Zafiro

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Capítulo XVI

Noche larga

Dios mío, mi cuello va a matarme.

Llevo mi mano directo a la zona dolorida y masajeo mientras que con la otra arrastro mi equipaje directo a la salida del aeropuerto. Fueron alrededor de 12 horas de vuelo y ahora mismo siento todo el cansancio de estos días en Brasil batir mi cuerpo de forma abrupta, aunque, a decir verdad, también tuve un momento donde mi cuerpo se relajo al máximo.

Inconscientemente sonrió mientras muerdo mi labio superior.

Ya me es inevitable que mi mente despierte a mis cinco sentidos, están a flor de piel, listo para un nuevo ataque.

Pero eso no podrá ser, eso no volverá a pasar.

Lo que paso, allá se quedo.

Fueron sensaciones maravillosas las que viví debajo de su cuerpo, nos recorrimos y exploramos cada rincón de nuestros cuerpo, no creo que algo haya quedo oculto mientras nos besábamos, nos tocábamos, nos movíamos en ese vaivén, en verdad no lo creo. Tomamos lo suficiente y justo para saciar lo que a nuestros alrededor pasaba, creo que con ese ataque, ambos podemos quedar más que complacido, aunque... en el fondo hay una espino que me hace saber que no es así, todo lo ocurrido fue el botón de inicio, ahora la cuenta es en marcha y a saber cuándo volveremos a explotar, si es que uno de los dos está dispuesto a hablar o actuar.

Somos difíciles, en eso somos muy iguales.

Lo sé y él también lo sabe.

Me lo hizo saber antes de salir de la habitación que fue testigo de nuestro primer encuentro, cuando me tomo de la mano y me tiro encima de la cama, él posicionándose entre mis piernas y presionándose contra mi cuerpo si pena ajena, tampoco yo lo tuve, de mi boca salieron varios gemidos que me era imposible reprimir. La sensación de tenerlo y sentirlo así, simplemente me encantaba pero a la vez me aterraba, por eso hizo acoplo de mi poco fuerza de voluntad y lo aparte y actué con mi máscara, así como el actúo con la suya, porque de eso es que ambos vivimos: de máscaras para ocultar todo aquello que creemos nos puede hacer daño.

Al salir, la brisa nocturna de Berlín acaricia mi rostro, dándome la bienvenida a mi rutina de los últimos meses. Busco con la mirada un taxi, pero al momento que me dispongo a llamar uno, a los lejos veo el cuerpo de Andrea caminar hacia mí con prisa, mi sonrisa se ensancha sin poder evitarlo, va muy con su pijama puerto y se ve muy graciosa, a ella parece no importarle eso ni las miradas de las personas.

—Te queda bien tu mameluco—le digo cuando la tengo envuelta en un fuerte abrazo que ella devuelve de la misma manera.

—Cállate tonta. —replica. —Es que cuando me percate en la hora ya no me dio el tiempo  para cambiarme y ponerme exquisita para venir a recogerte mi amor. —habla agitando su cola de cebra mientras caminamos a la par hasta a su coche.

—Te creo. Mira que estacionar tu coche así, es porque venias deprisa —le sonrió y ella quita el seguro del vehículo —Pero no importa, te vez sexy así vestida de cebra. —rio fuertemente mientras guardamos mi equipaje en la parte tercera de su vehículo.

—Cállate, ya suficiente vergüenza he pasado. —me dice realmente apenada.

—Y yo que pensé que no conocías ese significado Andrea —rio más fuerte mientras cubro mi cuerpo con el cinturón de seguridad y ella arranca el vehículo.

—Regresaste muy graciosa de Brasil, ¿algo que me quieras decir?—la veo de reojo y sus cejas se suben y bajan de forma picara.

—No tengo nada para decirte Andrea.

—Oh, yo se que si —canturrea la frase y termina alargando la i más de la cuenta —Tienes mucho para decirme. Pero no te preocupes, tiempo es lo que nos sobra. —me dice, haciéndome saber que hay una conversación pendiente y que no me libraré de ella hasta que le digo algo jugoso, no tiene porque ser todo, pero si algo, sino, no me la sácere de encima por lo que me reste de vida.

Agradezco infinitamente que en menos de 30 minutos ya Andrea este dejándome frente a la casa de los Baermann. Llegar a casa fue muy rápido, no hubo tráfico a pesar de que es día de semana y la hora es agradable para que todos salgan a disfrutar. Pero en mi caso, solo quiero darme un buen baño y acostarme de una vez, estoy muy cansada y mi cuello duele un montón, el viaje en avión no fue tan agradable como yo esperaba que fuera.

Saco la maleta que me falta y rápidamente una de las chicas del servicios de la casa la toma y se pierde en el interior escalera arriba, mientras yo me despido de una animada Andrea.

—Nos vemos mañana—le digo saliendo de nuestro abrazo.

—Mejor dicho en unas horas, falta muy poco para que sea mañana. —sube un poco las mangas de su mameluco de cebra y mira su reloj de mano.



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En el texto hay: traicion, suspenso y romance, misterio y suspenso

Editado: 01.07.2019

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