Zafiro

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Capítulo VIII

Lo mejor de lo mejor: 

La escasa luz de la luna iluminaba con su claridad la oscuridad de la sala. Desde mi asiento, veo como ella bañaba con su luminosidad todo rincón oscuro del lugar, a excepción de mi lado. Aun seguía oscuro, tanto, como el cielo que acompañaba a la luna. ¿Cómo podría complementarse la luz y la oscuridad tan bien? Me inclino hacia delante, dejo el vaso encima de la mesa y tomo mi laptop.

—¿Cuál es mi siguiente movida? — pregunto, una vez la computadora carga completamente y busco la carpeta del caso.

Leo los apuntes y cosas nuevas se han ido agregando a mi lista, y nada de lo que veo me gusta. No tenía planeado hacer esta movida hasta un momento prudente, pero por lo que veo, tendré que actuar más cerca de ella de lo que me hubiera gustado hacerlo. No confío, algo en ella me hace no confiar y me dejaré guiar por mi instinto.

Agotado, dejo la laptop a un lado y me dejo caer en la cama. Estos últimos días no han sido para nada fáciles, todo fue muy abrumador, desde el dia que volvi a pisar esta ciudad. No pensé, ni un millón de años, volver. Pero la vida siempre se las juega, de alguna u otra manera, lo hace, siempre hace que uno vuelva hacia su pasado, por más malo o bueno que haiga sido.

Mi mente era una tormenta agresiva, no dejaba de maquinar y pensar, no tenía ni un puto minutos de paz. ¡Demonios! Tengo que acabar con este encargo lo más pronto posible. Estar en este país, solo me hacia descontrolarme, atormentarme hasta el punto de no poder pensar en paz y con claridad. Lo sabia, sabia que esta porqueria me pasaria. ¡No! No puedo dejar que esto me domine, no otra vez. Tengo que dejar de lado mi pasado y concentrarme en el ahora.

Con los ojos cerrado y con el pensamiento de que tengo que acabar lo más rápido posible con esto me quede dormido de poco a poco.

Ato la corbata negra alrededor del cuello de la camisa, la acomodo bien junto con el saco. Hoy haría una nueva movida, pero ella no puede enterarse, aun no confío del todo en ella. Tomo las llave de mi coche y salgo, dejando tras mío todo lo que me abrumaba y me atormentaba.

Conduzo por las calles de la ciudad y me desvío por un camino poco concurrido, no si antes de haberme percatado que nadie me haya seguido. A medida que me acerba a mi destino no podía dejar de sentir aquella incomodidad, disminuí la velocidad y mis ojos fueron directos hacia aquella zona, estaba limpia y despejada, pero a pesar de eso no podía dejar de ver su imagen ahí, incluso, hasta sentir como aquel olor no se había ido del todo. A pesar de los años, el dolor segui instante, abierto e infectado por la amargura y el dolor que me carcomía.

Acelere y apreté el volante hasta sentir que mis nudillos se tornaba algo blancos por la fuerza bruta. La estela del polvo estaba tras mí y así me acompaño hasta aquel edificio gris, guardado tras los árboles verdes.

Miro la fachada del edificio y recuerdos de toda clases se apodera de mi cabeza, causándome sensaciones variadas en mi cuerpo. Respiro una última bocanada de afuera y acomodo unos de mis gemelos en la manga y, camino con pasos firmes y seguros hacia el interior del edificio. Las personas a mi alrededor observan mi andar con cierta expectación, ¿y quién no? No cualquiera puede ingresar a las instalaciones de la FPA. Mientras camino no puedo dejar de notar los detalles del lugar, todo sigue igual que en las diferentes instalaciones, paredes blancas bañadas con colores que contrastan lo limpio del lugar, para hacerlo más serio y profesional a la vez.

A medida que me acercaba a mi unidad siento como la ansiedad comenzaba a jugar conmigo, pero la aguante y la disfrace con semblante duro y temible; mi coraza. Me detengo enfrente de las puertas cristalina, respiro y antes de introducir el código, llevó una mano hasta mi saco y quieto el botón del medio. Miro de reojo y veo como uno de los agentes viene hacia a mí a gran velocidad, está a solo pasos de mí. Alzo la mano y antes de poner el primer dígito la mano ruda del agente me lo impide.

—Hey, ¿qué cree usted que está haciendo? Disculpe, pero usted no puede entrar aquí —me deshice de su agarre y acomode la manga arrugada de mi traje, donde el agente Schmidt me había tomado con firmeza.

—Tranquilo agente. Y respondiendo a su pregunta, voy a poner el dígito para entrar a mi oficina. ¿Acaso no puedo?— dije con tono pausado y calmado. Su rostro se torno incrédulo y era lo justo, nadie, a excepción del agente Penz, sabía de mi llegada y espero se quede así por un buen tiempo.

—No, no entiendo.

—Eso se nota agente Schmidt.— le digo mientras pongo los dígitos— Soy su jefe o como ustedes me nombran...El oscuro— como era de esperar su rostro se contrajo y con la mirada se disculpó. Las grandes puertas se abrieron para ese entonces.

Solo el personal autorizado podía pisar esta área de la agencia. Camine hacia el fondo del pasillo donde estaba mi oficina ya restaurada y preparada para mi llegada. Detrás mío venían el agente Schmidt y el agente Penz, él cual se había unido a nosotros cuando me vio pasar por su área.



KatheHerrera__

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En el texto hay: traicion, suspenso y romance, misterio y suspenso

Editado: 01.07.2019

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