la llamada.

—Además pensé que ella era manejable, pero últimamente está haciendo unas cosas que sobrepasa la locura. ¿Seguro que está loca? Porque para mí es otra cosa. Sabes que me gusta la locura y más si es una que yo puedo manipular a mi antojo, pero esto...esto sobrepaso los limites. Y conmigo eso no se hace.

—¿Qué haremos?

—Yo me encargo —digo—, tú mira a ver si no dejó indicios regados por ahí, y si es así, ya sabes lo que tienes que hacer.

Cuando creo que la llamada ya ha finalizado su voz vuelve a desplegarse, pero esta vez, es más suave y amena.



KatheHerrera__

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En el texto hay: traicion, suspenso y romance, misterio y suspenso

Editado: 01.07.2019

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