Zafiro

Tamaño de fuente: - +

Capítulo XXIX

¿Un día tranquilo? 

—Gracias —le digo a la chica del servicio cuando esta me deja sobre la mesa el desayuno, ella asiente y se retira dejándome sola. Con una mano tomo el periódico y con la otra la taza de café humeante que llevo hasta mis labios mientras mis ojos leen el titular que está en primera plana: Las noches en Berlín, el nuevo escenario para el crimen perfecto. Dejo la taza a un lado y me concentro en la información de la noticia, y a medida que leo, no puedo evitar sentir fastidio ante la situación que hoy en día se está convirtiendo todo esto.

Es una locura, una cruel y verdadera demencia en la que me estoy sumergiendo con el paso de los días.

Dejo el periódico a un lado y tomo la taza, pierdo mi vista en un punto de lo verdoso del césped y las flores del jardín mientras mis labios rodean los bordes de la taza y el interior de mi boca degusta el sabor amargo del café. Mi mente corre a una gran velocidad, tan rápido que no me percato de lo que mi alrededor pasa, solo mis pensamientos y recuerdos esporádicos ocupan mi cabeza. Después de aquel episodio en el lote baldío, mi semana se a convertido en eso; pensar y recordar algo más de lo normal.

No hay problema con mis pensamientos, son los cotidianos, pero si los hay con mis recuerdos, ellos, llegan a mi mente sin permiso y solo me dejan aturdida y confundida, en un principio pensé que solo era producto del estrés y mi imaginación, pero no.

Antes de ayer, a media tarde, cuando regresaba de la empresa, un recuerdo de antes del accidente llego a mi mente y mi cuerpo reaccionó a el. Yo vive ese momento, pero al parecer lo bloquee por el daño tan profundo que hicieron aquellas palabras salientes de su boca a mi corazón. Al principio no entendía aquellas palabras que llegaron a mi cabeza de forma involuntaria, pero ahora, después de descifrarlas como él me había enseñado tiene sentido, uno que me llena de miedo e incertidumbre.

Carola... El botón de inicio de todo esto.

¿Porqué? Esa es la pregunta sin respuesta.

Yo tengo mis propias conclusiones, puede que una de ellas sea verdad como puede que no.

Vuelvo a la realidad cuando siento un golpe suave en el centro de mi espalda, reacciono y dejo la tasa sobre la mesa, David me mira con sus ojos pequeños chispeantes y una sonrisa de boca cerrada, le devuelvo el gesto y después me saca la lengua y me guiña un ojo a la vez, mucho duró su comportamiento de hombre adulto, niego con la cabeza y su risa llena el silencio en el cual estaba sumergida.

—¿A dónde tan elegante? —cuestiono cuando se sienta a la par mía y toma una manzana del cesto que está el centro de la mesa.

— ¿Elegante? Pensé que me veía sexy con este traje. —dice dejando la manzana a medio camino de sus dientes. Le sonrió y lo miro mejor, la verdad es que si, David se ve sexy con ese traje azul marino, pero no se lo diré. ¡Por Dios! Eso implicaría un aumento de su ego, y es muy temprano para soportarlo de esa manera. Así que solo me limito a encogerme de hombros y comer de mi plato. —Eres una mentirosa prima, sé que me veo sexy.

—Sí. Aja. Como tú digas. —le respondo.

—Lo que eres es una envidiosa. —lo miro con los ojos en forma de platos y él sacude de su hombro una pelusa inexistente, no puedo evitarlo, me echo a reír, y él a los segundos me acompaña.

—Puede... puedes que tengas razón. —le digo con sinceridad, una vez he recuperado un poco la cordura.

—Es que tengo razón —vuelca los ojos y después los clava en mi —Estas faltamente demacrada, tienes unas ojeras que te llegan casi al pecho y últimamente te estás vistiendo...— se te tiene y parecer meditar sus próximas palabras, quizás tratando de buscar las correctas — ¿Sin ganas? Claro, si a eso se le puede llamar vestirse. —dice finalmente llevando de nuevo lo que queda de la manzana a su boca.

Si, tiene razón.

Últimamente no he tocado nada de la ropa que me hace ser Luz Baermann, más bien, he optado por volver a mi vida sencilla de antes, a la de Zafiro Lenz. Incluso, en la empresa, me visto igual, dejando mi naturalidad al aire, que dentro del mundo cotidiano la sociedad llama "imperfección".

A mí no me molesta en absoluto, pero sé que tengo que mantener un perfil y mi identidad lo más realista posible, pero a veces simplemente me caso de ser esto y solo quiero volver a ser yo, sentirme como lo era antes del accidente y que mi vida llegara una realidad, que a pesar de que ya lo conocía, no estaba lista para enfrente aun a ella.

Mis noches no han sido precisamente las mejores, es en ese momento, cuando la oscuridad arropa mi habitación y solo la luna alumbra un poco, es cuando los recuerdos se apoderan de mi cabeza. Ellos, los cuales pensé en un momento solo eran producto de mi imaginación, llegan uno, o, a veces dos, a mi mente, dejándome confundida y aturdida entre las sábanas suaves. Eso a provocando mis ojeras y un poco de mi mal humor, y trayendo consigo como resultado final las pocas ganas de arreglarme.



KatheHerrera__

#3733 en Thriller
#2129 en Misterio
#1644 en Suspenso

En el texto hay: traicion, suspenso y romance, misterio y suspenso

Editado: 01.07.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar