Zafiro: La Implosión De Una Vida Vieja

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DOS

Si pudiera recordar todo lo que vi aquella noche de mi accidente, lo haría. Recordaría cada cosa que mire. Cada persona, si es que hubo algún espectador. Y cada objeto destruido o salvado. Pero no puedo recordar las escenas que mis ojos observaron. En cambio, lo único que recuerdo son las sensaciones. Ahogamiento. Frío. Calidez. Y una increíble satisfacción como si todos mis problemas se hubieran disuelto en agua.

—Alice—oigo la voz de Elizabeth.

— ¿Qué sucede?—pregunto con rapidez, para que no se dé cuenta de que estoy distraída.

— ¿Estás bien?

—Si—digo, la miró para darle una sonrisa débil y luego regreso mi vista a la ventanilla del auto. Estamos de camino a casa mientras escuchamos la radio y hago caso omiso de ella. Pienso en lo que voy hacer debido a que mi brazo izquierdo sigue enyesado y seguirá estando enyesado por una semana más, mi pierna se libró y eso es bueno pero aun así será bastante  complicado tratar de escribir con la mano derecha ya que soy zurda.

—Oyes, Altahir—digo y lo veo a través del espejo retrovisor. Viene en los asientos traseros del nuevo Nissan azulado de Elizabeth, es impresionante lo rápido que se puede conseguir un auto si se tiene el dinero suficiente y sobrante—, ¿dónde está Janeth?

Él saca un cuaderno de su mochila y una pluma, rápidamente escribe algo y luego me lo pasa.

 

No tengo idea.

 

Me rio.

—De acuerdo—digo, y le regreso su cuaderno.

En ese momento le prestó atención a la radio.

Aún no se sabe nada acerca del animal salvaje que anda merodeando cercas de Meadow King´s pero la policía asegura que no descansará hasta encontrarlo

— ¿Animal salvaje?—le pregunto a Elizabeth, acto seguido baja el volumen de la radio.

—Hace un par de días unos campistas miraron un animal grande. Dicen que media como tres metros de alto y que era bastante peludo.

— ¿Mató a alguien?

—No.

—Entonces, ¿para qué quieren encontrarlo si no ha matado a nada?

—Porque no se van a quedar sentados esperando a que asesine a alguien para tener que atraparlo.

Altahir me toca el hombro y me entrega su cuaderno. Hay algo nuevo anotado debajo de su mensaje viejo.

 

¿Cómo saben que ese animal tiene intenciones de matar?

 

Medito mi respuesta durante un momento y luego le regreso su libreta.

—Deberían de preguntárselo, tal vez les responda—le digo y él sonríe para luego empezarse a carcajear en silencio. Creo que se está riendo de un chiste que solamente él puede entender.

Cuando llegamos a los límites de Meadow King´s una pequeña e inofensiva lloviznada nos sorprende. Casi siempre los días en esta parte de Canadá son nublados con lluvias leves y algunas veces tormentones fuertes, el sol no se deja apreciar ni siquiera en verano. El clima en ésta ciudad es frío y más frío. Y uno logra acostumbrarse a eso.

Al llegar a casa la lluvia se ha hecho un poco más fuerte de lo que había comenzado. Elizabeth se ofrece a ser la voluntaria para abrir la puerta, es divertido verla correr y ver cómo casi se cae en los escalones de la entrada. Trato de no reírme pero es inevitable. Mis risas se apagan cuando miro por el retrovisor, noto que Altahir está preocupado y mirando a través de la ventanilla, como buscando algo o a alguien.

— ¿Qué te sucede?—le pregunto. Él me ignora y sigue observando hacia el omnipresente de afuera— Altahir—capto su atención—, ¿estás bien?

No hace nada, ningún gesto o expresión. Simplemente se queda quieto.

— ¿Te gustaría escribirlo?—le pregunto, él lo escribe y me entrega su cuaderno.

 

Es complicado.

 

— ¿Qué tan complicado puede ser?—pregunto, y él se precipita a escribir en el siguiente renglón:

 

Demasiado, no lo entenderías.

 



Tacko Pérez

Editado: 28.02.2018

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