Zafiro: La Implosión De Una Vida Vieja

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SIETE

Reviso el piso de arriba y no encuentro a nadie. Más me altero. No logro encontrar a mi madre. Sólo hay más desorden. Oigo ruidos cuando inspecciono en la alcoba de Elizabeth, provienen de abajo. Pienso que es Elizabeth, pero a la vez pienso que puede ser el responsable que hizo todo esto.

Estoy a punto de escapar por la ventana cuando escucho una voz diciendo mi nombre. Sé que no es Elizabeth pero reconozco quién es. Janeth. Me apresuro a salir de la habitación y bajo corriendo las escaleras. Se encuentra por debajo del marco de la puerta principal, observando el desastre que hay en casa. Detalladamente noto que su expresión es de puro estupor. Los ojos bien abiertos, su cara más pálida de lo normal, la boca entreabierta y con el labio inferior temblando. Está asustada, lo sé. No hace falta adivinar.

Pero luego me mira, sus ojos encuentras los míos y deja salir un fuerte suspiro de alivio y camina en zancadas grandes y veloces para abrazarme. Yo también le doy un abrazo, me hacía falta eso.

— ¿Estas bien?—me pregunta, luego de soltarme.

—No encuentro a Elizabeth—digo, a la mitad de una crisis de miedo.

—Tranquila—me calma—, ella no está en casa. Su auto no está estacionado afuera.

Miro a la puerta principal, está abierta de par en par por lo que me deja observar al patio delantero. En efecto, el Nissan de mi madre no se encuentra aparcado por ninguna parte. Suspiro, despreocupada por eso pero preocupada por lo otro.

¿Quién hizo tanto desastre?

—Entonces, ¿dónde está?—pregunto, exasperada por una contestación positiva.

—No lo sé—dice, pero se queda quieta durante un momento con los ojos cerrados. Luego añade—. Camino a Norman Wells… su cámara se estropeo así que fue haya para que se la arreglaran.

— ¿Estás leyendo su mente?

—Ya no—dice, luego escucho el derrape de un vehículo. Nuevamente observo por la puerta, una Jeep roja esta parada en medio del carril, por delante de la camioneta plateada.

Antes de que mis labios formulen una pregunta tres chicas vestidas con el uniforme del instituto bajan de la Jeep. Sé que la chica de cabello rubio es Tiffany, la pelirroja debe de ser Ariana y la de cabello castaño Shailene. Podía reconocer ese trío donde sea que estuviera.

Observo como Tiffany les dice algo, inmediatamente las dos asienten con la cabeza y desaparecen. Así, de la nada. Entre un pequeño y casi invisible polvo gris. Tiffany corre en trotes veloces hacia adentro, reuniéndose conmigo y Janeth.

— ¿No le ocurrió nada?—le pregunta Tiffany a Janeth, en tono preocupante. Supongo que debe referirse a mí.

—No—dice Janeth—, sólo es el susto. Gracias por venir pronto.

Tiffany asiente con la cabeza, como diciendo que no ha sido gran cosa llegar tan rápido. En ese instante oigo que alguien baja por las escaleras, estoy a punto de correr cuando noto que es Ariana.

—No hay nada. Quién haya estado aquí debió de haberse ido hace mucho tiempo—dice, me mira como por medio segundo y noto que sus ojos son púrpuras.

— ¿Cómo es que puede saber eso?—le pregunto a Janeth, cerca de su oído para que nadie logre escucharnos aunque lo más probable es que si lo hagan.

—Es parte de la nigromancia, podemos hacer trucos para ver la presencia de alguien en algún lugar siempre y cuando no haya pasado mucho tiempo—me responde, sin susurrar. Yo sólo asiento con la cabeza.

— ¡E!—hay otra voz, proviene de la cocina. Las cuatro nos dirigimos hacia allá.

Al entrar veo que Shailene está parada en la puerta corrediza de vidrio, nos mira y rápidamente pide que la sigamos. En ese pequeño instante que la observo noto que sus ojos son púrpuras, al igual que los de Ariana, Tiffany, Janeth y Lodge. ¿Por qué tienen el mismo pigmento morado en los ojos?

Salimos al patio trasero de mi casa, el cual, es grande gracias a los campos abiertos rodeados de árboles y más árboles. Shailene nos guía hacia una senda para introducirnos al bosque y caminamos durante algunos minutos, siguiéndola hasta que abruptamente se detiene.

—Encontré esto—dice, señalando al suelo.

Todas dirigimos nuestra vista al piso y cuando yo lo hago no sé lo que debo de mirar, al principio sólo veo la tierra húmeda y hojas, y entonces veo lo que realmente hay.

Huellas, de un animal grande.

—Es un hombre lobo—asegura Shailene.

— ¿Qué haría un Licántropo en la casa de Alice?—pregunta Janeth, mucho antes de que yo lo haga.



Tacko Pérez

Editado: 28.02.2018

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