Zafiro

Tamaño de fuente: - +

Capítulo XII

No mata soldado...

Sus cejas están arqueadas hacia arriba en espera de una respuesta, sus brazos cruzados sobre su pecho y aquel semblante de autoridad intacto. Pero yo aun no podía emitir palabra alguna, todas estaban estancadas en mi garganta.  Sin palabras, así me ha dejado este hombre. ¡¿A qué está jugando?!. ¡Pero, claro! Esto era parte de sus estúpidas pruebas. Él sabe parte de mi pasado y cómo está vinculado de manera directa a los Baermann, más a Diego.

Solo podia tragar mi propia saliva, por que de esta manera era la que me aseguraba que de alguna u otra manera me estaba tragando todo lo que tengo  atorado en mi garganta, porque si digo algo, se que soy capaz decirle de más, y no lo puedo hacer...cierto limites tengo. Es mi jefe él que tengo enfrente, él cual me ha tendido una trampa para probarme. Pero recordar todo lo el tiempo perdido en él y no en el caso, hace que ahora el nudo de mi garganta se torne de frío a caliente, es como un fuego desatado que me recorre y quema a su paso.

Las puertas del ascensor se abrieron nuevamente y por ella entraron los agentes Penz y Schmidt, ambos con su respectivos semblantes implacables. Penz, mientras caminaba hacia nosotros se quitaba unos guantes de lana negros y los acomoda en la parte trasera de su pantalón. Schmidt, mientras tanto, sacude unas cuantas gotas de su abrigo. Al llegar, ambos se colocaron a la par del "jefe"  y fue ahí donde termine de reafirmar que no era una broma y era cierto.

Baje mi mirada hasta la de mi jefe y nuestras miradas desataron ese juego de quien puede más. Lo miro y analizo su descarado semblante ¿de qué se trata todo eso? ¿Porqué perder el tiempo en todo esto, cuándo lo podemos invertir en el caso? ¡Pero no! ¡El señor prefiere hacer juegos de cazar, al estilo del ratón y el gato! Eso es lo que tiene que ser, una condenada broma. Achine un poco mis ojos y mordí mi mejilla interna, conteniendome de decir lo que por mi cabeza se está maquinando.

Lo único que se interponía entre él y yo era el pedazo de isla. Me acerque tan solo un poco, dejando el perfecto espacio donde no pudiera sentir de lleno su olor corporal, pero el justo para sentir su penetración a través de su glacial mirada.

—Usted sabe que rebaso los limites con todo esto, ¿cierto? —las palabras salieron domables, pero con este toque de ira al final, toda una oración susurrada.

Así como me acerque él hizo lo mismo, pero un poco más, llegado al punto donde no quería que llegar. Las puntas de nuestras narices chocaban y su respiración calma se mezcla con la mía que está intranquila.

—En este trabajo no hay límites agente.— finaliza con una sonrisa ladeada.

Me retiré de esa posición incómoda lentamente, pero sin cortar con la mirada. Su ojos, era la perfecta combinación de calmado con el toque de intranquilidad. Era un torbellino que subía y bajaba, y con ella me está comenzado a arrastrar..

—Yo no soy una delincuente y mucho menos una traidora… si era eso lo que quería comprobar.— lo rete.

— Y yo tenía que comprobarlo— su posición  seguía siendo la misma.

—Ahora ya lo sabe—pronuncie las palabras entre dientes.

—No me esperaba menos de usted. Es una mujer que se arriesgada y va por todo, sin importar quemarse en ello.

—Es mi trabajo señor.— dije incomoda, pues sus palabras tienen ese doble sentido que capte al instante.

—Su trabajo… bien hecho su trabajo.

Un sonido hizo que ambos dejáramos de mirarnos y prestaremos atención a otro punto, en el fondo lo agradecí, pues el calor que tenia en mi garganta se estaba esparciendo por gran parte de mi cuerpo. El agente Penz nos observaba con una mirada extraña, acompañada de una sonrisita. Por su parte el agente Schmidt, se mostraba igual a como había llegado; implacable, sin ninguna expresión en su rostros, más allá de la mirada fría que siempre lo acompañaba.

—Agente, mañana tiene que presentarse en la agencia y llevar las gemas como el dinero—dice el agente Schmidt—Nosotros nos encargaremos del resto.

—Luego tienes que pasar por mi oficina, tengo nuevos datos e informaciones nuevas...

—¿Informaciones?—interrumpe el agente Schmidt al agente Penz— ¿Por qué no me dijiste?

—Se supone que yo trabajo en homicidios y tú— lo señala—En narcóticos ¿qué tiene que ver esto contigo?

—Somos un equipo.— dice de manera seca.

—Mañana estaré ahí—dije en dirección a Schmidt—Luego me pasare por tu oficina—dije en dirección a Penz.

Tratando de amortiguar un poco la incomodidad instalada.

—Y luego a la mía.

—¿Para qué?— dirijo mi mirada hasta donde estaba mi jefe y este no dice nada. ¡Me enferma! Al final termine pidiendo disculpa por mi tono y diciendo que si.

—Pueden retirarse— ordenó.

Cada uno de los chicos comenzó a irse, unos cuantos por el asesor y otras por la escalera de emergencia. Camine hacia una esquina opuesta en espera de que subiera el ascensor, ni loca bajo eso escalos con estos zapatos, ya de por si tengo un dolor insoportable en la planta del pie. Al ver que el jefe se acerca, giro sobre mis pies directo al ascensor y marco el botón para bajar. Unos cuantos segundos más y las puertas se abrieron, me disponía a introducirme en aquel cubículo pero una fuerte mano me lo impidió.



KatheHerrera__

#3725 en Thriller
#2125 en Misterio
#1637 en Suspenso

En el texto hay: traicion, suspenso y romance, misterio y suspenso

Editado: 01.07.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar