Zafiro

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Capítulo XXXII

Copa de la verdad

El cristal se desliza hacia abajo y me permite ver mejor la floristería de aspecto lujoso. Al lado mío escucho el silbido impresionado de Andrea y después un —wou— Y no es para menos. El local derrocha lujo, opulencia y ostentación. Su fachada exterior es de un color pulcramente blanco, dos niveles con ventanas amplias, las cuales dejan al descubierto un poco del interior refrescantemente colorido por la diversidad de flores que hay. También, afuera, hay unas mesas y encima de ellas arreglos florales que van desde el más pequeño hasta el más grande y desde el más sencillo hasta el más elaborado.

—Vamos—le digo a Andrea abriendo la puerta del copiloto.

—Mientras más temprano hagamos esto...mejor. —dice a la par mía.

—No seas quejumbrosa.

—¿Quejumbrosa? Luz, estoy muerta de hambre. —se queja al mismo tiempo que sus ojos se hacen más grandes.

—¿Quién te mandó a no desayunarte?—le pregunto con ironía enfrente de la puerta de la floristería.

—¿Quien fue la que no me dio tiempo? —refuta llevando la puerta hacia adelante y entrando al local, un olor dulce suave y a la vez fresco nos da la bienvenida. Y eso, que a pesar de que hay una gran diversidad de flores y rosas, los olores que desprende cada una de ella no es desagradable, al contrario, juntos hacen una función agradable al olfato.

—Soy culpable. —le sonrío para ver si así se le quita esa cara contraída, pero no hace efecto alguno y eso me lleva a preguntarme, ¿qué es en realidad lo que le molesta? Y sé que no fue el hecho de que yo me apareciera a media noche en su casa y que esta mañana no la dejara desayunar, lo que le molesta es otra cosa, mejor dicho, lo que le molesta es alguien, específicamente un moreno tostado de altura considerable y ojos inexpresivos como su mismo rostro.

Creo que el último paso de su táctica no le salió muy bien que digamos.

—¿Quieres hablar de ello?—le pregunto.

Un suspiro cansado y una negación con su cabeza fue mi respuesta.

—Es un idiota.

—Todos son unos idiotas.

—¿Una copa de vino?.

—No es muy temprano para eso. —mas que pregunta fue una afirmación obvia, Andrea se encoge de hombros, restándole importancia que hoy es día de semana y que apenas sin son las 9:45 a.m.

—Nunca es muy temprano para una buena copa de vino y olvidar a un idiota.

—Que puedo decirte yo al respecto. —nos abrimos paso en el interior, deteniéndonos de vez en cuando a mirar algunos arreglos que capta nuestra atención.

—¿Qué vas a acompañarme?.

—Claro, también me apetece olvidar un poco.

—¿Problemas en el paraíso?—una sonrisa coqueta adorna su cara pero la molestia sigue latente y vivida en su iris.

—Siempre los habrá.

—¿Fuerte?—sube y baja sus cejas.

—Más que fuerte. —reímos por lo bajo y chocamos las manos en complicidad.

Me encanta la forma de Andrea, es despreocupada y le encanta vivir el aquí y ahora, por supuesto que cree en un futuro, pero no es de esas personas que se sientan a esperar por ello. Ella es de la gente que los construyen día por día, con todo lo que tenga a su alrededor. No será como Luz, nunca nadie podrá detener esa alma tan pura y bondadosa que a ella tanto la caracterizaba. Pero a ciencia cierta, puedo decir sin ningún problema, que más que compañeras de trabajo en la agencia, Andrea y yo hemos forjando un lazo especial: una amistad sólida y verdadera.

Caminamos hasta el fondo, el lugar por fuera tiene una fachada de ser un espacio de poco metros de largo, ya que el exterior me dejaba ver poco metros de ancho. Mujeres y unos que otros hombres, van vienen con arreglos de flores que llevan unas empleadas del sitio. Todas ellas, vestidas de la misma forma que tiene el lugar, pulcras y elegantes, un vestido negro hasta sus rodillas, un moño en forma de cebolla y unos zapatos negros con un tacón grueso medio. Algunas atienden las preguntas, otras, entre tanto, están ubicadas en lo que parece ser su espacio.

Tener un apellido de poder sirve de mucho y esta no iba a ser la excepción.

En menos de cinco minutos, una mujer esbelta camino hacia nosotras, ella va vestida y peinada de la misma forma que el resto, la diferencia radica en que el color de la vestimenta en vez de ser negro, es blanco. Su rostro muestra una gran sonrisa, fingida, pero una gran sonrisa al fin y al cabo. Sus pisadas son suaves y delicadas, así como la proyección que ella intenta dejar vernos, al llegar completamente hacia Andrea y a mí, extiende primero su mano hacia mí y la aprieta con una firmeza que no pensé que tuviera, lo mismo hace con Andrea, quien no duda en mirarla con una ceja arqueada, sospechando de la actitud amedrentadora disfrazada de seguridad e ingenuidad que quiere dejar esta mujer.



KatheHerrera__

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En el texto hay: traicion, suspenso y romance, misterio y suspenso

Editado: 01.07.2019

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