Zafiro

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Capítulo XII

Sospechoso a la vista: 

Llevo una de las manzanas verdes que reposaba junto a otras frutas hasta mis labios, le doy un gran mordisco y  mientras disfrutaba de su textura y su sabor deje caer mi cuerpo sobre una de las sillas del comedor, en ese momento veo como David entra con un semblante duro, al percatarse de mi presencia, camina hacia mí y toma asiento a mi lado, me sonríe y toma un plátano maduro del cesto y comienza devorarlo. Su cabello castaño con ciertos matices de rubio están peinados de forma elegante hacia a un lado y la barba descuidada que tanto lo caracteriza se había ido por completo de su rostro, ahora tiene una cara más jovial y fresca, parece un niño bueno. No solo era la falta de aquello, también, iba vestido de forma elegante. Aquel traje azul marino hacía resaltar la dulzura de su mirada.

Por lo regular, David, reflejaba cierto aire de calma. Pero ahora deja ver otro lado más maduro el cual es  muy poco usual en él.

—¿A dónde tan arreglado?— le pregunto de reojo. No es que siempre estuviera bien vestido, pero su forma de vestir siempre ha sido más casual que formal, a menos que haya algún evento.

—A la empresa— dice con pesar.— Papá me hincho la oreja con que tengo que estar más presente en los asuntos de la empresa y todas esas estupideces— rio ante el tono que utilizo, tan solo hacerlo me imaginé aquella escena al instante.

David, no es muy devoto de la empresa, nunca ha mostrado gran interés por ella, pero cuando se le requiere él hace lo posible por estar y apoyar, a su manera, pero lo hace. Según él me ha dicho, su mundo es la libertad, no las ataduras que tiene una silla y más la silla de la empresa Baermann.  David y Donovan, son polos muy apuesto, si no fuera por su cierto parecido, se puede poner en duda su paternidad.

David, es calma pura.

Donovan, es el dominio puro.

Donovan es un hombre que no solo refleja autoridad, él es la autoridad hecha persona. Es cierto que son pocas las veces que hemos coincidido, pero fueron suficientes para darme cuenta de su verdadero carácter. Desde que llegué a esta casa siempre se ha mostrado de esa manera, ni una variación, aparte de ser una persona muy silenciosa. Puede que no esté mucho tiempo en la casa y que en ocasiones no se sepa de él por días, pero al final de cuentas, siempre vuelve y retoma todo con normalidad. Parece ser que nada lo altera o mortifica, algo en común con David. Nunca he visto que alguien le cuestione algo aquí y no creo que lo hagan. Independiente de mostrar en algunas ocasiones su falta de interés hacia la familia, siempre se mantiene  pendiente de los asuntos de la empresa. Puede que no sepa mucho de la familia, pero de la empresa Baermann si que sabe. En esa área no se le puede cuestionar, pues su trabajo siempre se ha mostrado impecable y a pesar de no estar tan presente en ella físicamente, desde la lejanía busca la manera de hacerlo.

—¿Has visto a Deborah?.

— Antes de venir por acá, pase por su habitación y estaba durmiendo— dice. Se para y acomoda su saco y vuelve y pone cara de amargado. — ¿Y tú, cómo sigues?

—Mejor

—No quiero que te asustes, pero… voy a ir a la policía para que redoble la vigilancia, tanto para nosotros, como para la casa y empresa.

—No estoy asustada— y era verdad, no siento temor por mí, por ellos sí.

—¡Oh, sí! Muy valiente, muy valiente. Choca esos cinco prima— pone su fuerte palma frente de mi rostro y cuando voy a chocarla la quita rápidamente. Este sonríe y niega con la cabeza— Aun sigues cayendo prima.

—Eres un tonto David— le digo sonriendo.

—No soy un tonto, solo soy un ser especial.

—No. No eres un ser especial, eres un tonto.— le saco la lengua —Vete, se te hace tarde para trabajar—le sonrió abiertamente y él solo puede poner rostro de mala gana, pero poco es lo que le dura.

—¿Qué vas hacer con estos días de reposo? —pregunta.

—Ahora mismo voy hacer ejercicio...no soporto estar más encerrada.— el encierro para mi es claustrofobia, siempre estuve dentro de cuatros paredes, desde que tengo uso de razón. Eran pocas la veces que dejaban salir a alguien de aquel lugar llamado internado, si, eran pocas, pero eran  muchas las veces que yo me escapaba. Correr, ver, sentir el aire era lo que hacía y aún sigue haciendo que mi mente esté centrada y no perturbada por los recuerdos de mi infancia.

—¡¿Qué?! Pero si solo llevas un día fuera del hospital.

—Un día en mucho encierro David.— no dice mas, solo sacude sus hombros y sonriendo se va.

El calor refrescante de la mañana golpea de forma cálida mi piel, cierro los ojos y respiro el aire suave que recorre las calles de la ciudad. La corta brisa abraza mi cuerpo y deja su calor instalado en ella. Estiro mis músculos, me pongo los auriculares y comienzo a trotar como cada mañana.



KatheHerrera__

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En el texto hay: traicion, suspenso y romance, misterio y suspenso

Editado: 01.07.2019

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