Zafiro

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XXXIII

Unos cuantos roces y… ¿confusión?

—¿En qué puedo ayudarlas? —nos pregunta un hombre de avanzada edad sin vernos, sus ojos cubiertos por unos lentes redondos como la forma de su mirada, están concentrado en el interior de un libro, que por sus hojas amarillentas, tiene el aspecto de ser antiguo.

—Nos gustaría saber si aquí están enterrado los restos de una persona.—le digo al hombre, él eleva su cara para mirarme con extrañes.

—Ustedes también. — dice en tono de cansancio y reclamo. —La gente no quiere dejar a los muertos descansar en paz, santo Dios...misericordia para estos mortales.

Andrea y yo nos miramos por unos segundos y volvemos a verlo a él sin entender el porqué de tu tono y queja, deja escapar un suspiro de agobio y el libro de antes lo cierra para dejarlo encima de un escritorio que nos divide. Con una mirada reprobatoria nos indica que nos sentemos, él, antes de hacerlo también, se da media vuelto y va hacia una librería que está a nuestra espalda, unos poco minutos después, junto a unas quejas, regresa con tres libros libre de polvo y con apariencia de nuevo.

Uno encima del otro, así acomoda los libros en su escritorio de madera ochentera, se sienta, y dejándonos ver solo desde su mirada anciana, habla:

—Fecha y nombre —pide.

—Su nombre es Ele Funck, entre el año 1996 y 1997 —digo.

Toma el segundo libro y busca el nombre, su iris sube y baja junto con su dedo índice, unas cuantas páginas después su entrecejo se arruga, deja ese libro de lado, toma otro y hace el mismo procedimiento, como resultado, su rostro ya arrugado por los años se torna más rugoso al ver que no obtiene resultados con ningunos de los tres libros que son de esa época.

—¿ Están segura de las fechas? —ambas asentimos en afirmación. —Pues deben estar equivocadas, aquí en el registro no hay ninguna mujer con ese nombre.

—¿Aquí no es dónde se registran todas las muertes? Como vamos a estar equivocadas. —replica Andrea.

—Si, aquí es. Pero no por eso tenemos que tener a todos los occiso alemanes registrados aquí, ¿sabe algo? También existe algo que se llama entierro clandestino y también existe algo que se llama certificado de defunción, no todos los familiares hacen ese tipo de procedimientos y se olvidan de que deben registrarlo en el estado.

Andrea está a punto de decirle algo fuera del lugar al señor, es por eso, que antes de que hable, la tomo de la muñeca y con una despedido corta la arrastra hacia afuera del lugar. Se queja mientras caminamos.

—Tenias que dejar que le dijeran sus verdades a ese cascarrabias. —repite por tercera vez.

—Es un señor mayor, hay que respetar. —quito el seguro del vehículo.

—¿Respetar? Pero acaso no viste como ese viejo rabo verde nos hablo y trato... sobre todo esto: ¡el trato! Que descaro de servicio.

—Obviado ese hecho y concentrándonos en el que realmente importa —nos abrochamos el cinturón de seguridad. —¿Cómo diablos me explicas que este mujer, cabe recalcar, ¡está muerta! Mágicamente no está registrada como tal?

—¡Ah! La ineptitud de ese hombre me asombra, me dieron ganas de quitarle el libro y buscar yo mismo.  ¡Claro que está muerta! Tenemos constancia de ello, cuando se presentaron las pruebas y evidencia, las actas de defunción de cada mujer cercana íntimamente a Diego, estaba ahí, y entre ellas estaba la de Ela. —el semáforo se puso en rojo y freno, momento que me da oportunidad de ver a Andrea. —No entiendo ni siquiera que venimos a buscar a ese lugar, tú viste las pruebas, ¿qué es lo que te está haciendo dudar?.

—Dudar... Ahora más que nunca dudo de muchas cosas, y no creo que todo lo que digan en la agencia sea 100% real.

—¿Porqué? —pregunta con desconcierto en su rostro.

Desde que volví de Brasil todas las piezas de este rompecabezas comenzaron a hacerse  más pequeñas, tan pero tan pequeñas, que no veo la manera de acomodarlas en este gran rompecabezas. Cuando creo que uno cabe a la par de la otra, un espacio encuentro y una pieza comienza a faltar e incluso a sobrar, en este momento, una pieza me está faltando.

¡Maldita sea!

—Porque cuando creo que ya estamos a punto de encontrar una solución aparece algo nuevo que lo cambia todo.

—Concuerdo contigo. — el color del semáforo cambia y yo reanudo la marcha. — ¿Y ahora qué toca?

— Tengo que ir a la empresa, estamos en proceso de lanzar una nueva colección...—giro a la izquierda y a poca distancia veo el edificio de la sucursal principal. — ¿Te parece si nos vemos en unas horas? Tenemos que hablar de esto con el jefe.



KatheHerrera__

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En el texto hay: traicion, suspenso y romance, misterio y suspenso

Editado: 01.07.2019

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