Zafiro: La Implosión De Una Vida Vieja

Tamaño de fuente: - +

DIECISÉIS

Estoy encima del portaequipajes del Nissan cuidando las prendas de vestir que Annabella eligió de mi guardarropa. Escogió una playera roja, unos vaqueros que casi nunca uso, un suéter gris oscuro con capucha y los Converse azules más nuevos que tengo.

Contemplo como las estrellas se reflejan sobre el río en movimiento, la corriente es fuerte y si mi hermana no fuera una mujer lobo me preocuparía por ella. En cambio, estoy contenta de haberla traído aquí. Se está refrescando bastante, está nadando como pez en el agua y espero que esto sea suficiente para que todas sus heridas sanen.

Si ella me hubiera dicho que los lugares con mucha agua podían hacer que sanara con más rapidez desde hace horas que la hubiera llevado al océano.

Falta mucho para que amanezca. O para que los fuegos artificiales del cielo se dejen de ver. Tengo la satisfacción de poder pensar sin poner límites dentro de mi cabeza, no me preocupa que Janeth lea mi mente debido a que todo lo que mire creerá que es un sueño. O eso es lo que diré si ella me llega a cuestionar sobre las formas mentales que tengo justo en estos momentos.

Aún sigue habiendo bastantes estrellas reflejándose en el cielo. Esto es lo que me encanta de esta ciudad. Sin importar que tan nublado y frío este (incluso en verano), las noches son hermosas que hasta causan envidia.

—Lindo, ¿no?—la voz de Annabella me sorprende, doy un pequeño sobresalto pero nada más.

Camina en dirección al Nissan, rápidamente ladeo mi vista a otro lado que no sea ella. No soy capaz de verla si no tiene nada de ropa puesta. Está bien que seamos hermanas pero, ¿acaso no le da algo de pena tan siquiera?

—Dime una cosa.

—Mmm…

— ¿Los Licántropos no sienten vergüenza?

— ¿Qué?—pregunta entre risas fuertes.

— ¿No sientes un poco de timidez por andar desnuda delante de la gente?

—No estoy desnuda delante de la gente, estoy desnuda delante de mi hermana—aclara, y siento una sensación de bienestar al escuchar que me dijo hermana—. Además, ¿crees que nuestra ropa se integra y desintegra como nuestra piel cada vez que nos transformamos?

—Así que no te preocupa que alguien te vea, ¿o sí?

—Realmente no mucho. No es como si me metiera en un centro comercial convertida en Licántropo y me transformara en humana ahí mismo. Soy precavida.

— ¿Y qué hay de otros Licántropos? Existe la pena entre ustedes.

—La verdad no sé. Si solía transformarme delante de otros pero al momento de ser humana otra vez… bueno, digamos que la privacidad si era para mí. ¡Oye, voltéame a ver!

— ¿Tienes algo de ropa puesta?

—Si—responde, al mismo tiempo que se deja sentar de golpe a un lado de mí. Trae puesta la playera y los vaqueros y a pesar de que no utilizó una toalla para secarse, las ropas no tienen ninguna pizca de agua o húmeda.

— ¿Cómo te secaste?—le pregunto, observando detenidamente las prendas y su cabello. Inclusive su cabello está seco.

—Soy mitad animal—dice—, ¿imagínate cómo me sequé?

Suelto varias carcajadas auténticas. Mis risas se detienen cuando me da un leve codazo en las costillas.

—Eso está bien ya que no te he traído una toalla—le digo. Hago una pausa—. ¿A que te referías con que la privacidad si era para ti?

—Joe era la hija del alfa, lo que técnicamente me hace parte de la realeza.

—Entonces yo también soy parte de la realeza, ¿no?—bromeo.

—Nah, a ti te pondría con la servidumbre—bufa, y le doy un leve golpe en el brazo.

Damos unas cuantas carcajadas más hasta callarnos.

— ¿Funcionó el haber venido aquí?—le pregunto.

Annabella no me responde, en cambio, me da la espalda y se levanta la playera roja. No hay nada. Ningún rasguño o quemadura. Su piel es suave y lisa, como si nunca hubiera tenido heridas gravemente infectadas.

—Gracias por traerme—dice, acomodándose la playera—. Odiaba ver mi lomo calvo, me hacía parecer que tenía sarna.

— ¿Por qué no habías venido hasta ahora?

—No he tenido tiempo, siempre estoy haciendo algo entre vigilarte a ti. Las brujas. Mantener Altahir a salvo…

— ¿Estás protegiendo Altahir?—pregunto, interrumpiéndola.



Tacko Pérez

Editado: 28.02.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar