Zafiro: La Implosión De Una Vida Vieja

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VEINTIOCHO

Trato de respirar pero no puedo. No siento que mis pulmones se llenen de aire. En realidad, no siento nada. El dolor ha desaparecido, también el frío y la necesidad de dormir.

Me remojo los labios con mi lengua y no logro sentirlo. ¿Qué está pasando?

—Alice…—me llama la voz de mi hermana— Alice…

— ¿Eh?—digo, al mismo tiempo que me levanto.

Estoy sobre mis pies, perfectamente bien. Sin el sufrimiento de hace un momento.

— ¿Qué pasó?—pregunto, y los brazos de mi hermana me rodean por el cuello.

—Sigues aquí—dice junto a mi oído.

—Lo sé—digo, titubeando—. ¿Por qué?

Y antes de que me responda un estruendo sacude el suelo para hacernos caer al suelo. Annabella cae sobre mí, pero cuando su cuerpo cae sobre el mío no siento el impacto.

— ¿Qué fue eso?—digo, en voz alta y angustiada desde el suelo.

—La pelea—dice mi hermana, poniéndose de pie rápidamente—. ¡Vamos!

Se convierte en lobo e inclina su cabeza hacia abajo, esperando a que me monte encima de su lomo.

Tardo un momento en captarlo. ¿Acaso la pelea no había terminado ya? Sacudo mi cabeza y me pongo de pie. Me subo a su espalda y deslizo mis dedos entre su pelaje negro.

Empiezo a preocuparme cuando no logro sentir la calidez que normalmente suele emitir.

Annabella sale corriendo a cuatro patas, dando saltos increíbles y a una velocidad impresionante. Llegamos al prado en cuestión de segundos y lo primero que capta mi vista es una guerra atroz llena de muerte y sangre.

Hay varios Inmundos muertos, algunos están descuartizado miembro por miembro mientras que otros tantos achicharrados hasta que su piel se volviera negra y arrugada.

Pero lo más sorprendente es que la pelea ya no es librada entre Licántropos y Brucolacos contra Nigromantes, sino Licántropos, Brucolacos y Nigromantes contra un solo Inmundo.

Uno que es muy poderoso.

Annabella aúlla, creo que está dando su señal de llegada. Después, en cosa de un tris, aparece Gabriela por detrás de mí. A horcajadas sobre el lomo de mi hermana.

— ¡Rápido!—grita Gabriela— ¡Tenemos que demostrarle que sigue con vida!

Annabella empieza a correr en dirección al Inmundo quien está protegido alrededor de una enorme luz amarilla en forma de círculo.

Ese poderoso Inmundo ataca a todo aquel que intenta acercársele con bolas de fuego o los arroja con gran agilidad y sin siquiera tocarlos.

— ¿Qué sucedió?—le pregunto a Gabriela. Me sostengo fuertemente de mi hermana ya que el esquivar los ataques y a otros Inmundos requiere muchos movimientos.

—Esta bruja llegó y empezó a matar a varios Brucolacos—me explica Gabriela—. Creí que estaba del lado de los suyos pero cuando empezó asesinarlos supimos que no era así. Hicimos un trato con los pocos Nigromantes que no matamos. Nos ayudan, y se pueden ir con vida siempre y cuando salgamos victoriosos.

— ¿Saben quién es?

—Si—dice Gabriela—. Una amiga tuya. Janeth.

— ¿Cómo saben que es Janeth?—pregunto, alterada.

—Uno de los Nigromantes leyó su mente—responde—. Esta devastada porque cree que estas muerta.

—Pero no lo estoy—digo, confundida.

—Ella no sabe eso.

Frunzo el ceño. Ahora tiene sentido. No estoy muerta, pero me estaba muriendo. Hasta Cristian me dio su sangre.

Soy un Duclo.

Cristian cumplió su promesa de que no moriría esta noche. Lo hizo, a pesar de que no le simpatizaba mucho. Me salvo la vida.

Y sé que ahora, él está muerto.

Annabella sigue esquivando a los demás Inmundos que tratan de llegar a Janeth, algunas veces tiene que retroceder lo que hace más tardío nuestra llegada a ella.

—Ella tiene su vínculo contigo, ¿cierto?—me pregunta Gabriela, un momento después de que mi hermana esquivara ágilmente una bola de fuego del tamaño de una rueda de trailer.

—Si—le respondo.

—Intenta decirle que estas bien, que sigues con vida—me sugiere y hasta en este momento no se me había ocurrido eso.

Nos seguimos acercando, sólo faltan unos cuantos metros antes de llegar a la luz amarilla que la protege cuando el suelo empieza a cimbrar. Annabella pierde el equilibrio por un momento pero cuando lo recupera sigue avanzando con más rapidez y esquivando uno que otro ataque mientras trato de pensar.



Tacko Pérez

Editado: 28.02.2018

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