Zafiro: La Implosión De Una Vida Vieja

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CUATRO

El ruido hilarante de la alarma grita que despierte pero no es necesario, desde hace un buen rato que estoy despierta. No pude cerrar mis parpados luego de lo que había visto, aquel animal salvaje que se hallaba cruzando la calle de donde vivo me había asusto demasiado. Lo suficiente para alarme y morir de un ataque al corazón.

No sé por qué, pero eso me hace recordar el día que conocí a Brenda Lawrence. Estaba en tercer grado cuando ella fue transferida desde Toronto, apenas hablaba y cuando hablaba no decía mucho o eso era lo que decían los demás. Dos años después, en quinto grado, teníamos que hacer un trabajo en parejas y como Janeth se encontraba enferma de gripe la profesora creyó que sería bueno emparejarme con Brenda y tuvo razón. Resulto que todos los comentarios de los demás eran incorrectos. Brenda hablaba demasiado, hasta por los codos y era muy difícil callarla. Además, era demasiado divertida e incoherente con sus chistes sacados de la manga. Luego de que Janeth se recuperara de la gripe ella, Brenda y yo nos volvimos el trío de mejores amigas hasta llegar a la escuela secundaria donde paso lo ocurrido en el baile de primavera y lo que la bruja de Tiffany Mackdil nos hizo cuando le dijo a la madre de Brenda que… no.

Me hice la promesa de que no recordaría eso porque es doloroso así que no lo haré.

Decido que ya es hora de levantarme así que lo hago al mismo tiempo que recuerdo aquello. Sacudo mi cabeza para evitarlo pero es imposible. El olor de su perfume me llega aunque no éste, oigo el ritmo de sus respiraciones aunque tampoco éste, me siento como aquella mañana después del baile de primavera y me siento mal porque aunque no lo quiera admitir, una parte de mí quiere regresar a ese momento ya que sin importar lo incorrecto y prohibido que estuvo… me gusto… y me valió.

 

▬▪▬

 

No detesto el uniforme del instituto pero si me dieran a elegir entre venirme desnuda a la escuela o traerme este horrible atuendo, obviamente preferiría traer el horrible atuendo porque no importa que tan horrible sea. Es mejor que andar desnuda.

Voy a mi taquilla para sacar el libro de Cálculo, odio Cálculo al igual que Algebra y Matemáticas y si fuera por mí no estudiaría nada de eso. Es difícil abrir mi taquilla, no puedo hacerlo con una sola mano y menos si es la derecha. Odio tener mi brazo izquierdo enyesado, me siento inútil cuando trato de usar la derecha.

Veo el pasillo que esta infestado de estudiantes, quizá pueda pedirle ayuda a uno de ellos pero no lo hago. Casi no le hablo a muchos y a los pocos que les hablo no se ven por ninguna parte.

Luego de tardar diez minutos en meter la combinación al candado logro abrirlo y al hacerlo se cae mi clarinete, no sé tocarlo pero al menos sé cómo fingir que toco algo en la clase de Música. Lo rejunto y trato de que quede en un lugar donde no se mueva, luego saco mi libro de Cálculo y Ciencias de la Comunicación, tal vez vuelva por el clarinete después ya que a la tercera hora me toca Música. Me lo llevaría ahora pero no quiero andarlo cargando en la mochila, me sería molesto debido a que mi mochila es pequeña.

Cierro la taquilla en un leve movimiento y cuando me doy la vuelta Altahir me sorprende con un abrazo de oso.

—¡Rayos!—le digo cuando me suelta— Me diste un susto— me llevo la mano al corazón porque realmente me sorprendió y para antes de que se ponga a cabizbajo, añado con rapidez—; pero no te preocupes por eso, necesitarías asustarme más fuerte.

Él sonríe y su cabizbajo se va.

— ¿Almorzamos juntos?—le pregunto, y él asiente rápidamente— Bien.

Caminamos juntos hasta el final del pasillo, luego damos vuelta a la izquierda y seguimos caminando hasta que nuestros caminos se separan. A él le toca Literatura Británica, quizá lo miré en Música pero lo dudo. Desde que se quedó mudo ya no le agrada nada que tenga que ver con música y cuando se enteró que en el bachiller tenía que tomar una clase referente a eso su habilidad para inventar pretextos destacó entre todas las demás. Y sorprendentemente, hasta el día de hoy sigue pasando esa materia con diez.

Entro al aula y el profesor de Cálculo todavía no ha llegado, nadie nota mi presencia ya que hay todo un escándalo que difícilmente se podría callar. Creo que estar un mes ausente de la escuela no significa nada cuando nadie te conoce.

Miro mi horario de clases, hoy es lunes así que tengo Cálculo a la primera, Ciencias de la Comunicación a la segunda, luego Música, Biología, Historia Universal dos horas, Matemáticas, Literatura Británica e Idiomas. Se oyen agotadoras cada una de las materias y más cuando sé que en cada una de ellas los profesores me dejaran trabajos como de treinta hojas porque he faltado todo el mes al instituto. Sólo asistí a la primera semana de clases antes de que tuviera el accidente.



Tacko Pérez

Editado: 28.02.2018

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