Zafiro

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Capítulo VII

Un segundo de ventaja:

Su respiración chocaba mi nunca de manera calma, era como si no hubiera hecho el más mínimo esfuerzo. Al incremento de los segundos así mismo lo hacía la presión de la pistola en mi costilla, hice una mueca por la punzada, pero no me moví ni un centímetro. Con calma bajé el brazo y apreté la gema entre mis manos.

—¿Y si no quiero?—cuestione con soberbia.

—Créeme que quieres hacerlo— se acercó más a mí, a tal punto que podía sentir su duro torso y el aire cálido de su respiración— Nadie, pero nadie, se mete con lo mío.— susurra en mi oído provocándome un cierto escalofrío por la profundidad de su voz.

Su voz... taladraba mi mente, la había escuchando.

No había tiempo para pensar y ya lo tenía donde quería. Con un movimiento rápido me volteó, él era más alto que yo, por tan solos unos cuantos centímetros. Alce un poco más el rostro y solo me encontré con una mirada azulada profunda. Era la confirmación a mi sospecha. Era como estar frente al mar, lo azul de su iris, transmitían una tormenta intensa y apabullante. Su mirar parecía un torrente azulado desbordado agua intensa por doquier.

No pude ver más allá, pero no hacía falta alguna. Lo vi unos segundos para grabar su cara y la descripción que tenía de él, era muy detallada. Su cara estaba cubierta por un pasamontañas que me impedían ver más allá de sus ojos sorprendidos, ya sabía quién era yo.

—En eso te equivocas— nuestras miradas mantenían una contienda y sin duda alguna ningunos de los dos estaba dispuesta a perder. Lo podía notar por la ferocidad de su mirar. —Siempre hay excepciones. Y esa excepción, soy yo. —le informe, y una sonrisa de vanidad se formo en mi rostro.

Un segundo de con función paso por su cara y fue el justo para inmovilizarlo.

Nunca le des un segundo de ventaja a tu contrincante, pues un segundo basta para cambiar el curso de todo una vida.

—Nunca me des un segundo de ventaja—dije en muy cerca de su oreja—Nadie, pero nadie, me da órdenes—contraataque con su misma frase.

—En eso te equivocas preciosa. Nunca digas nunca.

Con un movimiento bien ejecutado y profesional, se deshizo de mi agarre y me tumbo al suelo, arrancando de mi un grito de sorpresa.

—¿Recuerdas? Siempre hay excepciones— respondió con la misma frase que yo le había dicho.

Trate de levantarme del suelo pero él lo impidió agarrando uno de mis pies, me arrastró hasta llegar a él. Traté de deshacerme de su agarre, pero como era de esperarse, él no sólo era más alto, también, más fuerte que yo. Se posicionó entre mi piernas y con el resto de su cuerpo aplastó en el duro piso el mío. Con sus manos presiono las mías elevándolas hacia arriba de mi cabeza.

Nuestro rostros estaban sólo centímetros uno del otro. El podía sentir mi respiración agitada por el forcejeo y yo podía sentir la suya también. Su pecho subía y bajaba encima del mío. Al compás. Su mirada azulada estaba más profunda, ahora que podía verlo con más claridad y cercanía, como hace apenas unos pocas horas.

Iba a responder a su desfachatez, cuando un exuberante ruido hizo que enfocáramos nuestras vista y atención hacia la puerta.

—Maldición—gruñó.

Voces se escuchaban al igual que pasos en la lejanía. Una sonoridad conocida se hizo sentir dentro de las cuatros paredes. Seraj dejó su agarre y la aprensión hacia mi cuerpo. Una oleada de liberación sentí, pero a la vez un tanto caliente y ardido donde había estado este. Deshice de mi mente rápidamente los pensamientos que llegaban a mi cerebro loco, por la excitación del momento. Se dirigió a la puerta por dónde supongo había entrado pero estas ya estaba bloqueada por el código de seguridad con que se manejaban en el salón.

Trate de comunicarme con Ava, pero mi auricular ya no estaba. No tenía tiempo para buscarlo, tome la gema y la guarde con el resto. Me subí encima de la pequeña columna y forcejee la entrada de un conducto, tire la tapa al suelo y antes de salir mire hacia atrás y vi como Seraj me sostenía la columna para que no cayera de esta. "pronto te enganchare las esposas". Me impulse con las manos hacia adentro del conducto .

Las puertas estaban siendo forzadas para ser abiertas y en un pestañeo ya tenía a Seraj enfrente de mí. —¡Rodeen el área!— gritaban. Ambos permanecimos dentro del conducto por unos cuantos minutos, hasta que la voces en el lugar ya no se escuchaban. Al mirar a Seraj este me miraba sin disimulo alguna, eleve una de mis cejas y este siguió igual. Resople y comencé a gatear hasta la salida.



KatheHerrera__

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En el texto hay: traicion, suspenso y romance, misterio y suspenso

Editado: 01.07.2019

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