Zafiro

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Capítulo III

 

 

Cambio de planes:

Respiro hondo y la presión en mi pecho se incrementa a medida que avanzo por el frío lugar. A mi paso observo a la gente que como yo, vienen a recordar y dejar flores frescas aun lado de las lápidas a sus seres queridos. Aquella apreciación del momento se formó en ahogo, en una sofocación que no tan solo me dejaba sin aliento, también, me carcomía de a poco por dentro. Me detuve en frente de las lápidas, cerré mis ojos y deje salir aquel nudo que se formo en mi garganta.

Que difícil se me está resultando todo esto. Quiero hacerlo porque más que una obligación es una necesidad. Es una misión no solo para conmigo misma, también para ellos... estos que yacen bajo la tierra. Al igual también para con aquellos que corren el peligro y para los otros que perdieron la vida a manos de ese criminal, que desde su aparición solo ha marchitado todo a su paso, como el sol sofocante en el desierto.

Una lágrima resbala por mi mejilla y no hago nada por detenerla. Me dejo caer en la hierba con pesadez y acarició la lápida donde está escrito un nombre que no pertenece al cadáver que está sepultado. Suspiro y otras lágrimas salen. De la misma forma acaricio la otra lápida. Mis dos brazos estaban tendidos hacia las frías cerámicas y las apretaba como si pudiera sentir sus pieles entre mis brazos, acariciando aquellos nombre y más lágrimas descienden por mi rostro, como cascada desbordada.

Tomo una bocanada de aire para recuperar un poco de compostura. Quito las flores marchitas de ambas lápidas y pongo las frescas en su lugar.

—Cómo cambiaron los roles — le digo a la fría lápida de ella.

Los recuerdos de aquel fatídico día hace rememoración una y otra vez en mi mente. Nunca pensamos que ese momento sería el último que nos volveríamos a ver. Por lo menos tengo la certeza de que ella sabe que la quise y la querré por siempre. Más que una amiga fue esa hermana que nunca tuve; cómplices de mi locuras, secuaz de la vida y participe de las tracciones. Al igual Diego, a pesar de las cosas que he descubierto, no puedo reemplazar el cariño que sentí y aun siento por él. Yo sí creo que conocí al verdadero Diego Baermann, y a pesar de todo lo que sé, no puedo reemplazar esto que siento por otro sentimiento.

La brisa golpea mi rostro de manera fresca, y sonreí con amargura, como si de alguna manera pudiera sentir su energía.

—Pagará — afirme con total seguridad —De eso no tengan dudas. Miro alternamente ambas lápidas.

Antes, si me hubieran dicho que acabaría así como estoy ahora, me hubiera reído en su cara. Soy fuerte de eso no tengo duda, pero...¿valiente?. Ahora es donde yo estoy describiendo cosas de mí que ni un millón de años pensé tener; coraje, valor, brío e intrepidez. Son elementos que salen ahora de mi ser.

Tengo los motivos para tenerlos.

Seco mis mejillas y la sombra que cubre mis ojos apareció nuevamente, como si de una tormenta a punto de llover y romper el cielo estuviera a punto de atacar. El carácter que a la largo de este tiempo estuve forjando volvió intacto como lo construí una vez. No es fácil llevar esta máscara todo el tiempo, pero es la que necesito para afrontar lo que está al doblar la esquina.

No hay marcha atrás, es una decisión tomada.

Es ahora o nunca.

—Lo encontraré y juro que acabaré con su desgraciada existencia.— les dije a ambas lápidas desde mi altura.

Cubrí mis ojos con las gafas oscuras y camine hacia las afueras del cementerio sin mirar una vez para atrás. Esta no fue una despedida, es solo un hasta luego.

 

La puerta a mi derecha se abrió, dejándome saber que llegué a mi destino La casa de los Baermann, mi casa. Camine con paso ligero pero decidido hacia la puerta principal, inhale y exhale. Iba a girar el pomo pero la voz de Ava hizo que me detuviera.

—Luz, déjame entrar y preparar...— la corte en el aire.

—No hay que preparar nada. Ellos ya saben quién son yo y estoy aquí por es mi derecho, yo al igual que ellos soy una Baermann— las palabras salieron tan rápido y de forma dura, que hasta a mí me impacto que lo dijera con tanta convicción.

Ava mi observa a través de sus gafas negras con sorpresa. Deja caer sus hombros y la comisura izquierda se elevo hacia arriba.

—Bueno— se encogió de hombros — Están en el jardín desayunando.

Gire definitivamente el pomo de la puerta y entramos ambas hacia el interior de la casa. Ayer todo era esplendor por la fiesta de compromiso, pero hoy la casa estaba renovada, no había rastro de que ayer hubo una gran fiesta y un atentado. Mi caminar resonaba por todo la estancia, mis pasos eran audaces y así recorrí la casa antes de llegar al jardín.



KatheHerrera__

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En el texto hay: traicion, suspenso y romance, misterio y suspenso

Editado: 01.07.2019

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