Zafiro

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Capítulo XX

Unico y exquisito. 

De espalda a él, mirando por aquella minúscula ventana que tiene aquella habitación, pierdo mi vista en el entorno poblado de aquella ciudad. El sol no esta tan brillan, se está apagando para darle paso a la luna. Respiro con pesadez, cierro mis ojos y entrelazo mis dedos haciéndolos sonar. Sin voltearme a verlo, desde aquella esquina donde me siento protegida, tomo valor para interrumpir aquello que me está diciendo, simplemente ya no quiero escuchar mas, era suficiente, un duro golpe a mi realidad.

—Para... ya, ya no sigas...

Escucho como respira con pesadez, no lo veo, pero imagino como esta su rostro.

—El lo sabia... lo sabía. Sabía que todo esto pasaría y que tú...

Aquello termino de llenarme de rabia y por segunda vez, en todo este tiempo, me atrevía mirarle a los ojos.

—¿Y porque no hizo algo para detener todo este infierno? ¡Es su maldita culpa que todo esto esté pasando! ¡Por su culpa Luz está muerta! ¡Por su culpa toda la familia está en peligro! ¡Él tiene la culpa de las muertes de aquellas mujeres y del dolor de sus familiares! ¡Por su culpa y su maldita cobardía!

—Sabes que no es así...él creyó que podía protegerlos a todos de esa manera.—cierro los ojos y traga saliva para poder recuperar un poco mas de fuerza para continuar con su hablar—Pensó que aquel demonio estaba apaciguado si lo mantenía cerca y complacido, pero no conto con que aquella serpiente estaba maquinando como seguir destruyéndolo en vida, incluso, hasta después de su muerte.

—Yo no lo veo así.

—Eres tan par...

—No lo soy—corte aquella frase repetitiva, cansada de escucharla desde el principio. Thiago sonrió a medias mientras cerraba sus ojos y negaba. —¿Sabes donde esta?—pregunte, para tratar de desviar la atención de aquella conversación a otra, aun que, se, que no podre olvidarla.

—Solo el doble animal sabe.— responde en un susurro.

—¿Y qué diablos es eso? No tengo tiempo para estúpidas adivinanzas.

—Lo único que se es que... es animal dos veces. —repitió nuevamente.

—Esto es estúpido.

—Nadie dijo que seria fácil, ¿acaso crees que un asesino se deje atrapar tan fácil? Y más esa lunática que se esconde detrás de aquella ropa intachable, detrás de sus gafas y aquella sonrisa de amabilidad, dándole a creer al mundo que es una santa con aquel estúpido crucifijo que esconde detrás de sus camisas.

—En un principio le creí e incluso llegue a pensar que solo eran ideas mías. Pero, algo me gritaba que tuviera cuidado a su lado y vaya que no me equivoque.

—Es el demonio hecho persona, te mucho cuidado a su lado. Ella ya sabía quién eras tú al pisar un pie en esa casa y lo peor, es que ella no está sola.

—El diablo nunca actúa solo, siempre necesita de sus ángeles malinos para que ellos hagan el trabajo sucio.

—Y vaya que ella si sabe cómo conseguir a sus aliados. Siempre son las más débiles e inexpertos, lo cuales detrás de eso, tiene un poco de ira guardada. Los manipula, los engaña, los envuelve con su veneno malévolo. Simplemente, ella, es como el fuego; no importa quién eres o seas, si te topa, te consume en sus llamas malditas.

—¿Fue ella?—pregunte señalando las heridas.

Ríe sin humor y niega.

—Como me acabas de decir; el diablo no trabajo solo.

En ese momento la puerta se abre con delicadeza, una mujer entra y chequea los monitores, Thiago no se mueve en absoluto y permanece con los ojos cerrados. Sabía que por aquella declaración que él me acaba de decir, aquella conversación había de terminar ahí. Antes de salir, me giro hacia la enfermera y ella, a través de una sonrisa cálida, me hacía saber que todo está bien, o eso percibía al ver su rostro y sonrisa calma. Al cerrar la puerta tras mi, dejo salir al aire que retuve en aquellos minutos.

Dios mío... Aquello había sido más intenso de lo que había pensado mientras caminaba hacia la habitación de él.

Caminando con pesadez, con otra cruz sobre mi espalda, entro dentro de aquel cubículo metálico, pego mi frente en aquella pared fría y sin cerrar mis ojos, reproduzco en mi mente todo lo que Thiago me acaba decir. Fueron muchas cosas, demasiadas verdades que sabia tenía que comenzar a saber. Muchas son las que cosas que ahora pasan por mi cabeza caótica en estos instantes, una tras otras, sin detenerse siquiera a dejarme asimilar todo aquello, era como el claro recordatorio de que ya no puedo darme aquel lujo. El ascensor se abre y me deja en la última planta, camino hasta una puerta que tiene un letrero que dice EMERGENCIA, al abrirla, el aire me golpeo en la cara de lleno. Lo necesitaba, necesitaba aquel golpe de aire fresco, me urgía quitarme aquella sensación de que me faltaba el oxígeno.



KatheHerrera__

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En el texto hay: traicion, suspenso y romance, misterio y suspenso

Editado: 01.07.2019

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