Zafiro

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Capítulo XLVIII

Mira que tenemos aquí.

Mientras camino la cuadra restante no puedo evitar refunfuñar y maldecir por lo bajo el frío demoledor que rodea la entrante madrugada. Sin duda alguna el día de hoy  no estuvo hecho para mí, ha sido un día de mierda en todos los sentidos posibles. Y cuando creí que tomaría un respiro del caos que es la agencia, ahora estoy de camino a encontrarme con un suceso que sin duda alguna cambiará el trascurso de la historia que supuestamente estaba a punto de terminar. Este hecho, sin dudar, complicará más la situación. Y lo hará de tal manera, que ahora, de verdad, nos dejará en un callejón sin salida y sin escapatoria.

¿Qué hice mal?

¿Qué cosa estoy pasando por alto?

Carajo, ¡qué! ¡Qué no estoy viendo!

Me detengo en un restaurante a refugiarme del agua que aparece y desaparece cada cierto tiempo, y de paso a ordenar mis ideas para tratar de identificar que estoy pasando por minúsculo que esta estorbado grandemente en la culminación de este caso. Pienso en todo, hasta aquello que encontré insignificante en su momento,  y una historia junto a un dolor llegan a mi mente como película vieja repetida. —No, no lo creo—. Me atrevo a decirle a mis pensamientos. Pero, si cabe la posibilidad de que él...

—No, Adam. ¿Qué cosas piensas contar de buscar una respuesta?

Pero, y si es verdad.

Es verdad que el estrés de todo este enredo, sumado al mal día, junto a que se me daño el carro y me dejo tirado prácticamente en la misma nada; el puto intento conseguir un mísero taxi pero la baja temperatura y la hora se me hizo imposible encontrar a uno; y para terminar de rematar, ahora me encuentro caminando solo, en medio de una oscuridad, que a veces es acompañada por una insignificante luz, bajo un frío aplastante y gotas de lluvia que ahora se han vuelto muy mínimas; me están haciendo pensar cosas extrañas, pero que de cierta manera tiene un sentido que retumba fuertemente en mi interior dudoso de imaginar que tal suceso sea verdad.

Cruzo del otro lado de la acera y sigo caminando con los diminutas gotas de agua que caen de un cielo azul oscuro medianamente despejado, mientras el frío se cuela por mis huesos haciendo que estos se pongan duros y estáticos bajo mi piel. Abro y cierro ambas  manos, trueno mis dedos, para luego guardar mis manos frías en el poco calor que irradia los bolsillos de mi abrigo largo. De vez en cuando inhalo y exhalo el aire helado por mi boca, mientras me encojo lo mas que puedo dentro de la apenas perceptible calidez que tutela mi abrigo negro.

Piso, a propósito, un charco de agua y se escucha al instante un chasquido que colorea el desagradable sonido del silencio de esta calle solitaria y apagada. Hasta a mis pensamientos puedo oír retumbar a plenitud por la ocultación de las voces que descansan: el sigilo se manifiesta, la prudencia reina, el silencio manda hoy como calor en tiempo de invierno, incluso, apenas si puedo ver a mi sombra andar a la par conmigo ya que las bombillas son escasas y apenas alumbran la calle húmeda.

A unos escasos paso para terminar la cuadra restante de su casa, mi oído escucha murmullos, los cuales se hacen más audible a medida que mis pies avanzan por la acera y termino la cuadra. Al instante mi visión es opacada por movimientos y mi audición por sonidos inatendibles. Enfoco mi vista entre la multitud curiosa que rodea la casa, los policías intentan hacer su trabajo y de la forma más calmada hacen que estén lo más lejos posible de la cinta amarilla que indica que en ese lugar su cometió un crimen. Dejo salir un suspiro y un hilo frío sale de mi boca como si estuviera fumando un cigarrillo. Termino de llegar y escucho atentamente los comentarios de la personas, sobre todo de aquellas que parecen que tiene mucho que decir.

—Yo escuche un grito desgarrador, fue horrible —admite una mujer hacia un hombre que la mira con atención.

—¿Qué me dices a mi mujer?  —Un señor que rodea en los 40 o quizás un poco más se inmiscuye en la conversación de la pareja que está a mi lado—. Todo fue muy raro. Yo también escuche el grito, pero después pusieron música muy alta y pensé que no era nada, ya sabes, cosas de los muchachos jóvenes de hoy en día.

—Pero esa niña no es de ese tipo —afirma el hombre que está al lado de la mujer.

—Ella nunca dio ningún tipo de problemas —asegura la señora en apoyo al hombre.

Eso es la raro, ¿por qué a ella?

—Yo vi a un hombre entrar —comenta una chica joven a otra.

—Sí, yo también. Y no es la primera vez que lo veo por aquí —le responde.

Un hombre, y no es la primera vez.

—Yo escuche que el viejo que recoge la basura dice saber quien fue —señala un hombre que está en tratando apenas en los 30 a una joven que mantiene aferrada a su cuerpo.



KatheHerrera__

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En el texto hay: traicion, suspenso y romance, misterio y suspenso

Editado: 01.07.2019

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