Zafiro

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Capítulo L

Ellas mueren el corazón

Si las letras de un poema pudieran salir bailando de las hojas en las que fueron escritas con pasión, de seguro al ver lo rostro sorpresivo de Simone, chillarían de espanto y volverían a colocarse de manera armoniosa y fluida en su lugar como el poeta quiso desde el principio que estuvieran: calmas, fluidas, tranquilas y confiadas.

—Tú... ¿Mataste a Carola? —pregunta, como fiera hambrienta acechando a su presa, calmadamente.

Mi mirada dispara directo hacia Simone.

Una ligera pero perceptible duda cruza por el camino profundo de su mirada, y no la culpo de ello; razones y ganas exprese una que otra vez. Pero soy como aquel viejo refrán: Perro que ladra no muerde. Bueno, por lo menos no la mordí de aquella manera que había recreado una y otra vez en que la desesperación cruzo por mi cabeza.

En el fondo creo que existe justicia, sea cual sea, la humana o la divina...Pero existe.  

Lastima y pena siento de aquellas seres que creen pueden huir campantes y sin remordimientos alguno. Es estúpido, eso es la verdad. Nadie se escapa de las cosas que hace en el mundo, buena o mala acción, no se puede escapar del después, aunque se crea lo contrario. De alguna u otra manera la vida misma se encarga de devolver de a poco o de a mucho todo lo que dejas en ella: te lo devuelvo, te lo tira, te lo restriega, te lo grita y no importa el cómo, dónde ni mucho menos cuando, lo hace y punto. Y ahí, cuando llega ella a saldar sus deudas, si, aquellas que creías no tener, te das cuenta que de la acciones hechas en esta vida, no puedes escapar ilesa mente.

Ella, la vida, como la sádica o piadosa que puede ser, te da lo que mereces, y por eso no hay que tentarla ni mucho menos jugar con aquel fuego atrayente como el canto de una sirena. Porque una vez que pruebas de su fuego musical, la salida no existe más. Te atrapa en sus engañosas redes y te utiliza como títere, te convertirá en su pinocho, y no, no te hablo de aquella marioneta que supuestamente no puede mentir ya que le crece la nariz, ¡no! Te hablo del muñeco que serás, el cual, con hilo invisibles para ti, manejara a su antojo y a su gusto.

No serás más que eso... Si te dejas.

Ahora bien, muchas veces no es de nuestro agrada el como acaba sus últimos instantes una persona, a veces hubiéramos preferido que sufra un poco más o quizás con la misma intensidad que nos hizo daño y heridas incurables. Pero si vemos en la forma como quedó y luego como quedamos nosotros —claro, si fuiste de aquellos que no se dejo titeretear por los hilos de la vida y si fuiste de aquellos que cortó de raíz y decidió tomar sus propios hilos y manejarlos a su antojo—, y  ponemos todo ese peso en una balanza, el resultado de la realidad es como probar la miel.

Gente mala existe y siempre habrá, depende de uno mismo dejar que ellos hagan de su maldad nuestra vida.

Desde el día uno supe que no quería un infierno de vida, sabía que no tendría el cielo tampoco. Pero estar entre los dos mundos y hacer que el paraíso crezca más que las llamas del calor, era una labor que me propuse, no como meta, más bien como realidad.

—¿Baermann? —Llama Adam, haciéndome regresar.

No, no lo hice. Pero como me hubiera gustado, aunque sea, haberlo provocado.

—Me hubiera encantado decirte que sí, que si fue yo. Pero no, no lo hice. —Su cara muestra un cierto alivio al escucharme. Pero no puede evitar quitar de su rostro aquella emoción, que en vez de eso parece un órgano más en su rostro; la confusión es habitual y  parece nunca irse de nuestro lado.

Me atrevo a mirar a Adam, quien desde el primer instante se mostró impenetrable, lo ínsito con un movimiento de cejas a decir o mostrar algo más que aquella frialdad en la que vive. En respuesta,  deja salir el aire que había retenido por los segundos que dure en dar esa respuesta que parecía ser su tabla de salvación.

—No comprendo —habla Simone, llevando sus manos hasta su frente y masajeando—, Dios. Cuando estamos a punto de lograrlo, cuando estamos a instante decir: ya, termino. No, resulta que no. Esta porquería no acaba, al revés se complica todo. ¡Maldición!

»¿Qué demonios quiere? ¡Qué quiere! Antes no era normal, lo catalogue como anormal, pero...¿Existe otra palabra para clasificar toda... ¡toda esta mierda!?

—Sé cómo te sientes Simone, pero desquiciarte no es la solución. Eso es exactamente lo que busca esta persona —Miro a Adam y luego a Simone que está visiblemente alterada ante la situación—: Quiere ponernos más allá del límite, en la nada si es preciso.

—¿Cómo puedes estar tan calmada? —me pregunta mientras avanzamos por el pasillo de antes.



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En el texto hay: traicion, suspenso y romance, misterio y suspenso

Editado: 01.07.2019

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