Zafiro: La Implosión De Una Vida Vieja

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DIECISIETE

Me dirijo a la biblioteca del instituto, tengo que revisar mis calificaciones antes de que se las envíen a Elizabeth por correo electrónico. Sé que mis calificaciones del primer parcial serán un asco total ya que los trabajos que me encargaron los docentes para tener puntos extras los hacía al ahí se va o simplemente no los entregaba. Estuve demasiado ocupada con mis propios problemas que los deberes escolares se me hicieron lo menos importante de todo.

Cuando llego a la biblioteca veo que Janeth y Shailene están en una mesa con libros y cuadernos enfrente de ellas y cada una tiene como tres plumas entre sus manos pero aun así no escriben o leen algo. Están murmurando, lo más bajo posible mientras tienen el ceño fruncido. Cada vez que una de ellas habla puedo sentir el odio con el que escupen las palabras.

La bibliotecaria no se ve a la vista y no hay muchos otros que puedan prestarle atención a la disputa que hay delante de mí. Eso está bien, supongo. Quiero reunirme con ellas y saber por qué pelean pero al mismo tiempo quiero alejarme y salvar mis pensamientos. Desde que sé sobre Annabella y desde que opte por ayudarla tengo miedo de tener un desliz y pensar en todo lo que ha sucedido hasta ahora.

Estoy a punto de darme la vuelta cuando los ojos de Shailene me observan, me obligo a sonreír y caminar hacia ellas.

—Hola—digo.

—Hola—dice Janeth mientras que Shailene sólo me da un asentimiento de cabeza como saludo—, ¿qué te trae por aquí?

—Vine a usar una computadora—respondo y miro por encima de mi hombro. Si no fuera por unos nerds que se hayan obsesionados en sus libros de Física Cuántica estaríamos solas—. ¿Y ustedes?

—Vinimos hacer un trabajo sobre Química—dice Janeth, señalando a los libros abiertos sobre la mesa. Los miro, luego miro a Janeth y por último a Shailene quién desvía la mirada de mí. ¿Por qué esta tan callada? Ella siempre es graciosa pero parece que hoy está molesta conmigo.

Seguramente es porque las he estado evitando últimamente. Bueno, yo no diría evitando sino más bien poniendo distancia prudente entre ellas y mis pensamientos.

— ¿Emocionada por lo de mañana?—me pregunta Janeth, alejando mi mirada de Shailene.

—Supongo—encojo los hombros—, si es que Elizabeth no me mata por mis malas calificaciones creo que puedo salvar las vacaciones de primavera y divertirme un poco.

Shailene frunce el ceño y le da una rápida mirada a Janeth, una que dice: ¡Ves, te lo dije!

—No por eso—dice Janeth, volteando a verme—. Por lo del Aquelarre.

— ¿Crees que lo olvidaría?—digo, tratando de oírme todo lo hipócrita que pueda escucharme. Realmente ya no quiero hacer el Aquelarre porque tengo miedo a lo que suceda después— Por favor, me estás ofendiendo.

Janeth levanta las comisuras de sus labios y le da una rápida mirada a Shailene, diciendo: te equivocaste.

—Sabes a qué horas, ¿no?—dice Shailene, hablando por primera vez en lo que llevo aquí.

—Si—respondo—. Nueve en punto en la casa de Janeth, sin demoras. Confía en mí.

—Confiaré luego de mañana—dice Shailene amargadamente, se pone de pie y rejunta sus libros y cuadernos. El sonido de sus pisadas dirigiéndose a la salida de la biblioteca es todo lo que se escucha por un par de segundos.

— ¿Qué le pasa?—le pregunto a Janeth, tomando el asiento de Shailene.

—No lo sé—miente, yo sé cuándo miente.

—Lo sabes—aseguro.

Janeth suspira y avienta la pluma azul que trae en sus manos, está rebota en un libro abierto y luego cae al suelo.

—Sospecha de ti—confiesa—, dice que andas en malos pasos y qué sabes cosas que nosotras no sabemos.

— ¿Qué?—digo, fingiendo que me sorprendió y riéndome para que luzca más verdadero a una reacción mía.

—Alice—dice Janeth, apresurándose a tomar mis manos. Eso no es bueno, cada vez que ella toma mis manos es para que le diga la verdad y yo casi siempre cedo—, dime que no me estás traicionando.

— ¿Cómo podría hacerlo?

—No lo sé—dice, soltando mis manos pero luego las vuelve a sujetar rápidamente—. Dime que no me defraudarás de aquí a mañana.

—No lo haré—porque ya lo hice días atrás. El mismo día que enterraron a la familia de Ariana.



Tacko Pérez

Editado: 28.02.2018

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