Zafiro

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Capítulo XXXVI

Piel con piel. 

El día está de nuevo por acabarse en menos de 5 minutos...añadiéndose como séptimo día que no obtenemos un resultado. Agotada por esta semana que me dice adiós, enciendo el vehículo y me sumerjo en las oscuras calles de la ciudad,  las cuales, se han vuelto mi confidente y fiel amiga de horas de viaje, de un aquí para allá... como yo las conozco, ellas a mi también. Ni el rincón más oscuro y secreto a quedado a salvo en estos días, donde he tenido que partirme en más de 10 pedazos para poder ir a donde todos quieran, incluso, la sombra, a jugado con mi agenda, poniéndome lugares, que al fin y al cabo, no son nada significativos, solo lo hace para mantener la atención que quiere.

La nueva colección se lanza antes de lo previsto, en dos días. Y justo ahí comienza la cuenta regresiva para la boda de Deborah, otro evento que pondrá en la alto el apellido Baermann y que desde el momento en que decidí ser participe en ello, me ha traído uno que otro dolor de cabeza,  — Genial, no debí aceptar... en general no recuerdo cuándo fue que dije que sí. — Es uno que ya se está comenzando a ser algo irritante, agudo y molestoso...Christopher Ducke. Me ha tocado verlo más veces de lo que me hubiera gustado, y para el colmo, tengo que calarme los constantes malos chiste de David y las miradas de Deborah ¡por Dios! Para terminar de ponerle la cereza al pastel , él, ¡justamente él! Se ha sumado a los malos chistes y las miradas, la cuales no hacen más que ponerme incomoda.

Ya se lo he dicho en toda la semana, que deje aquellos juegos de niños, que conmigo no va ni funciona ¡ya no tengo 19 años! En un principio, pensé que lo entendía y respetaba mis palabras. Lo único en común, ahora mismo, es un niño hermoso parlanchín de ojos alegres e inocentes. Sonrío sin poder evitarlo y mis recuerdos se desvían al día de ayer, donde por primera vez, en dos años, volví a sentirme yo misma y viva, sobe todo eso, viva.

Sus brazos pequeños me rodearon y apretaron  por mucho tiempo, y su boquita lleno mi rostro de besos húmedos, a pesar de tener 5 años, sus besos son algo babosos como los de un niño de 1 año.  Pero así es él y me encanta que me bese de esa manera tan suya. Yo tampoco me quedé atrás, lo abrace, bese y le hice mucha cosquilla, su risa feliz hizo que mi sonrisa apareciera y se quedara por más que segundos.

Con él olvide que Christopher Ducke estaba conmigo, solo fue cuando su risa se sumó a la nuestra que volví a la realidad. Pensé que aquel encuentro resultaría incómodo para Arthur pero no, me sorprendió lo bien que se llevaron al instante que los presente, aunque Arthur no sabe aún la verdadera identidad de su nuevo amigo. Ambos, en el trayecto hacia Ramsborn lo quisimos así, por el momento.  

Para terminar de coronar este pastel de situaciones, hoy, en la mañana, tuve que interponerme a una tensión, que si la dejaba más tiempo, no sé como hubiese terminado.  Estos dos, Christopher y Adam sin duda alguna, vinieron a este mundo con la misión de volverme loca. —Bueno, más loca de la que ya estas... no lo creo.— Recordarlo hace que mi piel se ponga de gallina, sus dos miradas eran tan frías que el solo hecho de meterme en medio de ellos dos, me causó escalofríos. Son dos tonalidades diferentes, pero esta mañana, adquirieron un matiz idéntico, junto a sus palabras y unos modales.

Todavía no entiendo qué demonios fue hacer  Adam allá en la empresa, me sorprendió verlo, después de días de solo verlo desde lejos y fracciones de segundos. Pero no, el señor Adam Astor tenía que hacer  su entrada triunfal, a su estilo. Menudo idiota. Y justo en el momento en que las manos de Christopher sostenían la mías. Su mirada almendrada paso de mi a Christopher para después bajar y detenerse en nuestras manos unidas.

Momento incomodo, muy pero que muy incomodo.

Detengo el auto enfrente del  edificio y una cansada Andrea entra resoplando  y maldiciendo al clima.

—Es un asco. —concorde con ella.

—¿Y sabe que lo haces mas asqueroso y miserable aun? —niego mientras retomo  pongo la direccional a la izquierda.— Que tengamos que trabajar a estas horas... ¡maldita sea el horario rotativo! ¡A ti y quien te invento!  —rio sin poder evitarlo.

—No estás solo en ello. —le hago saber.

—Por lo menos... alguien con quien chismear. —canturrea.

—No hay nada que chismear Andrea. —bostezo sin poder evitarlo.

—¡Oh, vamos! A mí no me vengas con esa. No, no , no señorita. A otra perra con ese hueso.

—¿No es a otro perro con otro hueso?.

—Acondiciono los refranes a mi condición. —me hace saber.



KatheHerrera__

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En el texto hay: traicion, suspenso y romance, misterio y suspenso

Editado: 01.07.2019

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