Zafiro: La Implosión De Una Vida Vieja

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NUEVE

Abro los ojos de golpe. El Licántropo se haya a pocos metros de mí pero ya no hay miedo y los latidos de mi corazón se calman poco a poco. Ahora me siento segura, sin miedo y en una nube de protección.

Lracth está entre nosotros dos, protegiéndome. Está rígido, apuñando la espada contra sus dos manos de tierra y rocas. Me pregunto qué hace, qué está esperando.

El Licántropo se levanta en menos de un tris y no espera un segundo más para lanzarse contra Lracth, esquiva el golpe de la espada y la patada y logra derribarlo con facilidad. Lo muerde despiadadamente una y otra y otra y otra vez desgarrando la tierra y hojas que hay en su rostro y pecho. Pasan varios segundos aterradores hasta que Lracth logra quitárselo de encima, le proporciona un puñetazo en el hocico y el lobo gime. Lracth lo vuelve a golpear en el hocico, el Licántropo retrocede y en ese momento alguien toma de mi muñeca y me hace retroceder.

—Métete—me gruñe la voz de Shailene al mismo tiempo que me empuja a la puerta corrediza, otra mano me toma de la muñeca y me adentra a la casa. La puerta corrediza se cierra y miro por encima de mi hombro, tres chicas están de pie a poca distancia de la pelea que hay entre Lracth y el Licántropo.

Lracth logra noquearlo y el lobo esta tirado sobre el césped, se mira lastimado y aúlla de dolor. Hay sangre saliendo de su hocico y una de sus patas delanteras está demasiado torcida, podría decir que está quebrada. Lracth levanta su espada demasiado en alto, apunto de clavársela.

Un sentimiento recorre mi cuerpo, quiero salir y detener a Lracth, algo dentro de mi interior quiere proteger al Licántropo y la otra parte cuestiona a la primera.

Algunos árboles se mueven a lo lejos y algo derriba a Lracth, no sé lo que es, no logro ver con claridad, todo pasa tan rápido y lo único que alcanzo apreciar es una sombra que se precipita a gran velocidad para desaparecer al siguiente momento. El Licántropo toma esto como una oportunidad y se levanta, Shailene y Ariana están a punto de moverse pero antes de hacerlo son derribadas por la misma sombra. El lobo se escapa cogiendo por los bosques y la sombra desaparece instantáneamente.

Tiffany no se mira por ninguna parte. ¿Desde cuándo que no está aquí?

Ariana y Shailene se ayudan mutuamente a ponerse de pie aunque no se hayan muy contentas, se quejan y escupen palabras en otro idioma que no logro entender.

Tiffany reaparece, entre una llamarada de humo gris. Tiene una sonrisita entre sus labios, delatando que obtuvo algo mientras una pelea se lidiaba en mi patio trasero.

Siento que mis dedos están entumecidos, los miro, estoy sujetando fuertemente la muñeca de Janeth. La libero, pidiéndole disculpas.

—No te preocupes—dice ligeramente. Mueve su mano en círculos y dando leves masajes en la parte donde la tenía sujetada.

Mira hacia la puerta corrediza, yo también miro, Tiffany nos indica que salgamos y al siguiente minuto estamos saliendo al patio trasero. Observo que Lracth sigue ahí. De pie. Rígido y como esperando algo. Cada parte de su cuerpo que fue cruelmente lastimada ya está reconstruida. No me molesto en cerrar la puerta corrediza, sé que en unos minutos volveré adentro. Janeth le dice a Lracth que desaparezca y él lo hace, se vuelve polvo que se esfuma mucho antes de tocar el pasto.

—Maldito Brucolaco—gruñe Shailene—. Teníamos al Licántropo.

—Bueno, al menos ya sabemos que no es un Nigromante que le ayuda—añade Ariana.

— ¿De qué hablan?—le murmuro a Janeth.

— ¿Lograste notar que algo derribo a Lracth?—me pregunta, sin musitar o con la voz baja. Yo asiento con la cabeza— Fue un vampiro.

—Oh—por alguna extraña razón esto no me sorprende en absoluto.

— ¿Por qué te ríes?—le pregunta Ariana a Tiffany.

— ¿No te das cuenta?—le dice Shailene, con aire de humor y dándole un leve empujón a Ariana— Sabremos quién ayuda al Licántropo, ese Brucolaco acaba de darnos su rostro.

—El Vademécum—murmuro, Janeth asiente levemente.

—Eso no es todo—agrega Tiffany—. Logre herir al Licántropo más de lo que ya estaba cuando huía—sonríe con malicia.

— ¿Lo mataste?—pregunto, rápidamente y con los latidos al máximo.

Mueve su cabeza en negación. Suspiro, de alivio. ¿Por qué oír eso me calma?

—Alguien más lo ayudo—dice Tiffany.

— ¿El Brucolaco?—pregunta Janeth. Ella vuelve a negar con la cabeza.



Tacko Pérez

Editado: 28.02.2018

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