Zafiro: La Implosión De Una Vida Vieja

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DIEZ

Al llegar al instituto espero en la entrada. Esta nublado y húmedo, traigo puesto el uniforme escolar aunque está mañana decidí dejar la falda en casa y traerme el pantalón de la escuela. Es beige, mejor que la falda a cuadros. Combina mejor con la camisa que es guinda y con la corbata roja que traigo aflojada.

Altahir todavía no llega, es muy temprano para que él llegue, creo. Necesito hablar con él aunque no sé con exactitud lo que le voy a preguntar.

Oye, hoy en la madrugada, ¿de casualidad no golpeaste a Tiffany Mackdil sólo para darle oportunidad a un Licántropo de que escapará?

Eso se oye ridículo, pero debo de admitirlo, es verdad.

Miro la Jeep roja entrar al aparcamiento del instituto, se estaciona en un espacio vacío que iba a ser ocupado por un Toyota oscuro. No espero a que ninguno de los pasajero salga, por ahora no quiero encontrarlas así que entro al instituto y me dirijo en zancadas lentas a la clase de Música, posiblemente no me encuentre con Altahir ahí, es la clase que más odia desde que un animal lo atacó. Lo más seguro es que lo miré hasta la segunda o tercera hora, pero honestamente no lo sé. Decido enviarle un mensaje de texto.

 

Necesitamos hablar. Es urgente, lo digo en serio.

. Alice

 

Llego al aula y me sorprendo al ver que está sentado en el quinto pupitre de la cuarta fila cerca a la puerta. Está jugando con una pelotita naranjada, la rebota a poca altura contra el pupitre. El asiento frente a él está ocupado y el de los costados también.

—Hola, me sorprende verte en esta clase—lo saludo mientras pongo mi mochila en el pupitre de atrás.

Él detiene el rebote de la pelotita naranja y me sonríe, también me estrecha la mano.

— ¿Cómo estás?—le pregunto. Altahir levanta su pulgar izquierdo en señal de que se encuentra bien.

—Creí que no entrarías a Música—digo, él señala a la pizarra y leo lo que hay escrito.

 

INDAGACIÓN DE CANCIONES & OPERAS CLÁSICAS

 

Cierto, desde hoy empezaríamos a ver sobre eso para posteriormente practicarlo. Altahir siempre entra a las clases de Música que no traten de música sino más de teoría y de ponerle atención al maestro. Miro con recelo a mi mochila, traje mi bobo clarinete para nada.

Me quedo callada durante un momento para saber cómo sacar el tema a flote, ¿se lo pregunto directo o indirectamente?

— ¿Te llegó mi mensaje?—digo, sin mirarlo a los ojos.

Él asiente, muy lentamente, como si estuviera nervioso.

—Sabes de qué quiero hablar, ¿cierto?—mueve su cabeza en negación, titubeante— Altahir, sé que estuviste en el bosque está madrugada. Lo sé, porque la única persona que le dice doble cara a Tiffany o alguien de su  grupo eres tú.

Los ojos de Altahir se abren como platos y su expresión se torna en alguien asustadizo. Hay otro silencio entre nosotros, más incómodo que el anterior.

— ¿Así que fuiste tú el que la golpeó?

Altahir saca su cuaderno y me pide algo con qué escribir. Le doy una pluma que sacó del bolsillo chico de mi mochila. Él escribe:

 

No pienses en eso. Sabes por qué, ¿no?

 

—Si—le respondo, controlando lo que pienso. Dejo mi mente en blanco—. ¿Por qué lo hiciste?

 

¿Por qué más lo haría?

 

Me estupefacto.

¿Altahir conoce al Licántropo? ¿Sabe quién es?

De inmediato sacó eso de mi cabeza.

— ¿Tienes idea de lo qué estás haciendo?—le grito en voz baja, furiosa— Ése Licántropo quiere hacerme algo. Irrumpió en mi casa, intento atacarme, ¿y tú le ayudaste a escapar?

Altahir gime de alteración y me pone el dedo índice sobre los labios, pidiendo que me calle.



Tacko Pérez

Editado: 28.02.2018

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