Zafiro

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Capítulo I

Nueva vida:

 

Todos los días de mi vida me hago la misma pregunta: ¿quién soy en realidad? Y siempre obtenga la misma respuesta. No soy nadie.

Todos los seres humanos vamos por la vida buscando nuestro propio destino, trazando y forjando nuestro camino, para buscar a ese alguien que habita en nuestro ser. Muchos lo logran, otros, entre tanto, viven y siguen tratando de buscar ese ser original que habita dentro de uno. ¿Algún día lo encontraré? ¿Desistiré de buscar? Mi cabeza es un caos total; no tengo un foco, un apoyo, un pilar de donde sostenerme. Lo tenía, pero ya no está aquí a mi lado. Suspiro mientras relajo mis hombros, vuelvo la vista al espejo que me refleja y le sonrió con tristeza.

No me sorprende lo que veo, pienso con desconsuelo.

Sé que la vida cambia constantemente, y a mí me tocó no solo saberlo, también, verlo y sentirlo en carne propia. Mi vida cambió drásticamente ante mis ojos. No sé si para bien o para mal, pero está cambió y lo seguirá haciendo.

Recuerdos fugaces pasan por mi mente haciendo que me estremezca, y de paso que aquella expresión de tristeza se refleja aún más en el espejo. Rápidamente desahogo todos esos pensamientos con una sacudida de cabeza, arregló un mechón de mi cabello castaño que se ha saltado por el movimiento que he hecho y vuelvo sonrió de manera tal, que parezca que estoy condenadamente feliz, como lo he practicado una y otra vez.

—Esta es tu nueva realidad —pronuncio aquella oración tan conocida y repetida, con la misma convicción de ellos.

El chirrido de la puerta hace que centré mi vista a esa dirección y una cabellera voluminosa asoma su cabeza de manera vergonzosa, hago un gesto con la mano para que sepa que puede pasar.

—¡Hey, Luz! —exclama esa frase con una gran sonrisa adornando su rostro. En cambio yo, solo puedo hacer un asentamiento.—Estas hermosa, mírate. —Acomoda ese mechón que nuevamente se ha salido de su lugar.

—Eso estaba haciendo hace unos segundos —sonrío.

—No queda nada de nada de la chica que llegó en mal estado a la clínica. ¿Sabes? Pensé que te perdíamos. No me hubiera perdonado si te hubiera pasado algo —admite eso último con gran esfuerzo. Unas lágrimas traicioneras amenazan con salir y dañar su maquillaje, pero rápidamente abanica su rostro para que estas no salgan.

—Oh, vamos Ava. —La codeo y le sonrío de forma cálida para que sepa que todo está bien.

—No cabe duda que eres una guerrera como tu abuelo. —No pude sostenerle la mirada y la desvié de la suya, enfocándola en un punto de la habitación—. No te preocupes. Sé que te duele aun Luz, es entendible. Es muy reciente su partida. Pero no puedo evitar ver mucho de él en ti y no me refiero a lo físico, sino a tu interior.

—Pone una mano sobre la mía tratando de llamar así mi atención.

—No es fácil Ava.

—Sé que estás asustada, pero eres fuerte y valiente ¿lo sabes verdad? —asiento— Te daré unos cinco minutos más para que termines de arreglarte.

Solo asiento nuevamente y ella comprende mi silencio.

No es fácil lo que está por venir; yo lo sé y ella también.

Respiro hondo y dejo salir aquel aire contenido al mismo tiempo que relajo mis hombros. Camino hacia la cama y tomo el vestido negro entre mis manos, es suave y elegante. Es un color muy fuerte y hace me haga pensar porque lo asocian de manera mística a la muerte. Y no era para menos, este color simbolizaba el misterio puro, así como a la elegancia y hasta cierto punto a la sensualidad.

Hoy es el día, el día por el cual me he estado preparando. Si no fuera por la ayuda de Ava, como la de ellos, nada de esto sería posible. Ava es una mujer maravillosa, que desde que se enteró que venía a tomar posesión de los bienes dejado por Diego Baermann, se ha mostrado muy servicial y amable conmigo. Había escuchado hablar de ella en unas cuantas ocasiones: Diego siempre se expresó con respecto, amor y admiración. Si no fuera por su atención después de ese accidente, donde perdió la vida él y... Mi amiga, no hubiera podido hacerme cargo de el gran emporio Baermann.

Fueron meses lo que tuve que esperar para poder recuperarme y para poder integrarme nuevamente a la sociedad. En esos meses cambie, no soy la misma. Y es por eso que en mi cabeza ronda esa maldita pregunta ¿quién soy en realidad? Soy eso que vi en el espejo o soy eso que se me ha impuesto ser.

Con ella en la cabeza, me quito el albornoz que cubre mi cuerpo. Ni me inmuto en mirar al espejo mi cuerpo desnudo, solo pase uno de mis dedos por una de las pequeñas cicatrices que quedaron en mi cuerpo, cada una de ellas me recuerdan el motivo por el cual decide recuperarme, me recuerdan que tengo una necesidad, me hacen rememoración de que tengo una misión que cumplir.



KatheHerrera__

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En el texto hay: traicion, suspenso y romance, misterio y suspenso

Editado: 01.07.2019

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