Zafiro

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Capítulo XI

Guerra avisada no mata...

Como dice mi gran inspirador; vamos por partes.

¡Vamos! ¿Qué significa una persona menos en este planeta? Uno menos…Ellos, los elegidos por mí, no son tan afortunados como lo seré yo.  Se que moriré, como ellos, pero la diferencia está, en que yo sé exactamente cuándo. Pero, principalmente ella…ella me ha dado el tiempo para poner mis asuntos en orden. Acomodarlos como si fuera un juego, ¡sí, eso! Un juego, mi juego.

Eso, ¿me hace ser una persona demente? Muchos, qué digo muchos, solo los que no conocen el deleite de tener una vida en sus manos, como yo lo experimente, me considerarían una persona demente. Otros, que como yo, han tenido el placer de experimentar aquel placer, saben que en realidad deben considerarnos como excéntricos, si, esa es la palabra que me definiría muy bien.

No soy una persona demente, solo soy un ser excéntrico.

¿Porque no soy demente?

Por qué lo digo yo. Además, yo no tengo  un desajuste de la razón, o como la gente común y corriente le llama; locura. Mi mente está centrada y equilibrada. Que disfrute de ver la sangre brotar y escuchar el última latido de los corazones, no me hace un demente.

Ahora, ¿Porque si soy un excéntrico?

Porque tengo una personalidad extravagante, lo mío va más allá de lo que las personas puedan pensar. Mi comportamiento es muy normal,  bueno, de vez en cuando tiene algunas variaciones, nada de qué preocuparse, ya que es compartido por la sociedad. A ellos le gusta mi excentricidad, ya que le gustan jugar conmigo.

Una risa brota de mi, sin que pueda evitarla. Rio, rio, rio y rio hasta que lágrimas amenazan con salir. Rio, porque no me queda de otra. Rio junto a mi fiel compañera, la que desde que mis ojos se abrieron por primera vez fue la única en hacerme ver que la vida esa una perrada; mi amiga la soledad.

Ella, mi una acompañante.

Es la única que entiende mi mente, porque muchos de los que están allá afuera no me entienden. ¿No entiendo por qué? Tal y como lo vengo suponiendo desde hace años, nunca serán capaces de hacerlo. Yo estoy más allá de lo que su diminuto cerebro puede crear. Estoy más allá del bien y del mal...Yo, soy al hoyo negro y sin fin. Nada, más que mi llevar a cabo lo que quiero, me saciara.  

Yo quiero y necesito de sangre, así como los drogadictos de su marihuana.

La sangre, su olor, se textura, incluso, hasta su sabor, me hacen ir hasta el paraíso.

Dejo caer mi cabeza en el sillón de cuero y giro sobre ella, donde un recorrido por toda la habitación y, disfrutando de las  vueltas y vueltas. Me hacía recordar a mi infancia, aquella que siempre estuvo marcada el silencio y la soledad. La misma que no pude disfrutar a plenitud, como hubiese querido. Yo quería una como las de mi compañeras, con papas.

¡Pero, no! Tuve que conformarme con ver desde aquel columpio oxidado , la felicidad ajena. Pero, por lo menos, aquella infelicidad la compartía con... ella.

¡Maldita sea!

¡Hasta la soledad tuve que compartirla con ella!

—Hasta eso compartí contigo— digo a la nada— Pero ya no más. No quiero compartir mas nada contigo, ahora iré por todo e incluso por ti. Y pagaras, pagaras.

Ya me encargue de Diego, él, fue la primera persona que taché de mi lista. Ya estaba viejo, había vivido demasiado. Además, si lo hubiera dejado con vida, no me hubiera podida hacerme tanto como lo estoy. No fue fácil, una vez me asegure de matarlos y que ella se quedara viva, tuve que hacer un cambio radical en mi apariencia. Me introduje en aquella familia como la neblina y los hice confiar en mí, tanto que no toman una decisión sin mí, y así seguirá siendo hasta que yo lo decida.

La puerta se abre de manera sigilosa, aquel hombre asoma su cabeza y me indica con la mirada que ya es hora. Asiento y miro el reloj que cuelga sobre la puerta, y solo faltaban minutos para dar mi segunda movida.  

Con la satisfacción sintiendola correr como si fuera mi propia sangre, tome mi abrigo y me cubrí con el. Al salir la puerta trasera del vehículo estaba abierta, entré y al cerrar la puerta, el vehículo arrancó a gran velocidad. La hora era la adecuado, el tráfico era fluido y eso me permitirá llegar en el momento justo, estaba a menos de 35 minutos del hotel donde ella estaba.

Volveré a mover mis fichas.

El vehículo se detuvo en una esquina prudente, antes de pisar un pie afuera, tome el líquido y lo guarde dentro del abrigo.  La noche era pesada por la brisa que circulaba por las brisas calles, el mismo se combinaba con el humo del cigarrillo que exhalaba por mi boca.  Al llegar frente al hotel, barri con mi mirada la zona y todos está despejado. Antes de cruzar, fume la última colada, deje caer el cigarrillo y lo aplaste con mi pie. De el otro bolsillo saqué un juego de guantes negros y cubrí mis frías manos.



KatheHerrera__

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En el texto hay: traicion, suspenso y romance, misterio y suspenso

Editado: 01.07.2019

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