Zafiro

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Capítulo XXVIII

Mi talón de aquiles. 

De camino nos dedicamos a ponernos al corriente de algunos asuntos del caso, como también de las grabaciones que tiene de la casa y quiere mostrarme. Andrea está muy misteriosa con ese tema, pero lo dejo de lado cuando me dice que no tiene nada que ver con la sombra. Pero la espina de la curiosidad se queda estancada aun mas, porque lo que sea que quiere mostrarme tiene que ver de forma directa conmigo y con Christopher, según sus palabras.

Guiándome de las indicaciones que me da el GPS, reduzco la velocidad cuando me indica que hemos llegando al destino donde está ahora Roger, el hombre de los correos, tardamos mas en conseguirlo ya que se movió de punto,  pero por suerte Andrea pudo rastrearlo nuevamente y ahora ambas no podemos evitar arrugar un poco nuestra frente y nariz, y sobre todo, ver con sospecha el lote baldío cerca de Meissen.

Estamos sumamente lejos del centro, a casi tres horas y eso porque corrimos con suerte del que transito estaba bastante ligero.

Pasamos por el frente del lote aun dentro del vehículo y vemos una camioneta negra junto a un carro blanco el cual rápidamente identifico que es el de Roger, me inclino un poco hacia adelante y la sensación de peligro se instala rápidamente en mi cabeza. Andrea observaba el lugar  a través de la ventana y después se gira hacia a mí con evidente interrogación en su rostro. Sé que nos estamos haciendo la misma pregunta.

Dejo el vehículo a una distancia  prudente y antes de quitarme el cinturón de seguridad dejo escapar un poco el aire que estaba conteniendo, le hago una seña a Andrea para que salga y comenzamos a caminar directo al lote baldío, con cuidado. Por fuera tiene una apariencia normal y que nada está fuera de lo común, es un terreno rural común y corriente, pero, eso no descarta que en su interior haya algo sospechoso.

Apoyándome con el impulso de Andrea, salto la cerca metalizada de la parte trasera.

—Esto no parece un lugar muy seguro...—me susurra del otro lado.

Y es verdad, huele... se puede oler el peligro desde lejos.

—Voy a entrar. —le digo mientras miro el edificio deteriorado.

—¡¿Qué?! ¡Estás loca! —sus ojos oscuros se agranda en su rostro.

— ¡Cállate! — llevo mi dedo índice hasta mis labios. Ella asiente mordiendo su labio y enredando sus dedos en los orificios de la reja. puedo ver que ella no aprueba esto, pero también sabe que la haré de igual forma.

Miro nuevamente aquella fachada deteriorada, no veo puerta trasera y las ventanas que se ven están muy altas para yo poder escalarlas, ni con ayuda de Andrea pudiera hacerlo. Le hago señas de que voy a acercarme más y otra para que ella se quede afuera y distraiga a los hombres que vimos están en la entrada, sé que no tengo que decirle que hacer, ella es astuta y está preparada.

Removiendo algunos escombros, colchones y basura, me abro paso en el interior del lote abandonado,  un ladrido feroz que no me esperaba hizo que pisara en falso y chocará con mis pies unos tanques de agua vacíos, los cuales rápidamente hicieron el mismo ruido agudo y potente que emite el ladrido de aquel perro, me pongo sobre mis pies y camino por un callejón para esconderme, no del perro Pit Bull Terrier, más bien de la voz que maldice y camina con pasos potentes para ver porque ladra el animal.

—Cállate Bull, ¿no me digas que tienes hambre? No te preocupes, pronto te daré de comer carne fresca. —escucho que lo que dice el hombre y no puedo evitar jadear, porque sé que significa aquello.

El perro deja de ladrar y me asomo con cautela, no los veo, así que asegurándome antes, salgo de mi escondite y camino al otro extremo del edificio por donde creo se han ido, me asomo y noto que es un callejón pero con salida. Tanteo mi espalda y maldigo por no llevar mi arma conmigo, —tocara como los viejos tiempos—. Camino con cuidado de no pisar nada que cause ruido y a medida que avanzo escucho nos jadeos, una maldición y luego un gruñido de placer por parte de un hombre, avanzo un poco y me topo con una ventana, es alta, pero no tanta que me impida ver. Me pongo sobre las puntas de pies, me inclino hacia adelante y con cautela acerco mi cara para encontrarme con la escena que ya sospechaba: Roger, de pie y medio vestido de la cintura para arriba, tanto su pantalón como su calzoncillo están enrollados en sus tobillos. Y a una mujer de cabellera oscura, dándole, por la expresión de su rostro, un buen sexo oral.

—Si...sigue así...—le dice, mientras entierra su mano en la cabellera de la mujer.

Bueno, esto cada vez se pone más raro.

Término lo que me queda del callejón y me detengo cuando veo a dos hombres corpulentos junto a otro, no tan robusto como los demás, que sostiene al perro de hace unos minutos. Saco un poco la cabeza y veo como Andrea entra al lugar despreocupadamente y se dirige hacia los tres hombres, ellos en un principio se ponen en posición pero Andrea pone su mejor cara coqueta y veo que sus cuerpos relajan pero se mantiene atentos, aprovecho esa distracción y entro al edificio.



KatheHerrera__

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En el texto hay: traicion, suspenso y romance, misterio y suspenso

Editado: 01.07.2019

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